LA IMPORTANCIA DE LA FASE BRAZOS


Durante los dos años y medio en los que estuve viviendo con los indios de la edad de piedra en la jungla de Sudamérica (no todos seguidos, sino en cinco expediciones separadas con mucho tiempo entre ellas para reflexionar), pude darme cuenta de que la naturaleza humana no es lo que se nos ha hecho creer que somos. Los bebés de la tribu de los Yecuana, más que necesitar paz y sosiego para dormir, dormitaban embelesadamente cuando se sentían cansados, mientras que los hombres, mujeres o niños que los acarreaban, bailaban, corrían, andaban, gritaban o impulsaban las canoas. Los niños jugaban juntos sin pelearse o discutir, y obedecían a los mayores instantánea y diligentemente.

La idea de castigar a un niño aparentemente nunca se les ocurrió a esa gente, ni su comportamiento mostró nada que pudiera llamarse verdaderamente permisividad. Ningún niño habría soñado en interrumpir, incomodar o ser mimado por un adulto. Y, sobre los cuatro años, los niños contribuían más en las tareas de la familia que lo que precisaban de ella.

Los bebés en brazos casi nunca lloraban y, de una manera fascinante, no movían sus brazos, protestaban, arqueaban su espalda ni flexionaban sus brazos o piernas. Se sentaban tranquilamente en sus bandoleras o dormían en la cadera de alguien, desmintiendo el mito que los niños deben “hacer ejercicio”. Además, nunca sufrían de vómitos, excepto si estaban muy enfermos, y no tenían cólicos. Cuando se asustaban durante los primeros meses de gatear o andar, no esperaban que nadie fuera hacia ellos, sino que iban por sí mismos hacia su madre u otros cuidadores para confirmar la necesidad de sentirse seguros antes de continuar sus exploraciones. Sin supervisión, incluso los más chiquitines casi nunca se hirieron.

¿Es su “naturaleza humana” distinta a la nuestra? Algunos piensan que así es, pero, por supuesto, sólo hay una especie humana. ¿Qué podemos aprender nosotros de la tribu de los Yequana?

Nuestras Expectativas Innatas
Inicialmente, podemos intentar comprender completamente el poder de formación de lo que yo llamo la fase de “en brazos”. Empieza en el nacimiento y acaba con el inicio del arrastre, cuando el bebé puede alejarse de su cuidador y volver a voluntad. Esta fase consiste, simplemente, en que el bebé tenga contacto físico durante las 24 horas del día con un adulto u otro niño mayor.

Al principio, meramente observé que la experiencia de ir en brazos tenía un impresionante efecto saludable en los bebés y que no había ningún “problema” que arreglar. Sus cuerpos eran suaves y se adaptaban a cualquier posición que fuera adecuada para sus porteadores; incluso algunos de ellos se colgaban en la espalda mientras los agarraban por la muñeca. No pretendo recomendar esta posición, pero el hecho de que es posible demuestra la extensión de lo que constituye el confort para un bebé. En contraste a este ejemplo, tenemos el desesperado desconfort de los niños acostados cuidadosamente en un moisés o cochecito, suavemente arropados, y dejados ir, rígidos, con el deseo de asirse a un cuerpo vivo que, por naturaleza, es el lugar correcto. Es el cuerpo de alguien que “creerá” en sus lloros y consolará sus ansias con brazos amorosos.

¿Por qué la incompetencia en nuestra sociedad? Desde la infancia, se nos enseña en no confiar en nuestro instinto. Se nos dice que los padres y los profesores saben más y que cuando nuestras sensaciones no coinciden con sus ideas. Nosotros debemos estar equivocados. Condicionados para no confiar o amargamente ignorar nuestros propios sentimientos, resulta fácil convencernos para no creer en el bebé que llora diciendo: “¡Deberías tomarme en brazos!” “¡Yo tendría que estar cerca de tu cuerpo!” “¡No me dejes!” En su lugar, denegamos nuestra respuesta natural y seguimos la moda instaurada, dictada por los “expertos” en cuidados infantiles. La pérdida de confianza en nuestra experiencia innata nos deja leyendo un libro detrás de otro viendo como cada nueva idea falla.

Es importante entender quiénes son los expertos en realidad. El segundo mayor experto en cuidado infantil que existe está dentro nuestro, tan seguro como que reside en cada especie superviviente que, por definición, debe saber cuidar a su prole. El mayor experto de todos es, por supuesto, el bebé, programado durante millones de años de evolución para mostrar su propio temperamento mediante sonidos y acciones cuando el cuidado no es correcto. La evolución es un proceso de refinamiento que ha afinado nuestro comportamiento innato con magnífica precisión. La señal del bebé, la comprensión de esta señal por la gente que lo rodea, el impulso a obedecerla, son todo partes del carácter de nuestra especie.

El presuntuoso intelecto ha mostrado estar pobremente equipado para adivinar los auténticos requerimientos de los bebés humanos. La pregunta a menudo es: ¿Debería tomar al bebé cuando llora? ¿O debería dejarle llorar durante un rato? ¿O debería dejarle llorar para que así el niño sepa quien es el jefe y no se convierta en un “tirano”?

Ningún bebé estará de acuerdo con ninguna de estas imposiciones. Unánimemente, nos dejan bien claro que no deben ser dejados para nada. Como esta opción no ha sido ampliamente defendida en la civilización occidental contemporánea, las relaciones entre padres e hijos han permanecido firmemente como si fueran adversarios. El juego se ha centrado en conseguir que el bebé duerma en la cuna, pero no se ha considerado la oposición sobre los lloros del bebé. A pesar de que Tine Thevenin, en su libro The Family Bed (La cama familiar), y otros han abierto el tema de que los niños duerman con sus padres, el principio más importante no se ha tratado claramente: comportarse contra nuestra naturaleza como especies conduce inevitablemente a la pérdida de bienestar.

Una vez hemos comprendido y aceptado el principio de respetar nuestras expectativas innatas, seremos entonces capaces de descubrir precisamente cuáles son; en otras palabras, qué es lo que la evolución nos ha acostumbrado a experimentar.

El Papel Formativo de la Fase de en Brazos
¿Cómo llegué a ver en la fase de ir en brazos aquella etapa crucial para el desarrollo de una persona? Primero, vi la gente feliz y relajada en la jungla de Sudamérica, cargando siempre a sus bebés sin dejarlos nunca. Poco a poco, fui capaz de ver una conexión entre ese hecho tan sencillo y la calidad de sus vidas. Incluso, más tarde, llegué a ciertas conclusiones sobre cómo y por qué el estar en contacto constante con un cuidador activo es esencial en el estadio inicial del desarrollo tras el nacimiento.

Por un lado, parece que la persona que carga el bebé (normalmente la madre durante los primeros meses, y luego un niño de cuatro a doce años que devuelve el bebé a la madre para alimentarlo) está formando los cimientos para las experiencias posteriores. El bebé participa pasivamente en las carreras, paseos, risas, charlas, tareas y juegos del porteador. Las actividades particulares, el ritmo, las inflexiones del lenguaje, la variedad de vistas, noche y día, el rango de temperaturas, sequedad y humedad, y los sonidos de la vida en comunidad forman una base para la participación activa que empezará a los seis u ocho meses de vida con el arrastre, gateo y luego andar. Un bebé que ha pasado ese tiempo tumbado en una tranquila cuna o mirando el interior de una sillita, o al cielo, habrá perdido la mayor parte de esta experiencia tan esencial.

Debido a la necesidad del niño de participar, es también muy importante que los cuidadores no se queden sentados mirando al bebé ni que continuamente le pregunten lo que quiere, sino que lleven vidas activas ellos mismos. Ocasionalmente, uno no puede resistir darle al bebé un chorro de besos, pero, de todos modos, un bebé que está programado para observar la ajetreada vida que llevas se confunde y frustra cuando dedicas tu tiempo mirando como él vive la suya. Un bebé dedicado a absorber lo que es la vida, siendo vivida por ti, se sumerge en la confusión si le preguntas que sea él quien la dirija.

La segunda función esencial de la experiencia de la fase en brazos parece no haber sido percibida por nadie (incluyéndome a mí, hasta mediados de la década de los 1960). Se refiere a proveer a los bebés de un mecanismo de descarga de su exceso de energía hasta que no son capaces de hacerlo por sí mismos. En los meses anteriores a ser capaces de moverse por sí mismos, los bebés acumulan energía por la absorción de comida y de luz solar. Es entonces cuando el bebé necesita contacto constante con el campo de energía de una persona activa que pueda descargar el exceso no usado de ambos. Esto explica porque los bebés Yequana estaban tan extrañamente relajados y porque no se ponían rígidos, daban patadas o arqueaban la espalda para relajarse ante una incómoda acumulación de energía.

Para poder proveer una óptima experiencia de la fase en brazos tenemos que descargar nuestra propia energía de manera efectiva. Se puede calmar muy rápidamente a un bebé corriendo o saltando con él, o bailando o haciendo lo que sea para eliminar el exceso de energía propio. Una madre o padre que deben marchar de repente a buscar algo no necesitan decir “oye, toma el bebé que voy corriendo a la tienda”. El que tenga que correr que se lleve al bebé. ¡Cuanta más acción mejor!

Los bebés y los adultos experimentan tensiones cuando la circulación de energía en sus músculos está impedida. Un bebé repleto de energía no descargada está pidiendo acción: una carrera a galope alrededor del salón o un baile movido con el niño de la mano. El campo de energía del bebé se aprovechará inmediatamente del del adulto, descargándose. Los bebés no son las cositas frágiles que hemos tomado con guantes. De hecho, un bebé tratado como frágil en este estado de formación puede ser persuadido de que es frágil.

Como padres, podéis llegar a comprender fácilmente el flujo de energía de vuestro hijo. En el proceso, descubriréis muchas maneras de ayudar a vuestro bebé a mantener el suave tono muscular del bienestar ancestral, y de proporcionarle la calma y confort que necesita para sentirse como en casa en este mundo.

FUENTE: www.crianzanatural.com

Lactancia Materna

Excelente texto traducido por las moderadoras del foro de Criar con el corazon, es extenso pero vale la pena leerlo y difundirlo.
The Ecologist, abril 2006
Lactancia Materna

Chúpate esa


La especie humana ha amamantado durante casi medio millón de años. Únicamente durante los últimos 60 años hemos empezado a dar a los bebés el alimento altamente procesado a conveniencia llamado "fórmula". Las consecuencias sobre la salud - dos veces más riesgo de muerte durante las primeras 6 semanas de vida, cinco veces más de riesgo de padecer gasroenteritis, dos veces más riesgo de desarrollar eczemas y diabetes y hasta 8 veces más de riesgo de desarrollar un cáncer linfático - son sorprendentes. Con unos productores en el Reino Unido de fórmula que se gastan alrededor de 20 libras por bebé para anunciar esta "porquería de alimentación infantil", comparado con los miserables 14 peniques por bebé que el gobierno gasta promoviendo la lactancia materna, ¿podemos esperar que la tendencia se invierta?. Pat Thomas descubre un mundo donde los empresarios de leches artificiales al acecho de bebés, profesionales sanitarios negligentes y un público ignorante, falto de comprensión, conspiran todos juntos para apartar a los bebés del pecho y ponerles al biberón.

Todos los mamíferos producen leche para sus crías, y la especie humana ha estado amamantando sus bebés desde hace 400.000 años. Durante siglos, cuando una mujer no podía amamantar a su bebé, lo hacía una "madre de leche". Sólo desde hace 60 años hemos abandonado nuestro instinto abrazando la cultura del biberón que no sólo no ayuda a las madres, presionadas por las marcas de leche artificial sino que además les hace creer que la leche sustituta es tan buena -sino más- que la "real".

La leche de formula no fue concebida para un consumo tan extenso como el de hoy en día. Nació a finales del siglo XIX como alimento para niños criados en orfanatos que de otra manera no hubieran sobrevivido. En este contexto limitado, la leche de fórmula fue un salvavidas.

Sin embargo, al pasar el tiempo, la alimentación humana en general - y la infantil en particular- se hicieron más "científicas", y la leche artificial se presentó al gran público como un avance en la lactancia.

Si alguien se preguntase, "¿Qué marca de fórmula debo usar?" o "¿Qué es lo más parecido a la leche materna?", la respuesta debería ser "No se sabe ", porque nadie da una respuesta objetiva, dice Mary Smale, consejera de LM de National Childbirth Trust desde hace 28 años. "Sólo los fabricantes saben que se traen entre manos y no te lo van a a decir. Pueden anunciar ingredientes "saludables" como oligosacáridos, ácidos grasos o beta-caroteno, pero realmente no te dicen de que productos básicos está hecha o de donde vienen los ingredientes".

Los ingredientes conocidos que constituyen la leche materna son usados como una referencia general por los científicos que trabajan haciendo LA. Pero hoy en día, no hay una "fórmula" para la leche de fórmula. De hecho, desde sus primeros días el proceso de producción de leche artificial ha sido de ensayo y error.

Los fabricantes pueden incluir lo que quieran, porque si, en la leche. De hecho la receta para un producto puede variar de lote a lote, a causa del precio o la disponibilidad de alguno de los ingredientes. Asumimos que la leche de fórmula está seriamente regulada, pero no se pide transparencia a los fabricantes, por ejemplo, no tienen que hacer constar los ingredientes.

La mayoría de las leches artificiales se basan en la leche de vaca. Pero para que un bebé pueda tomar leche de vaca, esta necesita ser muy modificada. Hay que reducir proteinas y minerales y aumentar carbohidratos, habitualmente añadiendo azúcar. La grasa de la leche, que al cuerpo humano le cuesta absorber, y particularmente a un cuerpo con un sistema digestivo aun inmaduro, es eliminada y sustituida por grasas vegetales, animales o minerales.

Se añaden vitaminas y otros elementos pero no siempre en su versión más digerible (esto significa que la propaganda de que esta leche de formula es "nutricionalmente completa" es cierta, pero sólo si lo tomamos en el estricto sentido de haber añadido todo el equipo de vitaminas y minerales a un producto inferior)

Muchas leches de fórmula se endulzan mucho. Mientras la mayoria no se endulzan con azucar en la forma de sacarosa, pueden contener altos niveles de lactosa (azucar de la leche), fructosa (azucar de la fruta), glucosa (tambien conocido como dextrosa, un azucar sencillo obtenido de las plantas) y maltodextrosa (azucar de la malta). Por un vacio en la ley, pueden ser anunciadas como "sin sacarosa".

La leche artificial puede conener además contaminantes inintencionados debido al proceso de manufacturado. Pueden contener trazas de soja y maiz obtenidos geneticamente.

La bacteria salmonella y las aflatoxinas - tóxico potente, carnigénico, mutagénico, inmunosupresor, producido por el hongo Aspergillus- han sido regularmente detectados en leche de formula, asi como el Enterobacter sakazakii, un devastador patógeno que puede causar sepsis (infección en la sangre causada por una bacteria), meningitis, y enterocolitis necrosante en recién nacidos.

Los envases de leche pueden correr el riesgo de ser accidentalmente contaminados con fragmentos de cristal roto, fragmentos de metal, asi como productos quimicos como phtalatos y bisferol A, ambos cancerígenos, y recientemente en el propio envase isopropil thioxanthone (ITX, otro sospechoso como cancerígeno).

Pueden tambien niveles excesivamnente altos de metales pesados incluyendo el aluminio, manganesio, cadmio y plomo.

Las fórmulas de soja son en concreto preocupantes por sus altos niveles de estrogenos derivados de planta (phytostrogenos). de hecho las concentraciones de phytoestrogenos que se han detectado en recién nacidos alimentados con formula de soja puedens ser de 13000 a 22000 veces mayor que las concentracioens normales de estrógenos. Los estrogenos en cantidades excesivas pueden causar cancer.

Matar bebés

Durante mucho tiempo se pensó que los riesgos de enfermedad y muerte por alimentación artificial eran propios sólo de paises en desarrollo, donde escasea el agua limpia necesaria para hacer los biberones, y donde la pobreza hace que las madres tengan que diluir la leche para hacerla durar, con el riesgo de diarrea, cólera y malnutrición. Pero hay nuevos datos de los paises desarrollados, que dicen claramente que hay bebes que enferman y mueren debido a una dieta temprana de alimentos "infantiles".

Porque no es nutricionalmente completa, porque no contiene defensas como la LM y porque la consumen los bebes que tienen necesidades nutricionales variables al crecer. No reconocer estas necesidades, hace que los efectos del biberón dia tras dia desde el primero puedan ser devastadores a corto y largo plazo


LM frente a LA: no hay color.

La leche materna es un alimento vivo, con células vivas, hormonas, enzimas activos, anticuerpos y otros al menos 400 componentes únicos. Es una sustancia dinámica, cuya composición cambia del princio al fin de la toma, de acuerdo con la edad y necesidades del niño. Como también proporciona inmunidad activa, cada vez que el bebé toma el pecho también recibe protección contra enfermedades.

Comparada con esta sustancia milagrosa, la leche artificial que se vende como leche infantil es comida basura. Es el único alimento prefabricado que el ser humano se atreve a consumir en exclusiva en un periodo de meses, aunque sepamos que ningun cuerpo humano pueda permanecer saludable y prosperar con una dieta fija de comida prefabricada.





En comparación con los bebés amamantados, los bebés alimentados con leche de fórmula tienen...

Doble de probabilidad de morir por cualquier causa durante las primeras 6 semanas de vida.

De dos a cinco veces más probabilidad de morir por muerte súbita.

Cinco veces más probabilidad de ser ingresado en un hospital por gastroenteritis.

Doble probabilidad de sufrir diarreas.

Doble probabilidad de sufrir otitis media (infección del oido interno).

Doble probabilidad de desarrollar eczema o dermatitis si hay antecedentes familiares de dermatitis atópica.

Cinco veces más probabilidad de desarrollar infecciones del tracto urinario.

De seis a diez veces más probabilidad de desarrollar enterocolitis necrótica (una infección grave del intestino), en los primeros seis meses de vida.

Doble probabilidad de desarrollar diabetes juvenil dependiente de insulina (tipo 1).

De cinco a ocho veces más probabilidad de desarrollar linfomas antes de los 15 años.

Los estudios han demostrado que más adelante, los bebés que se alimentaron con leche de fórmula, tienen una tendencia mayor a desarrollar:
Inflamaciones de intestino infantiles, esclerosis múltiple, mala oclusión dental, enfermedades coronarias, diabetes, hiperactividad, enfermedades del tiroides autoinmune y celiaquismo.

Los bebés alimentados con leche de fórmula tienen el doble de probabilidad de morir de cualquier causa durante las primeras semanas de vida. Más concretamente, la leche de fórmula aumenta el riesgo de sufrir el síndrome de muerte súbita, de dos a cinco veces. Los bebés alimentados con fórmula también presenta un riesgo significativamente más alto de terminar en un hospital por una variedad de enfermedades. Por ejemplo tiene una probabilidad cinco veces más alta de ingresado en un hospital por gastroenteritis.

Incluso en países desarrollados, los bebés alimentados con leche de fórmula presentan tasas de diarrea que duplican a las de los bebés amamantados. Tiene un doble de probabilidad de sufrir otitis media (infección del oido interno), doble probabilidad de desarrollar eczema o dermatitis si hay antecedentes familiares de dermatitis atópica, y cinco veces más probabilidad de desarrollar infecciones del tracto urinario. En los primeros seis meses de vida, los bebés alimentados con leche de fórmula tiene de seis a diez veces más probabilidad de desarrollar enterocolitis necrótica (una infección grave del intestino, con muerte del tejido intestinal), cifra que se incrementa hasta 30 veces, después de ese periodo.

Existen enfermedades aún más graves que se relacionan con la alimentación con fórmula. En comparación con los bebés que fueron amamantados aunque sólo fuera durante 3 o 4 meses, un bebés que tomara leche artificial presenta el doble de probabilidad de desarrollar diabetes juvenil dependiente de insulina (tipo 1). También se observa un riesgo de cinco a ocho veces mayor de desarrollar linfomas antes de los quince años, en niños que fueron alimentados con leche de fórmula o amamantados durante menos de 6 meses.

Los estudios han demostrado que más adelante, los bebés que se alimentaron con leche de fórmula, tienen una tendencia mayor a desarrollar enfermedades como inflamaciones de intestino infantiles, esclerosis múltiple, mala oclusión dental, enfermedades coronarias, diabetes, hiperactividad, enfermedades del tiroides autoinmune y celiaquismo.

Por todas estas razones, la leche de fórmula no puede ser considerada como la segunda mejor opción en comparación con la leche materna. Oficialmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado a la leche de fórmula como la última opción de alimentación de bebés: La primera opción es la leche materna de la madre, la segunda es la leche materna alimentada con un vaso o biberón, la tercera es la leche materna de un banco de leche o una nodriza, y en último lugar, la lache de fórmula.

Aún así, los bebés amamantados se están convirtiendo en una especie en peligro de extinción. En el Reino Unido, las tasas son catastróficamente bajas y así se han mantenido durante décadas. Las cifras actuales sugieren que sólo un 62% de las mujeres intentan dar de mamar (mientras están en el hospital). A las 6 semanas, sólo el 42% siguen dando de mamar. A los 4 meses, sólo el 295 siguen amamantando y, a los 6 meses la cifra cae hasta el 22%.
Estas cifras podrían venir de casi cualquier país desarrollado del mundo y deberíamos hacer hincapié que no reflejan tampoco la lactancia materna exclusiva. En lugar de esta opción, muchas madres modernas practican una alimentación mixta, combinando la lactancia materna con leches artificiales y alimentos infantiles. En todo el mundo las OMS estima que sólo el 35% de los bebés toman leche materna en cualquier proporción, a los 4 meses de edad, y, aunque no se puede asegurar por completo porque la investigación llevada a cabo sobre lactancia materna exclusiva es escasa e incompleta, se estima que sólo un 1% de los bebés son alimentados exclusivamente con leche materna a los 6 meses.

La mujeres jóvenes en concreto, son las que menos amamantan, con un 40% de las madres de menos de 24 años que ni siquiera lo intentan. De todas formas el mayor handicap es el socioeconómico. Las mujeres que habitan viviendas de baja renta y con una mínima educación, son las que tienen menos probabilidad de amamantar, a pesar de que ese hecho supondría una gran diferencia para la salud del bebé.

Para los niños procedentes de familias con desventajas sociales, la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses, puede ayudar en gran manera a superar las desigualdades relativas a la salud y que surgen de las diferentes condiciones de vida encontradas entre nacer en la pobreza y hacerlo en mejores condiciones económicas. En resumen, la lactancia materna saca de la pobreza al bebé durante esos cruciales primeros meses y le da un comienzo en la vida mejor.

Así que, ¿Por qué las mujeres no amamantan?

Antes de que los biberones se convirtieran en la norma, amamantar era una actividad de la vida cotidiana basada en la imitación y en el aprendizaje dentro de la familia y la comunidad. Las mujeres se convertían en expertas experimentando por si mismas el método de prueba y error. Pero hoy en día, lo que debería ser más o menos natural se ha convertido en algo extraordinariamente complicado – el centro de atención de las estrategias y políticas de marketing global, legislación, grupos de apoyo al cabildeo, activistas y la interferencia de un bien intencionado, pero a veces inefectivo, culto de expertos.

Según Mary Smale, es la confianza y las expectativas de apoyo lo que marca la diferencia, particularmente en el caso de mujeres socialmente desaventajadas.

El concepto de “auto eficacia” – en otras palabras, si crees que puedes hacer algo – es tremendamente importante. Puedes decirle a una mujer que amamantar es realmente una buena idea, pero ella debe creer firmemente una serie de cosas. En primer lugar, tiene que creer que es una buena idea – que será bueno para ella y para su bebé. En segundo lugar, tiene que pensar “soy el tipo de persona que puede hacer esto”, en tercero – y quizás sea esta la cuestión más importante - es la convicción de que si tiene problemas, será el tipo de persona que, con ayuda, podrá solucionarlos.

Los estudios revelan, por ejemplo, que las mujeres con ingresos reducidos a menudo creen que amamantar produce dolor, y también tienden a creer que la fórmula (los biberones) resulta igualmente buena. Así que, desde el principio, la motivación para amamantar simplemente no está ahí. Pero lo que ocurre realmente es que creen que si existiera algún problema no podrían hacer nada al respecto; y eso, digamos por ejemplo, el hecho de doler, es puramente suerte. Esta actitud es muy diferente a la que presenta una madre de clase media, que está acostumbrada a pedir ayuda para resolver sus dudas, que no se asustada por descolgar el teléfono o decirle a su comadrona o médico “quiero que me ayude con esto”.

Casi todas las mujeres – alrededor del 99% - pueden amamantar con éxito y producir leche suficiente para sus bebés, no solo para que crezcan sino también para que se desarrollen. Con apoyo, ánimos y ayuda, casi todas las mujeres están dispuestas a comenzar a amamantar, pero las tasas de abandono son alarmantes: el 90% de las mujeres que lo deja en los primeros 6 meses dice que le gustaría haber continuado. Y parece probable que las tasas de amamantamiento en exclusiva durante largos períodos de tiempo podrían mejorarse si existiese apoyo consistente disponible, y si el apoyo dentro de la familia y la comunidad de matronas para amamantar, tanto a nivel del hogar como en público, se generalizase y difundiese.

Claramente, este apoyo social no está ahí, y la visión de amamantar frente a dar biberón sugiere que existe, además, una compleja confluencia de factores - médicos, socioeconómicos, culturales y políticos – que regularmente minan la confianza de las mujeres, a la vez que refuerzan la noción de que alimentar a sus bebés artificialmente está más de moda que la salud, y el cuerpo de la mujer moderna simplemente no está preparado para producir suficiente leche para su prole.

Amamantar es un proceso de negociación natural entre la madre y el bebé y tú interfieres en ello bajo tu responsabilidad, cita la catedrática Mary Renfrey, Directora de la Unidad de Investigación de la Madre y el Bebé de la Universidad de York. Pero durante los primeros años del siglo pasado la gente estaba muy ocupada para interferir en esto. En términos de la ecología del amamantamiento, lo que tienes es un hábitat natural que ha sido trastornado. Pero no es sólo la presencia de un gran predador – la invención de la leche artificial – lo relevante. Es el hecho de que el hábitat ya estaba debilitado por otras fuerzas que lo han hecho tan vulnerable como para llegar al desastre.

Si echas un vistazo a los libros de medicina, desde el comienzo del siglo 20, encontrarás muchas citas sobre amamantar de modo científico y exacto, y es a partir de aquí cuando se aprecia que las cosas empezaron a desmoronarse. Esta caída, dice Renfrey, se debe en gran medida al miedo y a la desconfianza que la ciencia tiene sobre el proceso natural de dar el pecho. En concreto, el hecho de que una madre pueda poner al bebé al pecho y hacer algo más mientras amamanta, y que el bebé se aparte naturalmente cuando ha tomado suficiente, se veía como algo desordenado e inexacto. El modelo médico / científico reemplazó esta situación natural con medidas exactas – por ejemplo, cuantos mililitros de leche debería idealmente tomar un bebé en cada tetada – lo que desvió el equilibrio natural entre bebé y madre y estableció la alimentación a través del biberón como algo biológicamente normal.

Las tasas de amamantamiento también empezaron a descender como consecuencia de las circunstancias cambiantes en la mujer tras la I Guerra Mundial, ya que más mujeres dejaban a sus hijos para ir a trabajar, como consecuencia de la emancipación de la mujer – y a la pérdida de hombres en los “campos de exterminio”- y en gran parte también como consecuencia de la llegada de la II Guerra Mundial, cuando aún más mujeres empezaron a trabajar fuera de casa.

También se producía la primera ola de feminismo, comenta Renfrey, lo que nos lleva a los años 60 donde se animaba a que las mujeres dejaran de lado a sus bebés y comenzaran a vivir sus propias vidas. Así que lo único que podía haber ayudado – el apoyo de las mujeres entre sí – en realidad creó una situación en la que incluso las mujeres intelectuales, comprometidas, conscientemente enteradas de esta situación, que deberían haberla cuestionado, se perdieron durante algún tiempo. Como consecuencia de esto, terminamos por encontrarnos con una confianza en declive y generalizada sobre dar el pecho, un entendimiento en descenso de su importancia y una habilidad también en descenso de los profesionales de la salud para hacerle frente. Y, por supuesto, todo esto ocurría al mismo tiempo que el desarrollo tecnológico de la leche artificial y de la disponibilidad gratuita de la fórmula.

(En recuadro en medio de las dos columnas: ¿Son los productores de leches infantiles tan sólo empresarios inteligentes llevando a cabo sus trabajos o violadores de los derechos humanos de la peor calaña?)

Parto medicalizado

Antes de la II Guerra Mundial, el embarazo y el nacimiento - y, por extensión, dar el pecho, - eran parte del continuum de la vida normal. Las mujeres daban a luz en casa con ayuda y apoyo de matronas expertas, que eran en si mismas parte de la comunidad, y después amamantaban con el apoyo de la familia y los amigos.

Extraer el proceso de nacimiento de la comunidad para reubicarlo en los hospitales provocó un incremento en la medicalización de los aspectos reproductivos de las mujeres. Los eventos relativos a la vida se transformaron en problemas médicos, y el conocimiento tradicional se sustituyó por soluciones científicas y tecnológicas. Esta medicalización dio como resultado una cascada de intervenciones que minaron profundamente la confianza de las mujeres en su habilidad para concebir y criar un bebé sano, en el nacimiento y en cómo alimentarlo.

La cascada viene a caer de un modo similar a cómo sigue: los hospitales son instituciones; son impersonales y, en caso de necesidad, deben seguir una serie de protocolos y rutinas. Para que un hospital vaya sobre ruedas, los pacientes idealmente deben de ser sedados e inmovilizados. Para el caso de las madres que dan a luz, esto significa estar tumbadas sobre la espalda en la cama, en una posición antinatural que hace que el trabajo de parto sea lento, improductivo y mucho más doloroso.

Para “fijar” estos trabajos disfuncionales inducidos, los médicos desarrollaron una serie de medicamentos (generalmente hormonas sintéticas como las prostaglandinas o el syntocin), tecnologías (como los forceps o la extracción con ventosa), y procesos (como las episiotomías) para acelerar el proceso de parto. Acelerar el trabajo de parto artificialmente causa incluso más dolor y esto, en consecuencia, genera el desarrollo de una serie de medicamentos para mitigar el dolor. Muchos de estos eran tan intensos que la madre a menudo estaba inconsciente o profundamente sedada en el momento del alumbramiento y, por lo tanto, incapacitadas para ofrecer el pecho a su recién nacido.

Todos los medicamentos para mitigar el dolor traspasan la placenta, así que incluso si la madre está consciente, su bebé puede no haberlo estado, o puede haber estado tan profundamente sedado que sus instintos naturales de búsqueda (lo que le ayuda a encontrar el pezón) y la coordinación muscular (necesaria para agarrarse debidamente al pecho) se ven severamente perjudicados.

Mientras que tanto la madre como el bebé se recuperaban de este sufrimiento derivado del nacimiento medicalizado, hasta los años 70 y 80, eran separados por rutina. A menudo, al bebé no se le “permitía” tomar el pecho hasta que tomaba primero un biberón, por si acaso había algún problema con su aparato gastrointestinal. Dar el pecho, cuando ocurría de todos modos, se hacía bajo unos estrictos horarios. Estos horarios para dar el pecho – generalmente basados en una pauta de tres o cuatro horas – eran totalmente antinaturales para los recién nacidos, que necesitan alimentarse 12 veces o más en un período de 24 horas. A los bebés que estaban inevitablemente hambrientos entre las tomas se les daba por rutina suplementos de agua y/o fórmula.

Había montones de momentos de estar separado del bebé, según cuenta la catedrática Renfrey. El modo en que este modelo científico de amamantar surgió en el hospital fue debido a que al bebé se le ponía durante 2 minutos en cada pecho el primer día, luego cuatro minutos en cada pecho durante el segundo día, siete minutos el tercer día y así sucesivamente. Esto creaba una enorme ansiedad puesto que la madre tenía que estar mirando el reloj en vez de mirar a su bebé. A los bebés se les separaba de la madre después de cada toma, luego se los llevaban por la noche al nido en vez de llevárselos a sus madres para que les alimentaran. Así que se producía una situación en la que los bebés lloraban en el nido mientras que las madres lloraban en la sala postnatal. Esto es lo que se consideró la norma durante los años 60 y 70.

La leche materna se produce en función de la oferta y la demanda, y estas rutinas de coger y dejar al bebé en el nido, que mitigaban el hambre del recién nacido y producían menos demanda, también reducían la oferta de leche materna. Como resultado, las mujeres a merced de los nacimientos institucionalizados experimentaban el hecho de dar el pecho como una lucha frustrante a menudo dolorosa al tiempo que infructuosa.

Cuando, bajo estas circunstancias, el dar el pecho cayó en picado, la fórmula se ofrecía como una “solución nutricional completa” que era también más “moderna, limpia y más socialmente aceptable”.

Por lo menos dos generaciones de mujeres han estado sujetas a este tipo de rutinas perniciosas y, como resultado, muchas de las madres de hoy en día encuentran el concepto de dar el pecho como algo extraño y nada familiar, y muy a menudo creen que pueden llevarlo a cabo pero frecuentemente no lo hacen, y es como algo a lo que deberían darle una oportunidad pero que, igualmente, es algo sobre lo que no deberían de sentirse tan mal si no sale bien.

Fracasos profesionales

Los mismos jóvenes doctores, enfermeras y matronas que fueron pioneros en este modelo médico de reproducción dirigen los servicios de salud de nuestros días. Así que, quizás no debería sorprendernos el hecho de que los hospitales modernos son, en su corazón, poco diferentes que sus predecesores. Puede que tengan televisores y reproductores de CDs, y las paredes decoradas con colores agradables, y los medicamentos sean más sofisticados, pero los objetivos y principios básicos de los partos medicalizados apenas han cambiado en los últimos 40 años - y el efecto sobre amamantar sigue siendo devastador.

En muchos casos, la perspectiva de los proveedores de cuidados sanitarios sobre la alimentación de los bebés se basa en sus propias experiencias. Los estudios revelan, por ejemplo, que el factor más importante de influencia sobre la efectividad y el esmero de los consejos sobre dar el pecho de un médico es el hecho de si el propio médico o su mujer han amamantado a sus hijos. Además, una matrona, enfermera o visitador de salud que hayan alimentado a sus propios hijos con fórmula no son buenos abogados para defender dar el pecho.

Más preocupante resulta el hecho de que estos profesionales pueden acabar perpetuando estos mitos dañinos sobre dar el pecho, facilitando así su pérdida. En algunos hospitales a las mujeres se las sigue advirtiendo de que deben limitar la cantidad de tiempo al principio, durante el cual el bebé está succionando de cada pecho, para que así “se endurezcan” los pezones. O les dicen que sus bebés obtienen toda la leche que necesitan en los primeros 10 minutos y que seguir mamando después de este tiempo resulta innecesario. A algunas incluso se les dice todavía que deben seguir unos intervalos de 4 horas entre toma y toma. Las cifras extraídas del Instituto Nacional de Estadística del Reino Unido revelan que todavía se dan complementos a los bebés. En 2002, casi el 30% de los bebés de hospitales del Reino Unido recibieron biberones de suplementos por parte del personal hospitalario, y cerca del 20% de los bebés fueron separados de sus madres en algún momento durante la estancia en el hospital.

Continuar con los consejos inapropiados por parte del personal médico es una de las razones por las que, en 1991 UNICEF lanzó la iniciativa Hospitales Amigos de los Niños (BFHI) - un sistema de certificación para los hospitales que siguen determinados criterios para promover con éxito la lactancia materna. Estos criterios incluyen: formar a todo el personal sanitario sobre cómo facilitar la lactancia materna, ayudar a las madres que comienzan a amamantar dentro de la primera hora del nacimiento, no dar a los recién nacidos ningún tipo de comida ni bebida que no sea leche materna, a menos que sea necesario por prescripción médica, y el hospital no debe aceptar muestras ni regalos de leches artificiales. En principio, es un paso importante para promover la lactancia materna, y los estudios revelan que las mujeres que dan a luz en los Hospitales Amigos de los Niños amamantan a sus hijos durante más tiempo.

En Escocia, por ejemplo, donde el 50 % de los hospitales son Amigos de los Niños, la iniciación en la lactancia materna se ha incrementado enormemente en pocos años. En Cuba, donde 49 de los 56 hospitales son Amigos de los Niños, el amantamiento exclusivo a los cuatro meses se ha triplicado en seis años, del 25 % en 1990 al 72% en 1996. Incrementos similares se dan en Bangladesh, Brazil y China.

Por desgracia, el interés en obtener la denominación de Amigos de los Niños no es universal. En el Reino Unido, sólo 43 (16% de todos los hospitales) han sido acreditados, y ninguno está en Londres. De los 16.000 hospitales del mundo que han acreditado, sólo 32 están en USA. Además, los hospitales Amigos de los Niños consiguen un alto grado de iniciación en la lactancia materna, pero no pueden garantizar que el amamantamiento continúe una vez la mujer ha vuelto a su comunidad. Incluso entre las mujeres que dan a luz en hospitales Amigos de los Niños el número que amamanta exclusivamente durante seis meses es inaceptablemente bajo.

La influencia de la publicidad

Los hospitales Amigos de los Niños tienen que combatir la desidia y la ignorancia general de los profesionales de la salud, de las madres y del público en general. También libran una difícil batalla con los medios de comunicación, que con sus editoriales políticamente correctas para no aumentar la culpa de las madres que dan biberón y con la publicidad, aún más influyente, han ayudado a redefinir el biberón como una opción aceptable.

Aunque ahora hay limitaciones más estrictas en cuanto a la publicidad de fórmula para bebés, durante años, los productores pudieron, a través de la publicidad y la promoción , definir el tema de la alimentación para bebés tanto en el mundo científico (por ejemplo, proporcionando a los médicos gráficas de crecimiento que tenían como norma el crecimiento de niños alimentados con biberón) y en un contexto social más amplio, reformando percepciones de lo que es apropiado y lo que no lo es.

Como resultado, con la ausencia de comunidades de mujeres hablando las unas con las otras sobre embarazo, parto y crianza, las opciones de las mujeres de hoy están más directamente influenciadas por los folletos comerciales, catálogos y la publicidad que por nada más.

Los productores de leche infantil se gastan incontables millones en fabricar estrategias de marketing que mantengan a sus productos en primera línea en la consciencia del público. En el Reino Unido, las compañías de formula se gastan entre 12 millones de libras al año en publicidad y promoción, muchas veces con la apariencia de “material educativo”. Esto nos da una cifra de 20 libras por cada niño. Mientras que el gobierno del Reino Unido se gasta 14 peniques por niño en la promoción de la lactancia materna.

Es un modelo de desigualdad que se repite en todo el mundo, no sólo en el área de la alimentación infantil. La industria de la alimentación tiene un presupuesto global de publicidad de 40 billones de libras, un número mayor que el producto interior bruto del 70% de las naciones del mundo. Por cada dólar que la OMS se gasta en prevenir las enfermedades causadas por las dietas occidentales, la industria alimentaria se gasta más de 500 dólares en la promoción de esas dietas.

Desde que no pueden publicitar sus fórmulas directamente a las mujeres (por ejemplo en revistas para madres o de bebés o con folletos directos) o dar muestras gratis en hospitales o clínicas, los productores han empezado a explotar otros canales, como los clubs de madres y bebés, y sitios de Internet que dicen ayudar a las madres a obtener toda la información que necesitan sobre la alimentación infantil. Ocasionalmente usan subterfugios. Los productores pueden publicitar leches de continuación adaptadas para bebés mayores de seis meses. Pero, a veces, estos anuncios muestran la foto de un bebé mucho más pequeño, dando a entender que el producto es apropiado para bebés pequeños.

El impacto de estas promociones no debe ser subestimado. Un estudio de UNICEF de 2005 en el Reino Unido determinó que un tercio de las madres británicas que dijeron haber visto anuncios de leche artificial en los seis meses anteriores, creían que esta era tan buena o mejor que la leche materna. Esta revelación es aún más sorprendente ya que la publicidad de fórmula para bebés está prohibida desde hace muchos años en muchos países, incluido el Reino Unido.

Para superar las restricciones que previenen contra la publicidad directa a los padres, los productores utilizan diversas estrategias psicológicas que se centran en las preocupaciones naturales que los nuevos padres tienen sobre la salud de sus bebés. Muchas fórmulas se conciben y se venden como soluciones a problemas médicos de los bebés como la intolerancia a la lactosa, digestión incompleta o tener mucha hambre, aunque muchos de estos problemas pueden ser causados por haber dado fórmula de leche de vaca previamente.

Los productores de leche artificial también explotan la división social entre las madres lactantes dirigiéndose a las mujeres con bajos ingresos (por medio de la publicidad y medidas de bienestar social), cosa que les ha reportado muchos ingresos.

Cuando se les presenta la oportunidad de proporcionar a sus hijos lo mejor que la ciencia puede ofrecer, naturalmente a muchas madres de clase baja les tienta la fórmula. Esto es así especialmente cuando estas madres reciben muestras gratis, como aún es el caso en muchos países en vías de desarrollo.

Pero la leche materna se basa en la ley de la oferta y la demanda y cuando una madre acepta estas muestras gratis y empieza a darle fórmula a su bebé, su producción de leche bajará rápidamente. Desgraciadamente, cuando estas mujeres se quedan sin muestras gratis y descuentos, se encuentran con que no son capaces de producir leche y no tienen otra opción que gastarse mucho dinero en continuar alimentando a su hijo con leche artificial.

Incluso cuando las empresas “promocionan” la leche materna, plantan lo que Mary Smale llama las semillas de las condiciones que pueden llevar su fracaso. Hace unos años, los productores producían unos folletos para mujeres, alentándolas a amamantar y asegurándoles que sólo necesitaban unas cuantas calorías extra al día. No se podía encontrar ninguna falta en sus palabras, pero las fotos eran de cosas como yogur de Marks & Spencer, pescado fresco, pan integral, pero no el pan que se puede comprar en el super o la tienda de la esquina, sino el tipo de pan que se compra en tiendas especializadas.

El mensaje subliminal era claro: un embarazo sano y una buena producción de leche se reservan para las clases medias, y que cualquier mujer que no pertenece a este grupo, tendrá que confiar en otros medios para criar a su bebé.

En cualquier revista sobre embarazo o en el pack Bounty (un catálogo para las nuevas madres con información que contiene muestras gratis de productos) se puede ver a simple vista que estos mensajes visuales sutiles, con toda clase de comida cara y exótica, todavía prevalecen.

Patrocinar la investigación

Las empresas también ejercen su influencia a través del contacto con los profesionales de la salud (a quienes les está permitido dar muestras gratis para la investigación y para “fines educativos”) que les ejercen de intermediarios. Regalos, viajes educativos a lugares exóticos y dinero para la investigación son sólo algunas de las maneras en que la profesión médica se “educa” en los beneficios de la leche artificial.


Según Patti Rundall, directora de Baby Milk Action en el Reino Unido, que ha estado luchando por un marketing responsable de la comida para bebés durante más de 20 años, durante las últimas dos décadas, las empresas de alimentación infantil han intentado establecer un papel fuerte en su relación con la profesión médica, a sabiendas de que los servicios de salud y de educación representan una oportunidad única para el marketing. Las empresas, por ejemplo, están muy interesadas en patrocinar los estudios sobre alimentación infantil en los que se basaran los protocolos de salud, y en pagar comadronas, profesores, materiales educativos y proyectos de la comunidad.

También tiene un gran interés en patrocinar ONGs para informar y ayudar a las mujeres. Pero esto último no lo permite el Código Internacional de Marketing de Substitutos de la Leche Materna, porque esto perjudica la capacidad de estas organizaciones para proporcionar a las mujeres información independiente sobre alimentación infantil. De todas maneras, estas prácticas aún prevalecen (más discretamente que en el pasado) y contribuyen a debilitar la defensa de la leche materna entre los profesionales de la salud.

Contraatacando

Cuando se hizo evidente que el descenso en las tasas de lactancia materna estaban afectando a la salud de los bebés y que la publicidad de la lactancia artificial tenía un efecto directo sobre la decisión de las mujeres de no amamantar, se redactó el Código Internacional de Marketing de los Sustitutos de la Leche Materna y fue adoptado finalmente por parte de la Asamblea Mundial de Salud (WHA) en 1981. El voto fue prácticamente unánime, con el voto de 118 naciones miembro a favor, 3 abstenciones y un voto – el de los Estados Unidos - en contra. (En 1994, después de años de oposición, los EEUU finalmente se unieron al resto de países desarrollados del mundo firmando dicho Código).

El Código es el único instrumento que promueve una nutrición segura y adecuada a escala global a través del intento de protección de la lactancia materna y asegurando un marketing apropiado para los sustitutos de la lactancia materna. Se aplica a todos los productos comercializados tanto si estos son sustitutos parciales o totales de la lactancia materna, incluyendo leches de iniciación, leches de continuación, leches especiales, cereales, zumos, purés vegetales y tés para bebés, y también se aplica a los biberones y a las tetinas. Además, mantiene que ningún alimento infantil puede ser comercializado de ninguna forma que arruine la lactancia materna. En concreto, el Código:

- Prohíbe toda la publicidad o promoción de estos productos al público en general.
- Prohíbe las muestras y regalos a las madres y trabajadores sanitarios.
- Requiere material informativo para recomendar la lactancia materna, para prevenir contra el uso de la lactancia artificial y para que no contengan fotos de bebés o textos que idealicen el uso de los sustitutos de la lactancia materna.
- Prohíbe el uso del sistema sanitario para promover sustitutos de lactancia materna.
- Prohíbe las ofertas gratuitas o a bajo coste de sustitutos de la leche materna
- Permite a los profesionales sanitarios recibir muestras pero sólo con fines de investigación
- Demanda que la información del producto sea objetiva y científica.
- Prohíbe los incentivos de ventas para los sustitutos de la leche materna y el contacto directo con las madres.
- Requiere que las etiquetas informen extensamente del uso correcto de las leches infantiles y de los riesgos de su empleo erróneo.
- Requiere etiquetas que no desalienten la lactancia materna.

Este documento probablemente no habría podido ser creado hoy en día. Desde la fundación de la Organización de Comercio Internacional (WTO) y su carácter de “libre mercado” en 1995, el aumento en la sofisticación del poder de las estrategias empresariales y el cabildeo agresivo de las organizaciones sanitarias se ha incrementado hasta hacer extensivo el hecho de que el Código se habría tirado a la papelera mucho antes si se hubiera alcanzado la plataforma de voto.

Sin embargo, en 1981, los estados miembros, las empresas y las ONG’s se involucraron en una especie de caminata más equilibrada. Impedir a la industria la publicidad de las leches infantiles, regalar muestras, promover sus productos en instalaciones sanitarias o a través de las bolsas de regalos para mamá y bebé, e insistiendo en un mejor etiquetaje, el Código actúa para regular una industria que, de otro modo, habría tenido mano libre para impulsar un producto alimenticio inferior para los bebés y niños.

Desafortunadamente…

Ser firmante del Código no significa que los países miembros estén obligados a adoptar estas recomendaciones por completo. Muchos países, el Reino Unido incluido, han adoptado únicamente algunas partes del mismo – por ejemplo, el principio básico de que la lactancia materna es algo bueno - mientras que se ignoran los aspectos prácticos de las estrategias que limitan la publicidad y el contacto colectivo con las madres. Así pues, en el Reino Unido, las leches de iniciación para “bebés sanos” pueden anunciarse a las madres a través de los hospitales y clínicas, aunque no a través de los medios de comunicación.

Y lo que es más, los productores de leches infantiles por su parte continúan argumentando que el Código es demasiado restrictivo y que les impide explotar por completo sus cuotas de mercado. En efecto, Helmut Maucher, un poderoso empresario y miembro honorario de Nestlé - la compañía que ostenta el 40% del mercado total de productos infantiles alimenticios – ha llegado a decir que “las decisiones éticas que perjudican la habilidad de una compañía para competir son completamente inmorales”.

Y no se equivoca, estos mercados son grandes. El mercado del Reino Unido de leches infantiles se estima que factura 150 millones de libras al año y el estadounidense 2 billones de dólares. El mercado mundial de leches y alimentos infantiles alcanza la asombrosa cifra de 17 billones de dólares y crece un 12% cada año. Desde el punto de vista de los productores de leches artificiales, cuantas más mujeres den el pecho más beneficios se pierden. Se estima que por cada niño alimentando en exclusiva con lactancia materna durante 6 meses una media de 450 dólares deja de venderse en concepto de alimentos infantiles. A escala global, eso suma billones de dólares hablando de pérdidas de beneficios.

Lo que realmente preocupa a los productores es que, si aceptan el Código sin luchar, podría sentar un peligroso precedente para otras áreas del comercio internacional - por ejemplo la farmacéutica, el tabaco, las industrias alimenticias y agrícolas y las petroleras. Por este motivo el interés en la alimentación infantil ha sido desviado de la salud infantil y, en su lugar, se ha convertido en una lucha simbólica por el mercado libre.

Mientras que la mayoría de los productores públicamente están de acuerdo con la adhesión al Código, en privado, destinan enormes recursos para desarrollar formas de reinterpretarlo o saltárselo. En este esfuerzo, Nestlé ha mostrado una oposición y una tenacidad que resulta increíble.

En India, por ejemplo, Nestlé ejerció presión contra el Código asociándose con la ley, y cuando la ley se aprobó, interpuso una querella criminal sobre su etiquetaje, y promulgó una petición ante el gobierno indio en vez de aceptar los cargos.

Años de actividades agresivas de este tipo, combinadas con publicidad y prácticas de mercado no ética, ha conducido al origen de una campaña de boicot a los productos de la compañía que se remonta a 1977.

El talón de Aquiles del Código es que no proporciona una oficina de supervisión. Este concepto estaba en el borrador original pero se suprimió de los siguientes borradores. En su lugar, la supervisión del Código se ha dejado en manos de “la actuación individual de los gobiernos y colectivamente a través de la Organización Mundial de la Salud”.

Pero, durante los últimos 25 años, la responsabilidad empresarial se ha ido zafando bajo la agenda de las Naciones Unidas, muy alejada del libre mercado, la autorregulación y las asociaciones. La falta de supervisión gubernamental ha originado que una serie de grupos más pequeños y comparativamente fundados sin tantos recursos, como la Red de Acción Internacional para la Alimentación Infantil (IBFAN), que cuenta con 200 grupos de miembros trabajando en unos 100 países, se haya echo cargo del trabajo de supervisar las violaciones del Código por defecto. Pero aunque estos grupos de vigilancia pueden supervisar y hacer llegar las violaciones del Código a las autoridades sanitarias, no las pueden detener.

En 2004, el informe bianual del IBFAN “Rompiendo las reglas, forzando las normas” analizó las practicas promocionales de 16 compañías internacionales de alimentación infantil y de 14 empresa de biberones y tetinas, entre enero de 2002 y abril de 2004. Los investigadores encontraron alrededor de 2000 violaciones del Código en 69 países.

A escala global, reinterpretar el Código para adaptarlo a las estrategias de mercado es algo muy común, y Nestlé sigue siendo el líder en este aspecto. Según la IBFAN, Nestlé cree que sólo uno de sus productos – leche de iniciación – entra dentro del alcance del Código. La compañía igualmente niega la universalidad del Código, insistiendo en que sólo se aplica a los países desarrollados. Donde Nestlé, y la Asociación de Productores de Alimentos Infantiles que ella misma domina, es líder, el resto de las compañías la han seguido, y cuando a las empresa como Nestlé se las coge incumpliendo el Código, la estrategia es sencilla pero efectiva, iniciar complejas y aburridas discusiones con organizaciones a nivel de la OMS o de la Asamblea Mundial de la Salud, sobre el mejor modo de interpretar el Código con la esperanza de que esto contrarrestará cualquier tipo de publicidad negativa y desviará la atención del daño causado por estas infracciones continuas.

Según Patti Rundall, resulta importante no permitir que dichas distracciones desvíen la atención del mínimo aceptable: “No puede existir un alimento producido a nivel más local, más sostenible, más medioambientalmente favorable que la leche de una madre, el único alimento necesario para un bebé durante los primeros 6 meses de vida. Es una fuente natural renovable, que no necesita ni envase ni transporte, no genera residuos y es gratuita. La lactancia materna también puede ayudar a reducir la pobreza familiar, lo cual es la mayor causa de malnutrición”.

Así que quizás deberíamos simplificar el debate preguntándonos ¿son las empresas que promocionan las leches infantiles por norma tan solo empresarios inteligentes haciendo su trabajo o violadores de los derechos humanos de la peor calaña?


No es suficientemente buena

Después de más de dos décadas, resulta evidente que una defensa poco entusiasta de la lactancia materna beneficia a los empresarios multinacionales de leches artificiales, aunque no benefica a las madres ni a los bebés, y la industria de la alimentación infantil no tiene ninguna intención de conformarse con las recomendaciones de las Naciones Unidas sobre alimentación infantil o con los principios del Código Internacional para la Publicidad de los sustitutos de la Lactancia Materna - a menos que se les obligue a hacerlo a través de la ley o de presiones de los consumidores o, incluso lo que es más efectivo, ambos.

Las mujeres no fracasan con la lactancia materna. Los profesionales de la salud, las agencias sanitarias y los goviernos son los que fracasan a la hora de educar y apoyar a las mujeres que quieren amamantar.

Sin apoyo, muchas mujeres abandonarán cuando encuentren incluso pequeñas dificultades. Y lo que es más, afirma Mary Renfrew, "dejar la lactancia materna no es algo que las mujeres hagan a la ligera. No dejan de amamantar y punto. Muchas de ellas luchan duramente para continuar con la lactancia materna y luchan sin ningún apoyo. Estas mujeres están luchando contra la sociedad - una sociedad que no es sólo amiga de los biberones sino que es profundamente enemiga de la lactancia materna".

Para dar la vuelta a esta tendencia, los gobiernos de todo el mundo deben comenzar a tomarse en serio la responsabilidad de asegurar la buena salud de las futuras generaciones. Hacer esto requiere un cambio social drástico y profundo. Debemos parar de atormentar a las madres con mensajes simplistas del estilo "el pecho es mejor" y dedicar tiempo, energía y dinero a reeducar a los profesionales de la salud y a la sociedad en general.

También debemos dejar de realizar compromisos. Las políticas estatales sanitarias tales como, digamos, en el Reino Unido y los EEUU, cuyo objetivo es que el 75% de las mujeres que salen del hospital lo hagan dando el pecho, no hacen mucho más que prestar un servicio mínimo a la importancia de la lactancia materna.

Muchas de estas mujeres dejarán la lactancia materna en apenas unas semanas, y dichas políticas no benefician a nadie salvo a los productores de leches artificiales, que empezarán a hacer dinero en el momento en el que se detenga la lactancia materna.

Para conseguir que todas las madres den el pecho, debemos estar preparados para:

- Prohibir toda la publicidad sobre leches artificiales, incluidas las leches de continuación.
- Prohibir todas las muestras gratuítas de leches artificiales, incluso aquellas facilitadas para propositos educativos o de estudio.
- Requerir exactitud y advertencias destacadas sobre salud en todos los botes y paquetes de leches infantiles.
- Dedicar fondos suficientes a promocionar la lactancia materna en cada comunidad, especialmente entre las socialmente desaventajadas, con la expectativa de alcanzar el 100% de lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida.
- Financiar publicidad y campañas de educación que incluyan a padres, suegras, niños en edad escolar, doctores, matronas y el público en general.
- Ofrecer a las mujeres que desean amamantar en público el valor y la aprobación necesarios para hacerlo.
- Realizar provisiones de fondos para que todas las mujeres que estén trabajando tengan una baja remunerada de 6 meses después del nacimiento, sin temor a perder sus puestos de trabajo.

Dichas estrategias ya han probado su efectividad en otros lugares. En 1970, las tasas de lactancia materna en Escandinavia eran tan bajas como en Bretaña. Fue entonces cuando, uno a uno, los países escandinavos prohibieron toda la publicidad sobre leches artificales, ofrecieron una baja por maternidad con el 80% del salario y, a la hora de que la madre regresara al trabajo, una pausa de una hora para poder dar el pecho. Hoy en día, el 98% de las mujeres escandinavas inician la lactancia materna, el 94% siguen dando el pecho durante un mes, el 81% durante dos meses, el 69% a los 4 meses y el 42% a los 6 meses. Estas tasas, aunque todavía no son las óptimas, se encuentran sin embargo entre las más altas del mundo, como resultado de una propuesta concertada y multifaceta para promover la lactancia materna.

Dado que conocemos los beneficios de la lactancia materna y los perjuicios de la lactancia artificial, sencillamente no es aceptable que hayamos permitido que las tasas de lactancia materna en el Reino Unido y en cuaquier parte del mundo hayan descendido tan vertiginosamente.

El objetivo está claro - el 100% de las madres deberían ofrecer lactancia materna en exclusiva durante al menos los 6 primeros meses de vida de los bebés.

FUENTE:
www.criaconelcorazon.org

"LOS MIEDOS INFANTILES"




Nuestros hijos, tienen miedo? Qué es el miedo y para qué sirve? Qué podemos hacer con él? Estas son algunas de las preguntas más habituales, tanto en la consulta privada como en las Escuelas de padres-madres.


- Qué es el miedo, que tanto miedo nos da?
No nos agrada que nuestros hijos, sientan miedo. Pero en si mismo no es negativo. Además, como padres y educadores, sabemos que no es propiedad exclusiva de los más pequeños. De hecho es tan antiguo como la vida misma.
El miedo, cumple una función de supervivencia. Es un instinto básico y por tanto es natural. Ese miedo, puede vivirse ante un hecho real o imaginario, pero no debe negarse si el niño-a lo manifiesta. Porque, para el pequeño-a, es una vivencia real.

Miedos habituales:
Los niños pequeños, tienen miedos a todo aquello que sienten que puede poner en peligro su integridad emocional o física, más allá de que nos parezca o no razonable a los adultos.
Los más habituales, son:

El fuego.
La agresión (ser pegados o castigados)
El abandono de los seres queridos (éste es el más importante para su integridad emocional)
A lo desconocido (A lo nuevo, si no hay presencia que asegure)
A la oscuridad (necesitan de nuestro acompañamiento)
A los fantasmas, monstruos (La t.v. es muchas veces la causa directa de escenas impactantes. Ningún menor de tres años, debiera estar ante la T.V. No la necesitan y no están maduros para integrar las imágenes).
A los animales (algunos niños adoran a los animales. Otros los temen. Es importante, la actitud tranquilizadora y positiva del adulto)
QUE hacer ante el miedo?


Lo primero de todo, contactar con nuestros propios miedos y analizar si consciente o inconscientemente, se lo transmitimos.
En segundo lugar, nunca negar su miedo. No somos quienes para poner en duda su sentimiento, independientemente de la edad que tengan. NO se debe humillar la vivencia del miedo, aunque no se entienda.
En tercer lugar, empalizar y dar seguridad con nuestra actitud corporal, tono de voz, afecto y sobre todo presencia, si la requieren.
No debiéramos de negarles nuestra compañía. Es lo única que les da seguridad, y desde ahí podrán superarlo con la edad.
Por supuesto, que no utilizar historias de miedo (“si te portas mal, vendrá…” o “ no te querré”, para lograr obediencia. Tampoco contar historias de miedo o terror.


Conclusión


En definitiva, tenemos que comprender que, muchos miedos son fruto de la vivencia natural de inseguridad, propia de su inmadurez psicoafectiva.
Necesitan nuestro apoyo y afecto, independientemente de su edad. No se trata de endurecerlos, sino de acompañarlos en su crecimiento, con empatía, amor y muchas dosis de paciencia.

Yolanda González
Artículo Publicado en la Revista Max Mara. Ayuntamiento de Bilbao.
Extraido de www.dormirsinllorar.com

CELOS ENTRE HERMANOS, UNA MIRADA DIFERENTE. Por Laura Gutman




Con el test de embarazo en nuestras manos, y preparándonos mentalmente para la llegada de un nuevo hijo, apenas el niño llora pensamos: "Está celoso". Si se niega a comer: "Está celoso". Si está cansando y tiene un berrinche: "Está celoso". Si nos extraña tras la jornada de trabajo: "Está celoso".
Que la llegada de un hermano va a producir obligatoriamente una cascada de celos en los hermanos mayores es un prejuicio inventado, sostenido y afianzado por los adultos. Es una creencia compartida, y de tanto repetirla sólo se nos ocurre que al niño le sucede "eso" y no pensamos en otras posibilidades.
Basta pasear por las calles embarazada y acompañada por un niño de dos o tres años para que cualquier persona se acerque a decirle "pobrecito", dándole a entender que va a ser destronado de su supuesto reinado. Es un pensamiento tan común entre adultos que nos acomodamos en esa idea y, frente a algún síntoma o demanda delniño, no se nos ocurre reflexionar más allá.

PRIMERAS DUDAS
Con frecuencia nos sucede a la mujeres que, embarazadas por segunda vez, tenemos la sensación y el temor de que no podremos amar a "otro" tan profundamente como amamos a nuestro hijo ya nacido. Es tal la potencia del amor, la vivencia completamente nueva desde que somos madres, que creemos que será irrepetible tamaña intensidad. Sin embargo, el corazón de las madres no se divide, sino que se multiplica con cada hijo que nace.



TEMORES DESPLAZADOS
Lo comprobamos en cuanto nace el segundo hijo y el amor se instala con la naturalidad y el derroche de antaño. Una vez que hemos comprobado que no hay peligro, que podemos amar a dos hijos, luego a tres o a cuatro... desplazamos ese temor a nuestros propios hijos: suponemos que ellos no podrán amar a otro. Y que la presencia de un hermano pequeño necesariamente será en detrimento de no sabemos bien qué, pero que lo vivirán como un hecho negativo. Así lo decidimos.
A partir de ese momento, cualquier actitud molesta del niño, cualquier berrinche, llanto, enfermedad, mal humor, demanda, enfado, insastisfacción o inquietud la juzgaremos con la muletilla bien conocida por todos: "lo que le pasa es que está celoso". Y de ese modo, ya no nos molestaremos en averiguar qué es lo que necesita el nio en ese momento en particular. Simplemente daremos por hecho kque, en presencia de un hermanito en casa, indefectiblemente aparecerán los celos. Sin embargo, no es necesariamente así.
Resulta que ese mismo niño, mucho antes de la presencia de otro bebé en casa, también manifestaba sus inquietudes o necesidades, con mayor o menor suerte a la hora de ser respondido. Es importante tener en cuenta si antes delembarazo o nacimiento del hermanito, el niño o la niña mayor manifestaba síntomas parecidos. Veremos que en muchos casos su actitud no ha variado demasiado. Hay algo que necesita y que merece ser averiguado.

NO ES TAN FÁCIL
La mayoría de los adultos creemos estar dando a nuestros hijos todo cuanto necesitan. Sin embargo, la vida les resulta difícil aun en tiempos de tecnología y confort. Tienen gran cantidad de juguetes, ordenadores, juegos electgrónicos... pero pasan la maor parte del día solos, frente a la pantalla de la televisión, rodeados de adultos que exigen que se lo coman todo, se porten bien, hagan sus deberes, no molesten, se queden quietos y sean educados. La vida cotidiana de los niños pequeños modernos no suele ser demasiado encantadora. Eso es lo que quizás tendremos que atender: las necsidades concretas de cada nio.
Una vez que nace el hermano menor, acomodamos el pensamiento generalizado de que ahora dejará de ser el rey o la reina de la casa. El tema es que los niños no son ni reyes ni príncipes, no tienen vida de soberanos, sino que por el contrario tienen vidas bastante difíciles, enredados en sus propios mundos emocionales muky lejos del mundo de los demás. Raramente pueden contar con los adultos, no saben explicar lo que les está sucediendo y son generalmente juzgados por sus llantos, tristezas o angustias, recibiendo a cambio incomprensión. Hay pocos niños verdadereamente colmados viviendo dentro de familias armoniosas, en las que circula el amor y el diálogo en abundante gratitud.

MIRAR MÁS ALLÁ
Si en la mayoría de los casos estamos alejados del mundo interno de nuestros niños, si no nos ocupamos de averiguar, preguntar, acompañarlos y ayudarlos en sus búsquedas personales, será fácil que nosotros atribuyamos cualquer geswto de incomodidad a los supuestos celos hacia el hermano menor.
Si elevamos el pensamiento, admitiremos que no hay nada más maravilloso que el nacimiento de un hermano, que es el ser más par, más cercano, más "harmanado" que tendremos a lo largo de toda la vida. Y si los padres decidimos tener más hijos para amarlos, lo lógico es compartir ese fin con nuestros hijos ya nacidos para ampliar y aumentar nuestro campo de amor.

AMOR COMPARTIDO
¿Por qué estarían celosos? Nuestros hijos aprenderán a amar a sus hermanos si los incluimos en el mismo circuito de amor y dicha. Si demostramos la felicidad por la nueva presencia, si participamos todos en los cuidados del más pequeño, si respondemos a las demandas y necesidades específicas de los niños mayores y, muy especialmente, si esos niños mayores están acostumbarados a ser mirados y escuchados genuinamente por sus padres, no pueden existir los celos. Porque en esos casos no hay nada que el bebé pueda quitar al mayor. Cuando lcircula la generosidad y la comprensión entre unos y otros, cuando las palabras suavizan y explican los sentimientos confusos, cuando hay rdespeto por las necesidades de cada uno; un nuevo miembro de la familia sólo puede enriquecer las vivencias y las experiencias cotidianas de todos nosotros, incluidos los niños.

QUÉ NECESITA
Cuando nuestro hijo mayor pide algo "imposible de satisfacer" -y por lo tanto creemos que no tiene razón y que lo que le ocurre, simplemente, es que está celoso- podríamos dedicar luego un momento para permanecer con él y bucear juntos en su interior, tratando de averiguar si necesitaq más presencia de un adulto, si no le gusta la escuela, si está cansado, si extraña a un amigo, si pasa demasiado tiempo sin actividades lúdicas. Claro que no es fácil estar con varias pequeños a la vez. Y no es necesariamente la madre quien tiene que satisfacer todas las necesidades de cada niño. Pewro esas necesidades sí merecen ser reconocidas como importantes. Después podremos determinar qué otdra persona allegada puede acompañarle.
Cuando cada niño encuentre palabras para nombrar lo que desea, cuando cada niño sepa que cuenta con su madre, su padre u otro adulto que lo escucha y lo comprende, cuando cada niño obtenga un lugar donde desplegar sus inquietudes, no habrá mortivos para estrar celoso, por más bebés que sigan naciendo en esa familia. Los bebés que nacen no despiertan celos en los hermanos mayores. Sólo muestran necesidades emocionales que ya existían antes de su nacimiento.

ANTE EL DESCONCIERTO
Si las personas mayores decimos "está celoso" ante cada reclamo, el niño terminará por creerlo, aumentando el desconcierto hacia sus propias sensaciones y sintiéndose desvalido y sin recursos para enfrentar su desazón. El niño no está celoso. El niño tiene necesidades y merece ser escuchado y asistido.
Los celos entre hermanos son un invento de los adultos. Y sólo aparaecen cuando nosotros no somos capaces de satisfacer las necesidades genuinas de cada niño. No es verdad que un niño desee estar en el lugar del otro. En absoluto. CAda uno desea ser uno mismo, siempre y cuando reciba la atención y la satisfacción de sus necesidades emocionales mínimas.


CARIÑO DE IDA Y VUELTA
Los niños son naturalmente generosos cuando forman parte de un territorio amoroso para convivir. Y están ávidos por ayudarnos, ser útiles, facilitarnos la vida y ser amados por esos bebés que llegan al mundo para admirarlos. No hay mojor sonrisa que la que un hermano mayor puede robar a su hermano menor cuando éste aún es bebé.

CUANDO UNO SIEMPRE RECIBE
*En primer lugar, revisemos cómo hermos distribuido los roles dentro de nuestra familia.
*Observemos si hemos creado bandos de "buenos" y "malos" entre los adultos.
*Tratemos de comprender cómo empiezan este tipo de escenas antes de que el niño lastimado se nos acerque llorando.
*Entendamos que los celos no tienen nada que ver y que estamos poniendo rótulos a situaciones que no hemos logrado comprender en su totalidad.
*Si no sabemos cómo desarmar las dinámicas donde un niño pega a su hermano, pidamos ayuda.


SI TODOS OPINAN QUE ESTÁ CELOSO
*Expliquemos a nuestro hijo que estamos orgullosos de él, por cómo es capaz de cuidar al pequeño, de avisarnos cuando llora, alcanzarnos los pañales o explicarnos qué le sucede al bebé cuando nosotros no logramos decodificar sus reclamos.
*Digamos a los demás kque nuestro hijo está feliz por la llegada de su hermano, y gritemos a los cuatro vientos que es sumamente bondadoso con el pequeño, así el niño se sentirá reconocido en nuestras palabaras y estará preparado para seguir sintiendo dicha y alaegría en su corazón.
*Nombremos el cansancio, el hastío o el aburrimiento que obligan alniño a perder la paciencia. Entonces él sabrá que sabemos y comprendemos lo que le sucede, aunque no podamos ayudarlo en ese preciso momento.


***Artículo de Laura Gutman en la revista El mundo de tu bebé (nº 183)********
LO LEI EN: www.dormirsinllorar.com

La angustia de la separación


Navegando por la web encontré este texto de Carlos Gonzalez,que sinceramente no tiene desperdicio alguno.
Leyendo no he podido dejar de pensar en esas escenas de llanto en la puerta de los maternales, con esos niños aferrados a sus madres, llorando desconsoladamente, y los padres hasta sintiendo verguenza de ese tipo de actitudes de sus hijos. Detrás de ese llanto hay un grito desesperado que nadie está escuchando. Por que los padres estan preocupados por llegar a tiempo al trabajo, los maestros ocupados por empezar la tarea planificada..y los niños? desconcertados por ese desapego...(me faltarian unos emos llorando para expresar mi tristeza)

Digo¿es tan difícil entender a ese niño? Por que nos cuesta tanto bajar la mirada y pensar desde su lugar?O a caso ¿qué sentiriamos nosotros si nuestra familia o nuestra pareja nos deja en un lugar sin explicación alguna? Sin saber en qué momento se han ido y a dónde, desconociendo completamente si regresaran…si para nosotros es difícil, imaginemos cuan difícil es para un niño.
No sigo por que me voy a explayar demasiado y creo que el texto habla por si solo.


LA ANGUSTIA DE LA SEPARACIÓN
Por Carlos González


La relación entre madre e hijo es especial; y durante los primeros años la separación es dolorosa para ambos. Bueno, no sé si la separación deja alguna vez de ser dolorosa para la madre...
¿Por qué siempre “madre e hijo”? No, no estoy olvidando el importante papel del padre, ni mucho menos participando en una obscura conspiración para mantener a las mujeres en sus casas. Para hablar con absoluta propiedad, cada niño establece una relación especial con una “figura de apego primario”. Esa figura puede ser el padre, o la abuela, o hasta la monjita del orfanato. Pero en todo caso sólo es una, y casi siempre es la madre. Como “figura de apego primario” es largo y feo, en lo sucesivo diré simplemente “madre”.
A partir de su relación con la madre, el niño establecerá más adelante otras relaciones con otras figuras de apego secundarias: padre, abuelos, hermanos, amigos, maestros, novio, compañeros de trabajo, jefes, cónyuge, hijos... Cuanto más sólida y segura es la relación con la madre, más sólidas y seguras serán las demás relaciones que el individuo establezca a lo largo de su vida.
Esta relación entre madre e hijo se mantiene por una serie de conductas de apego instintivas, tanto en una como en otro. La conducta del recién nacido es completamente instintiva, aunque con el tiempo va aprendiendo a modificarla en el sentido que marcan las pautas sociales. La conducta de la madre es en gran parte aprendida; pero por debajo siguen estando unos sólidos instintos. No cuida usted a sus hijos porque se lo hayan explicado en el curso de preparación al parto, ni porque se lo inculcaran en el colegio, ni porque lo recomienden en revistas como esta... hace millones de años, las mujeres (o lo que había antes) ya cuidaban a sus hijos, y la prueba es que todavía estamos aquí. Ningún niño puede sobrevivir si alguien no le cuida, protege y alimenta durante largos años, con infinita dedicación e infinita paciencia.
Habitualmente, las creencias, costumbres y normas sociales van en el mismo sentido que el instinto, y no hacen más que matizarlo o encauzarlo. Pero cuando las normas nos obligan a vivir en contra de nuestros instintos surge un conflicto. Si alguna vez, en el cuidado de su hijo, se ha sorprendido a sí misma pensando algo así como: “Se me parte el corazón, pero hay que hacerlo”, o “Pobrecito, qué pena da, pero es por su bien”, probablemente es que está usted luchando contra sus más íntimos deseos.
Los niños pequeños no pueden consolarse con ese tipo de razonamientos. Sencillamente, cuando su instinto va por un lado y el mundo por otro, se enfadan muchísimo.

************La reacción a la separación

Tanto la madre como el niño muestran, decíamos, una conducta de apego, una serie de actividades tendentes a mantener el contacto. La conducta de apego de la madre consiste en acercarse a su hijo, tomarlo en brazos, hablarle, hacerle carantoñas... La conducta de apego del niño, al principio, consiste en llorar y protestar. Más adelante podrá gatear o caminar hacia su madre. Funciona por el mismo mecanismo que la conducta alimentaria: cuando necesitamos comida tenemos una sensación desagradable, el hambre, que nos mueve a comer, y cuando comemos esa sensación desaparece y nos encontramos bien. Pues cuando madre e hijo se separan se sienten mal; el niño llora y la madre le busca. Cuando vuelven a encontrarse desaparece aquel malestar; madre e hijo se tranquilizan y dejan de llorar.
Cuando nuestras felices antepasadas sentían la necesidad de acercarse a su hijo, simplemente se acercaban. Probablemente sólo estaban separadas de sus hijos de forma ocasional y accidental. Aún hoy, una gran parte de las madres del mundo llevan a su hijo a la espalda durante todo el día, y luego duermen a su lado durante toda la noche. Las madres occidentales, y no sólo cuando trabajan fuera de casa, tienen muchas más oportunidades para experimentar la ansiedad de la separación. En algunos ambientes, la madre que pasa mucho rato con su hijo es criticada; se insiste en que reserve tiempo para sí misma, para su marido, para actividades sociales (en las que, por supuesto, llevar a un bebé sería de muy mal gusto). La ansiedad de la madre que debe separarse de su hijo durante unas horas, para ir al teatro o al restaurante, es un tema habitual de las telecomedias: los complejos prepativos, las inacabables instrucciones a la canguro, las llamadas telefónicas, el precipitado regreso...
La reacción del bebé, por su parte, no está en principio mediada por factores culturales. El recién nacido se comporta igual ahora que hace un millón de años. Pero los niños aprenden pronto, y adaptan su conducta a las respuestas del entorno. Por ejemplo, un bebé al que sistemáticamente se ignora, al que nadie coge en brazos cuando llora, acaba por no llorar. No es que se esté acostumbrando, ni que haya aprendido a entretenerse solo, ni que se le haya pasado el enfado; en realidad, se ha rendido, se ha dejado llevar por la desesperación.

La intensidad de la respuesta a la separación depende de muchos factores:
1.- La edad del niño. Los menores de 3 años toleran mal las separaciones; los mayores de 5 años suelen tolerarlas bien.

2.- La duración de la separación. Las separaciones prolongadas (varios días seguidos sin ver a la madre) pueden producir un grave trastorno mental, el hospitalismo (así llamado porque era frecuente en niños hospitalizados cuando no se permitían las visitas), caracterizado por depresión y desapego afectivo.
Basta con una separación muy breve para desencadenar una conducta específica (“salgo un minuto de la habitación y se pone a llorar como si le estuvieran matando”). El método habitual en psicología para valorar la relación madre hijo, alrededor del año de edad, es el llamado “test de la situación extraña”. Consiste, básicamente, en que la madre salga de la habitación en la que está con su hijo mientras éste está distraído, dejándolo en compañía de una desconocida, permanezca fuera de la habitación tres minutos, y vuelva a entrar. El niño con un apego seguro, en cuanto nota la ausencia de la madre, la busca con la mirada, se dirige hacia la puerta, con frecuencia llora. Cuando la madre vuelve a entrar la saluda, se acerca a ella, se tranquiliza rápidamente y sigue jugando. Los niños con un apego inseguro o ansioso se clasifican en dos grupos: elusivos o evitantes (parecen tranquilos mientras la madre no está, y la ignoran deliberadamente cuando vuelve, disimulando su propia ansiedad) y resistentes o ambivalentes (se alteran cuando la madre no está, pero cuando vuelve se muestran agresivos con ella y tardan mucho en volver a la normalidad).
Mucha gente confunde fatalmente los síntomas: llaman “caprichoso” o “enmadrado” al niño que tiene una relación normal con su madre, mientras que elogian al que muestra un apego ansioso elusivo: “se queda con cualquiera”, “no molesta”, “se entretiene solo”...
Una separación de sólo tres minutos ya tiene un efecto claro, y la respuesta depende de la relación previa con la madre; de si el niño está acostumbrado a que le atiendan y le hagan caso, o a que le ignoren, o a que le riñan.
Las separaciones más largas y repetidas producen una reacción más intensa. Incluso los niños con un apego seguro pueden mostrar conductas evitantes o ambivalentes cuando la madre vuelve del trabajo. Pueden ignorarla, negándole el saludo y la mirada; o bien colgarse de ella como una lapa y exigir constante atención, o incluso mostrarse agresivos. Es muy probable que alternen las tres conductas en rápida sucesión. Es importante que los padres comprendan y reconozcan que estas conductas son normales. No hay que tomárselo como algo personal, su hijo no ha dejado de quererla ni nada por el estilo. No está enfadado contra usted; está enfadado por su ausencia. Enfadarse con él, devolver el desdén con desdén o la ira con ira, intentar técnicas educativas para modificar la conducta del niño, no es más que una pérdida de tiempo. Ya que puede estar pocas horas con él, al menos dedique esas horas a prestarle atención y cariño, a demostrarle que le sigue queriendo igual aunque él esté enfadado. Tómelo en brazos, cómaselo a besos, juege con él, recarguen baterías antes de la próxima separación.

3.- La frecuencia de las separaciones. Tras una primera experiencia, el niño parece desconfiado, exige atención constante, como si vigilase a la madre temiendo que se vuelva a ir, y puede reaccionar aún peor la próxima vez.

4.- La persona que substituya a la madre. Si es alguien a quien el niño conoce bien, que le presta atención y le trata con cariño, como el padre o la abuela, el niño puede soportar bastante bien unas horas de ausencia de la madre.

5.- La calidad de la relación previa con la madre. Entre los menores de tres años, los que tienen una mejor relación con la madre son los que más parecen sufrir con la separación; en el otro extremo, los niños desatendidos hasta bordear el abandono apenas reaccionan cuando su madre se va. Un observador muy superficial puede pensar que el niño está “tranquilo”, o incluso “feliz”; en realidad, lo que ocurre es que está tan mal que ya no puede estar peor; no pierde nada cuando se va su madre, y por tanto no le importa. Por desgracia, las madres escuchan a veces consejos como “no lo cojas en brazos, no le des el pecho, no juegues tanto con él... si se acostumbra, sufrirá más cuando tengas que volver a trabajar”. Pero así el sufrimiento es mayor, y desde el primer día; lo único que disminuye es la manifestación externa de ese sufrimiento. No, al contrario, dele a su hijo todo el cariño y todo el contacto físico que pueda, durante todo el tiempo que pueda. Que tenga el mejor comienzo.
Después de los tres años, y sobre todo de los cinco, ese buen comienzo da frutos manifiestos. Son entonces los niños que habían tenido una relación más intensa con su madre, más brazos, más contacto, más juegos, los que mejor se adaptan a la separación. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les ha dado la confianza en sí mismos y en el mundo que necesitan para iniciar el camino de la independencia. Ahora sí que están contentos en la escuela, y es verdadera felicidad y no simple apatía, una felicidad basada en la seguridad de que su madre volverá y les seguirá queriendo.

La conducta de apego (el llanto y las protestas del niño separado de su madre) tiene un valor adaptativo. Es decir, a lo largo de millones de años, ha tenido un efecto, mantener juntos a la madre y a su hijo, efecto que ha favorecido la supervivencia de los niños y por tanto de los genes que regulan dicha conducta. Cuando la conducta de apego alcanza su efecto se refuerza; es decir, se repite con mayor intensidad y frecuencia. Cuando no produce efecto se debilita y puede llegar a extinguirse. El primer día que usted vaya a trabajar, será probablemente la separación más larga de su hijo desde que nació. Hasta ahora, cuando él se encontraba solo, lloraba, y alguien aparecía en pocos minutos y le cogía en brazos; normalmente usted, a veces papá o abuela. Si el niño no se consolaba en pocos minutos con otra persona, usted siempre acaba por aparecer, tal vez tardaba media hora si había salido a comprar...
Pero hoy, haga lo que haga su hijo, usted no volverá en ocho o diez horas. En el mejor de los casos, si está con la abuela o con otra persona que le puede prestar atención exclusiva, esa persona vendra a consolarle en pocos minutos. Si está en una guardería puede llorar durante mucho rato sin que nadie le coja en brazos; la cuidadora tiene ocho niños y sólo dos brazos. Los primeros días puede que su hijo llore bastante. Pero su llanto no tiene la respuesta esperada; mamá no vuelve. El niño aprende que, en determinadas circunstancias, llorar no sirve de nada, y poco a poco deja de hacerlo. Pero eso no significa que la separación ya no le afecte; las separaciones repetidas, recuerde, producen una angustia cada vez mayor, que no se manifestará mientras la madre está ausente, sino precisamente cuando la madre vuelve. Entonces las protestas del niño sí que tienen (por fortuna) la respuesta esperada.
Dicho de otro modo: el niño puede estar bastante tranquilo en la guardería, o con la abuela. Puede estar incluso, si tiene suficiente edad, contento y activo, jugando y riendo. Pero cuando vuelve a ver a su madre rompe a llorar, se le echa encima, se pega a sus faldas, grita, le exige brazos, se enfada con ella, le pega, vuelve a llorar... Lo que se suele llamar “ponerse muy pesado”.
Como de costumbre, algunas personas lo entienden todo al revés. Si en la guardería estuvo jugando, es que no le pasa nada. Y si, no pasándole nada, luego se pone a llorar, es que tiene cuento o hace teatro. Y si hace teatro precisamente con su madre es porque ésta se deja tomar el pelo y no sabe imponer disciplina, y él pretende hacer que se sienta mal, castigarla por haberse ido.
¿Qué debería hacer entonces el pobre niño para demostrar que sí que le pasa algo, que no es comedia? ¿Pasarse seis, ocho o diez horas seguidas llorando en la guardería? Por favor, nadie puede hacer eso, por grande que sea su dolor. Imagínese que acude al funeral de un buen amigo. Seguro que pasa un rato muy triste, y en algún momento busca el contacto de un amigo común, se abrazan y lloran. Pero al cabo de unas horas estará tomando un café, tal vez con ese mismo amigo común, y hablarán de cosas sin importancia, y sonreirá, y esa misma noche cenará y verá la tele, y al día siguiente irá a trabajar como si nada, y nadie en el trabajo sabrá que viene usted de un funeral, y alguien contará un chiste, y usted se reirá. ¿Significa eso que no le pasa nada, que su dolor no era sincero, que sólo hacía comedia? Pero no hace falta recurrir a ejemplos tan extremos, pues también la madre sufre cuando se separa de su hijo pequeño. ¿Acaso no se le partió el corazón cuando lo dejó por la mañana? ¿No ha pensado varias veces en él, qué hará, cómo estará, habrá llorado mucho? ¿No ha venido lo antes posible a recogerlo? Y, sin embargo, ¿no ha pasado la mañana trabajando normalmente, disimulando su dolor, hablando con la gente, sonriendo? Pues su hijo ha hecho lo mismo.

No es raro que el niño llore más a medida que va creciendo. A los 5 meses estaba tranquilo en la guardería, y tranquilo en casa. A los 14 meses llora cada mañana porque no quiere ir, y pasa las tardes de muy mal humor. Por un lado, como dijimos, la repetición de las separaciones aumenta la angustia. Pero, sobre todo, el niño de 5 meses no puede sentarse, no puede hablar, no puede gatear... sus posibilidades de expresar la angustia son menores, pero eso no significa que esté menos angustiado.
A veces, este cambio es relativamente brusco. Un niño que parecía bien adaptado a la guardería de pronto se resiste con uñas y dientes tras las vacaciones de Navidad o de verano. Creo que en estos casos influyen dos factores: por un lado, la relación con su madre ha mejorado mucho en esas semanas; ha sido tan feliz en su compañía que ahora la pérdida es más evidente. Por otro lado, los niños pequeños no comprenden muy bien eso de las vacaciones. Simplemente, se había acostumbrado a aceptar algo como inevitable, Mamá siempre se va a trabajar, y de pronto ve que no es inevitable. “Si la semana pasada se quedó conmigo, ¿por qué no puede quedarse también esta semana?”.

*********** Con quién dejaré a mi hijo

Si la madre tiene que ausentarse, para ir a trabajar o simplemente para ir a comprar el pan, alguien tendrá que substituirla (es muy peligroso dejar a un bebé o a un niño pequeño solo en una casa, aunque sea poco rato). ¿Qué características debería cumplir esa persona?
1.- Alguien que pueda dedicarle al niño tanto tiempo como le dedica la madre. Por supuesto que la madre no le dedica cada minuto de su tiempo: va al lavabo, habla por teléfono, prepara la comida... Pero cuando el bebé está despierto, pasa mucho rato mirándole a los ojos, diciéndole cosas, tocándole, cantándole... y también mucho rato saludándole desde lejos, diciéndole alguna cosa al pasar para mantener el contacto. Si el niño llora, la madre puede acudir en pocos minutos (a veces, en pocos segundos), y dejar cualquier otra cosa para tenerlo en brazos todo el tiempo que haga falta. La persona que la substituya, ¿tendrá tiempo material para hacer lo mismo?
2.- Alguien a quien el niño conozca. El padre es ideal, y la abuela (o el abuelo, que cada vez están más espabilados) u otros familiares también suelen serlo, si han tenido suficiente contacto previo con su hijo. Pero los niños no sienten “la llamada de la sangre”; si nunca ha visto a su abuela, es tan desconocida como cualquier otra persona.
Muchas madres intentan acostumbrar a su hijo a los biberones una semanas antes de volver al trabajo. Es un esfuerzo inútil, que suele conducir a la frustración (¿por qué iba a aceptar un biberón, si está allí el pecho de su madre?). No pierda el tiempo con eso; lo realmente importante es acostumbrarlo a la persona que le cuidará. Si va a ser la abuela, que venga o vayan a visitarla casi cada día. Si va a contratar a una cuidadora que venga a casa, contrátela con un par de semanas de antelación. Si va a llevarlo a la guardería, vaya con su hijo las últimas semanas.
Vaya con su hijo; esa es la clave. No estamos hablando de dejarlo solo con la canguro o en la guardería, y volver al cabo de una hora, y otro día al cabo de dos horas... Eso tal vez sea un poco mejor que dejarlo ocho horas de golpe; pero muy poco mejor. Lo que está haciendo en realidad es adelantar la separación en dos semanas, y desperdiciando parte del precioso tiempo que aún le queda para estar juntos.
No. Se trata de que la canguro venga a casa y estén las dos con su hijo, o de que vaya usted a la guardería y permanezca allí con él una o dos horas. Si su hijo conoce a la nueva cuidadora, o el nuevo ambiente de la guardería, precisamente cuando más angustiado está porque se ha separado de usted, es probable que asocie esas sensaciones desagradables al nuevo lugar o a las nuevas personas. Vamos, que les cogerá manía. En cambio, las personas y lugares a las que conoció en momentos de felicidad (es decir, estando con usted) le traen recuerdos agradables que le ayudan a soportar la separación. Y también se abre camino en su cabecita una vaga idea de que “esta señora es amiga de Mamá, puedo confiar en ella”.
Es posible que aún queden guarderías en que no permitan la entrada de la madre. En mi opinión, la negativa a que la madre entre en la clase en cualquier momento que ella elija, y permanezca junto a su hijo durante todo el tiempo que ella desee, sería motivo suficiente para empezar a buscar otra guardería.
3.- Alguien estable. No es bueno que un niño pequeño pase de mano en mano. Tanto las abuelas como las guarderías suelen cumplir este requisito de estabilidad; pero si contrata a una canguro, asegúrese de que realmente piensa dedicarse durante años a cuidar de su hijo, y no está simplemente buscando un empleo de verano.
4.- Alguien en quien pueda confiar plenamente. Que trate a su hijo con cariño y respeto, que jamás le haga daño. Del padre, de los abuelos, de los tíos, usted ya sabe, por experiencia de años, qué puede esperar. Pero dejar a su hijo en manos de una desconocida requiere un acto de fe, y este es otro motivo por el que conviene que no sólo su hijo, sino usted misma, conozca a esas personas durante un par de semanas, y valore durante horas su conducta hacia el bebé. Por desgracia, de vez en cuando se descubren casos de malos tratos o abusos sexuales. No tenga miedo a parecer obsesiva o desconfiada; tiene usted todo el derecho del mundo a desconfiar, a pedir referencias, a hablar largo y tendido con esa persona y “examinarla” (“¿crees que es bueno cogerlos en brazos?” “¿qué harás cuando llore?” “¿y si no quiere la papilla?”). Al fin y al cabo, le está usted confiando su bien más preciado, su propio hijo, y en el momento en que es más vulnerable. Si no se atreve a dejarle a esa persona las llaves de su casa, las llaves de su coche o su tarjeta de crédito, ¿cómo se atreve a dejarle a su hijo?
La persona que cuide a su hijo debe tener también la madurez y experiencia necesarias. Una adolescente puede ser adecuada para hacer compañía a un niño de seis años mientras usted va al cine; pero cuidar a un bebé no es lo mismo.

******* Las opciones en la práctica

1.- Abuelos y otros familiares. Deben tener, por supuesto, ganas de encargarse de su hijo, y salud y fuerza suficiente para hacerlo. A veces vemos abuelas auténticamente explotadas, la palabra es dura pero real.
En el otro extremo, algunas madres podrían dejar a su hijo con un familiar deseoso de cuidarlo, pero no se atreven por temor a parecer “aprovechadas”. En algunos casos, una forma de superar esta situación es pagar por el cuidado de su hijo, como pagaría si lo llevase a la guardería. Así puede obtener una buena atención para su hijo sin sentir que se aprovecha, y al mismo tiempo puede ayudar económicamente a unos abuelos con una pensión escasa o a una hermana en paro sin ofenderles.

2.- Alguien que venga a casa a cuidar a su hijo. Puede ser una amiga o conocida que necesite un trabajo. Para buscar a una profesional, una buena opción es a través de una guardería. Allí van las estudiantes de puericultura a hacer prácticas, y pueden recomendarle a alguna.

3.- Llevar a su hijo a casa de otra persona. En ocasiones, tres o cuatro amigas con niños de edades similares se ponen de acuerdo, una cuida a todos los niños mientras las otras trabajan, y comparten sus ganancias. En algunos países, los gobiernos facilitan y subvencionan estos arreglos. En España, algunos ayuntamientos, como el de Sant Feliu de Guixols, promueven un servicio de cuidadoras de niños, haciendo cursos de formación y dando a las cuidadoras un diploma.

4.- Llevar a su hijo a una guardería. En el momento actual, esta suele ser la opción menos recomendable, pues por desgracia la legislación española permite ocho niños menores de un año por cuidadora, y muchos más después del año, lo que es absolutamente incompatible con una atención adecuada. Incluso una persona cariñosa, experimentada y dedicada no tendrá tiempo material para cuidar a ocho bebés. Sólo en darles de comer y cambiar pañales se le pasará casi todo el tiempo. En Estados Unidos, la ley sólo permite cuatro niños por cuidadora, y muchos expertos consideran que eso es excesivo y que debería reducirse a tres.
El problema, por supuesto, es económico. Las guarderías no se inventaron para satisfacer una necesidad de los niños, sino una necesidad del sistema capitalista, que necesita el trabajo de los padres para mantener niveles de producción y consumo adecuados, y por tanto algo hay que hacer con los niños. En Bielorrusia, donde las madres disfrutan de una licencia de maternidad de tres años (recuerdo del sistema comunista), no hay guarderías. ¿Quién iba a querer instalar una?
Por lo tanto, el razonamiento no ha sido: “los niños necesitan tanto espacio, tantas cuidadoras, tantos materiales... todo esto cuesta tanto dinero, vamos a ver de dónde lo sacamos”, sino al revés: “disponemos de tanto dinero, vamos a ver para qué nos llega”. Y la cantidad de dinero disponible es sólo, por definición, una pequeña parte de lo que gana la madre, porque si no no le saldría a cuenta ir a trabajar. Y en nuestra sociedad las madres suelen ganar menos que los padres. Así que sólo llega para grupos sobrecargados a cargo de cuidadoras mal pagadas (las puericultoras de la guardería deberían ganar más que los profesores de universidad, puesto que están haciendo un trabajo más difícil, más delicado y más importante).
Esta aberración se extiende por toda la sociedad, contribuyendo a desprestigiar el cuidado de los niños: La hora de faenas domésticas se paga mejor que la hora de cuidado de niños (qué es más importante, ¿que le dejen el suelo bien limpio o que atiendan bien a su hijo de un año?). La madre que toma la costosa (pues no cobra) decisión de dedicarse plenamente a cuidar a sus hijos durante meses o años no es más que una “maruja”, y muchos en su entorno se asombran o se compadecen de ella porque “no hace nada” o “renuncia a su carrera”. En cambio, la que trabaja fuera de casa “se realiza”, sea cual sea ese trabajo: escribir a máquina durante horas, meter sardinas en una lata o incluso cuidar a ocho bebés en una guardería.
Si necesita llevar a su hijo a una guardería, visite varias y compruebe cuántos niños hay en cada una, cómo les tratan, el carácter y la simpatía de las señoritas, si dejan entrar a la madre... Si trabaja lejos de casa, si tiene que pasar cada dia una hora en el tren o el autobús, le conviene una guardería cercana a su lugar de trabajo: así puede estar una hora más con su hijo al ir, y otra al volver, y tal vez incluso visitarle a la hora del bocadillo.

************* Cómo recuperar lo perdido
Ofrézcale a su hijo todo el cariño, el contacto físico y la atención que pueda durante todo el tiempo que pueda, por las tardes y en los fines de semana. Acepte su conducta como normal, reconozca que sus llantos, protestas y exigencias no son “caprichos” ni indicios de malcriamiento, sino pruebas de amor.
Muchos bebés parecen iniciar espontánemente un programa de “reducción de daños”. Mientras su madre no está, se pasan casi todo el rato durmiendo y no comen nada o casi nada, ni siquiera aceptan la leche que su madre se sacó y les dejó en la nevera. Luego pasan la tarde y la noche en danza y enganchados a la teta. Es agotador, pero al mismo tiempo un gran consuelo para la madre, que piensa “es como si no me hubiera ido, no me echó de menos porque estaba durmiendo”. Muchas madres que trabajan deciden meterse al niño en la cama por la noche; es la manera más fácil de satisfacer las necesidades de pecho y contacto de su hijo, y al mismo tiempo dormir lo suficiente para poder mantener la cordura. Recuerde, el meollo de la conducta de apego, lo que su hijo instintivamente necesita, es su presencia. Incluso una madre dormida le sirve, al menos por la noche. Ya ha tenido la tarde para mirarle a los ojos, hablarle, jugar con él... ahora puede dormir tranquila, que su hijo ya se tranquilizará solito cuando se despierte y la vea a su lado.

Bibliografía:
Bowlby J. Child Care and the Growth of Love. 2ª ed. Penguin Books, London, 1990 (no sé si existe traducción)
Small MF. Nuestros hijos y nosotros, Javier Vergara editor, Barcelona 2000
Jackson D. Three in a bed, the benefits of sleeping with your baby. Bloombsbury Publishing, London, 1999