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Amor de madre, ¿sólo química?



Las hormonas mandan en el cariño que las parturientas tienen por sus hijos, pero factores sociales como la pobreza extrema pueden alterar ese proceso biológico
Por MÓNICA SALOMONE Fuente: El País 13/07/2008


Las madres quieren a sus hijos. Pero ¿por qué a veces resulta que ese absoluto no lo es tanto, como demuestra el fenómeno, universal y atemporal, de los abandonos? ¿De qué está hecho el vínculo madre-hijo? Los científicos le prestan cada vez más atención. Están averiguando cómo se establece, qué papel juega en el desarrollo y si deja huellas en el futuro adulto. Y ¿qué pasa con los padres? De fondo está el debate eterno de cuánto en nuestro comportamiento es biológico y cuánto cultural. La respuesta es: mucho más de lo que creemos -y esto vale para lo biológico y para lo cultural-.

El amor, ya se sabe, es pura química. O pura biología. Los neurobiólogos conocen ya varios ingredientes, como la hormona oxitocina y los opiáceos, que intervienen en lo que ellos llaman apego, y saben en qué áreas cerebrales actúan. Por ejemplo en los circuitos de recompensa, que nos hacen querer más de lo que nos da placer. La cosa es simple hasta el punto de que sin estas hormonas no hay amor. Ni amor materno, ni de pareja. El cóctel químico cambia más o menos en cada caso, pero siempre está ahí. La conducta humana, incluso en rasgos tan personales como la generosidad, la confianza o la capacidad de amar, depende de unas cuantas moléculas.

La mencionada oxitocina, en concreto, parece ser una auténtica bomba de emociones positivas. En los últimos años se ha demostrado su importancia en la sociedad y la familia, tanto en animales como en humanos. Hace tres años el grupo de Paul Zak, director del Centro para Estudios Neuroeconómicos, en California (EE UU), vio que si rociaba con oxitocina a varios voluntarios, éstos se volvían mucho más dispuestos a confiar su dinero a un extraño. Y funcionaba sólo entre personas, no cuando se trataba de invertir por ordenador. También es reciente el hallazgo de que el distinto comportamiento familiar de dos especies de roedores, por lo demás muy similares, se debe a la oxitocina y a otra hormona similar, la vasopresina. La especie que vive en llano crea relaciones monógamas largas para cuidar a las crías, mientras que en la de montaña hay mucha promiscuidad y los machos pasan de la prole. Las primeras tienen muchos más receptores de oxitocina y vasopresina que las de montaña.

Es decir, que "la oxitocina es el pegamento de la sociedad, tan simple y tan profundo", ha declarado Zek, cuyo trabajo ha publicado Nature. Los opiáceos, por su parte, son los encargados de mantener la conducta y de hacernos en cierto modo adictos al afecto. Varios trabajos han demostrado que los ratones sin receptores de opiáceos no muestran preferencia por sus madres. Y al contrario, cuando a crías de rata sanas se las separa de sus madres son los opiáceos y la oxitocina lo que calma su ansiedad.

Pero, volviendo al vínculo materno-filial, ¿en qué momento producimos las personas más oxitocina? No es difícil adivinarlo: en el orgasmo, en las interacciones sociales placenteras y durante el parto y la lactancia. Así que el amor materno empieza a fraguarse muy pronto, a base de hormonas. No en vano la Organización Mundial de la Salud recomienda hoy que el recién nacido sano y su madre estén juntos -la observación del bebé "no justifica la separación", dice la OMS-, y que la lactancia sea "inmediata, incluso antes de que la madre abandone la sala de partos".

La mayoría admite hoy que hay un periodo sensible inmediatamente después del parto, en el que el recién nacido está tan receptivo al olfato y al tacto que, colocado sobre el cuerpo de su madre, puede llegar él solo al pezón y empezar a chupar. En cuanto a la madre, para ella el bebé es una máquina de producir sonidos, caricias y olores que disparan su neuroquímica del amor. Basta que el bebé chupe los pezones para que ella produzca oxitocina y prolactina. Y el pequeño no sólo busca comida. Harry Harlow -para muchos un torturador de animales- demostró en los sesenta que los bebés de mono prefieren madres falsas de cálido paño incapaces de alimentarlos a otras con biberón hechas de alambre.

"El recién nacido es un mamífero que necesita el contacto con la madre que lo acaba de parir. Tiene que sentir su olor, su tacto, escuchar su voz", dice Gema Magdaleno, matrona del hospital La Paz, en Madrid. "Lo antinatural es separarles. La madre y el hijo son dos desconocidos que necesitan reconocerse, es algo muy animal. En ese primer momento comienza la impronta". En La Paz están empezando a implantar el método piel con piel cuando el niño nace sin problemas: tras una inspección rápida el bebé sano es colocado desnudo junto a su madre y suben juntos a la habitación en la misma cama. "Las madres están mucho más satisfechas. Y en los recién nacidos hay síntomas físicos clarísimos: no lloran, respiran más tranquilos, buscan la mirada de su madre, tienen movimientos más armónicos y comienzan antes a mamar. Lo raro es que a estas alturas haya que explicar algo obvio", dice Magdaleno.

No siempre fue tan obvio. Con la medicalización de los partos -que trajo un gran descenso en la mortalidad infantil- también se impuso el uso de nidos, y pareció olvidarse un comportamiento madre-hijo que millones de años de evolución han seleccionado para promover la supervivencia de una cría que nace muy inmadura. Ha habido que redescubrir la importancia del contacto para que métodos como el piel con piel se vayan imponiendo con mayor o menor rapidez.

En España parece que con menor. "En muchos hospitales españoles aún se tarda mucho en poner a los hijos con sus madres", dice Ibone Olza, psiquiatra infantil del hospital Puerta de Hierro y miembro de la campaña Que no os separen (http://www.quenoosseparen.info) que promueve el piel con piel, también en prematuros.

El problema es más grave con los niños que no nacen sanos, y que quedan ingresados cuando "no han llegado aún a hilvanar los sentimientos padre-madre-hijo", explica Carmen Pallás, jefa del Servicio de Neonatología del hospital 12 de Octubre. Sólo 8 de 83 unidades neonatales españolas dejan entrar libremente a los padres, dice Pallás: "La mayoría restringen las visitas de forma drástica, en algunos casos impidiendo cualquier tipo de contacto a lo largo de todo el ingreso. La relación padres-niño puede verse seriamente distorsionada en estos casos". En el 12 de Octubre hay voluntarios, a menudo personal del propio hospital, que practican el piel con piel con bebés que, por distintos motivos, no pueden ser visitados por sus padres. Los beneficios de esta práctica se consideran probados.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando el vínculo no puede establecerse en el nacimiento? ¿Qué pasa en las cesáreas? ¿En los niños adoptados? "El momento en torno al parto es una oportunidad muy buena, pero lo bonito es que hay muchas más. Los padres de niños adoptados establecen vínculos muy intensos con sus hijos", responde Olza. "Los niños tienen una plasticidad enorme. Incluso si traen secuelas, su capacidad de superación cuando tienen unos padres que los quieren es maravillosa".

Eso que muchos niños con secuelas deben superar es la muesca cerebral de la indiferencia. Un estudio hace tres años descubrió que niños que habían pasado sus primeros años en orfanatos de la Rumania de Ceausescu respondían con menos oxitocina de lo normal a sus madres adoptivas. También se ha visto que los niños que no han podido establecer vínculo alguno con un cuidador tienen a menudo síntomas propios del autismo. Y es que hoy se sabe que la explosión bioquímica del apego moldea el cerebro y deja su firma en la vida adulta.

"En la última década el estudio del desarrollo del cerebro ha dado evidencias incuestionables sobre la importancia de los afectos y la formación del vínculo del recién nacido", explicó la neurobióloga chilena Eugenia Moneta en una reciente charla en el hospital del Niño Jesús, en Madrid. "El desarrollo del cerebro depende de interacciones externas, en particular las relaciones de afecto con los cuidadores. Estos aspectos afectivos moldean las redes neuronales". Pero esta experta recuerda también que, al margen de cuándo empiece, el apego se construye toda la vida.

Hasta aquí, el inmenso poder de la biología. Pero entonces, ¿por qué a veces falla? En la Comunidad de Madrid (CAM), cada año entre 30 y 40 madres dan sus bebés en adopción tras parirlos en hospitales -se llaman renuncias hospitalarias-. Y anualmente se dan unos tres abandonos en la calle, que se sepa. En la Comunidad Autónoma de Madrid dicen que estos datos no han variado en los últimos años. En Cataluña hubo 54 renuncias hospitalarias en 2007, 57 en 2006 y 43 en 2005; un bebé fue encontrado en la calle en ese periodo. Cada comunidad tiene sus datos. Y no parece que el fenómeno aumente sino más bien al contrario.

En cualquier caso el abandono no es algo nuevo, a pesar de que varias ciudades europeas han instalado buzones-bebé. La antropóloga estadounidense Sarah Blaffer Hrdy habla en El pasado, presente y futuro de la familia humana de miles de niños abandonados en instituciones de París en torno a 1780. Investigadores del Instituto de Economía y Geografía (IEG) del CSIC dicen que Madrid no era muy distinto. En 1812 entraron en la inclusa madrileña 1.800 niños abandonados, y murieron todos. "A lo largo del primer tercio del siglo XX esa cifra se mantuvo entre 1.300 y 1.500 niños cada año, de los que morían el 62%", explica la doctoranda del Instituto de Economía y Geografía Bárbara Revuelta.

¿Qué pasó en esa época con el instinto maternal? Datos como los anteriores han hecho que muchos nieguen su existencia, y devuelvan el peso a la sociedad. "La maternidad entraña una decisión, no es exclusivamente biológica. Empieza con una aceptación, un deseo, de cuidar un niño", ha dicho otra antropóloga, Nancy Scheper-Hughes, que estudió una localidad brasileña muy pobre donde las madres dejaban morir a algunos de sus hijos.

Antropólogos, trabajadores sociales e historiadores identifican elementos comunes en los abandonos: falta de recursos y, sobre todo, de apoyo del entorno social o familiar. ¿Va a resultar al final que el entorno social gana la partida a la biología? Blaffer Hrdy no se resigna a ello, y compara a los humanos con los tamarinos. En estos primates los machos son indispensables para cuidar la prole, hasta el punto de que cuando no están disponibles la madre puede abandonar las crías. Lo social, entonces, se integra en la biología: la madre sabe que si trata de cuidar sola a las crías ella misma morirá, algo fatal para la evolución, que no selecciona esa conducta.

La mejor manera de ser mamá

Padres e hijos / CrianzaLa mejor manera de ser mamá

¿Es cierto que si el bebe duerme con sus padres nunca querrá dejar de hacerlo? ¿Hasta cuándo hay que dar la teta? Una puericultora destierra mitos y asegura que a veces hablamos de "malcriar" cuando, en cambio, estamos criando bien a nuestros hijos

lanacion.com | Revista | Domingo 12 de octubre de 2008

Lanzamiento de la revista CRIAR

La asociacion Criar con el Corazón ha lanzado el pasado 5 de octubre el primer numero de la revista CRIAR, se puede leer online!! Está muy pero interesante y muy completa.(no puedo parar de leerla) Les dejo el comunicado oficial y al final el enlace!!

COMUNICADO DE PRENSA

La Asociación Criar con el Corazón lanza la revista "CRIAR"

La Asociación Criar con el Corazón lanza su revista en formato digital "CRIAR". El primer número, un monográfico de 130 páginas sobre "El Apego", aparecerá el dia 5 de Octubre, como celebración del Dia de la Lactancia Materna.

Madrid, España, Octubre 2008.-

La Asociación Española pro-crianza con apego Criar con el Corazón www.criarconelcorazon.org lanza su revista en formato digital "CRIAR" . Este primer número, un monográfico de 130 páginas sobre "El Apego", estará disponible al público en general el dia 5 de Octubre, como celebración del Dia de la Lactancia Materna .

Esta publicación será un importante documento de consulta para padres y especialistas, con interesantes artículos de renombrados psicólogos, pedagogos, psiquiatras, sociólogos, doulas y asesoras de lactancia, entre los que mencionamos a Yolanda González, Ibone Olza, Helena Herrero, Mar Jimenez, Violeta Alcocer, Nuria Otero, Paca Moya, Ana Sánchez y muchos otros.

Tambien se ha contado con la ayuda de otras Asociaciones como El Parto es Nuestro, Proyecto Materna, Kanguras, Lactando (Murcia), Amamanta (Valencia), Amamantar (Asturias), Colectivo La Leche (Sevilla) y con la de empresas como Omio&mio, Libreria el Papiro y Jugarijugar.

Esta revista es gratuita, y podrá accederse a ella mediante el portal de la asociación y en diversos portales y asociaciones en España, México, Argentina y otros paises, todos ellos dedicados a la difusión de la crianza con apego, lactancia y parto respetado.

Se pretende lograr una publicación con un enorme respaldo científico en sus artículos, pero también con toda la experiencia y emoción de las familias comprometidas en la crianza con apego, que de este modo intentan acercarse a otros padres y madres que deseen aprender y compartir este camino.

Para mas información pueden comunicarse con:

Mireia Martin, Directora de la revista "CRIAR"
asociacion@criarconelcorazon.org
626 364728



Una canción durante toda la vida


Hoy les traigo un texto que encontre navegando por la web y me ha encantado.El sólo pensar que muchas personas han sido concebidos con tanto amor me estremece y no quita mi esperanza de lograr un mundo diferente. Me pregunto ¿en que momento se perdió todo esto?...para pensarlo no?

Una cancion durante toda la vida

Existe una tribu del África Oriental en la que el arte de la verdadera intimidad se fomenta incluso antes de nacer. En esta tribu la fecha del nacimiento un niño no se cuenta a partir de la fecha de su nacimiento físico, ni si quiera del día de la concepción, como en otras culturas populares. Para esta tribu, la fecha de nacimiento se sitúa en el primer momento en que el hijo es un pensamiento en la mente de su madre. Consciente de su intención de concebir un hijo con un padre concreto, la madre se va sola a sentarse bajo un árbol.Allí se sienta y escucha, hasta que puede oír la canción del hijo que espera concebir. Una vez oída, vuelve a su aldea y se la enseña al padre, para que la puedan cantar juntos mientras hacen elamor, invitando a que se les una el niño. Tras ser concebido el hijo, se la canta al bebé en el seno materno. Luego, se la enseña a las ancianas y comadronas de la aldea, para que a lo largo del parto, y en el momento milagroso del nacimiento mismo, el niño sea recibido con esa canción. Tras el nacimiento, todos los habitantes de la aldea aprenden la canción de su nuevo miembro y se la cantan al niño cuando cae o se hace daño. Se canta en momentos de triunfo o en rituales e iniciaciones. Esta canción forma parte de la ceremonia del matrimonio, cuando el niño crece y al final de su vida, sus seres queridos se reunirán junto al lecho del moribundo para cantarle la canción por última vez.

Extraido de: http://bebesyespecias.wordpress.com

Cultura Vs Instinto: Existe una sola manera de ser Madre?


Para encontrar una “posible” respuesta, primero deberíamos ampliar nuestra mirada y viajar en el espacio y en el tiempo.

Por ejemplo, retrocedamos a París , antes del siglo XVII, la mayor parte de los bebes de las familias acaudaladas, eran entregados a nodrizas que los criaban en el campo y los volvían a entregar a su familia de origen alrededor de los 4 o 5 años. En el caso de los menos pudientes, muchos de ellos eran intercambiados con otras familias para el aprendizaje de distintas tareas.

En Tailandia, las madres duermen con sus niños para protegerlos de los malos espíritus. En Japón, los bebés y los niños duermen entre sus padres, desde hace siglos. A la madre nipona le interesa que sus hijos se conviertan un ser social conectado, esperando que el niño domine habilidades grupales, como la cortesía y el autodominio. En todas las culturas que se practica el colecho (dormir con los padres) la incidencia del síndrome de muerte súbita tiene los menores porcentajes sobre el total de niños nacidos

Actualmente en Perú, las familias acomodadas acostumbran a contratar una nana por cada hijo, desde un mes antes del nacimiento. De la maternidad el bebé sale en brazos de “su nana”, quien lo acompaña en su crecimiento hasta su adolescencia.

Los mapuches habitualmente no gritan, ni castigan corporalmente a los niños, basan su trato en un mutuo respeto. Participan en ceremonias religiosas con sumo respeto y sin necesidad que un adulto les llame la atención.

En Camerún, las madres entregan a sus hijos a partir de los 10 o 12 años a otra familia para que los críe por un tiempo, con la finalidad de asegurarse que sus hijos tengan una educación mas completa.

En sociedades modernas y del primer mundo, algunos padres, siguen métodos conductistas para “enseñar” a sus hijos a dormir, dejándolos llorar.

Las madres esquimales cargan a sus hijos, piel a piel, apenas nacidos sobre su espalda en un attiggi (capuchón de piel). El niño permanece allí hasta que adquiere capacidad locomotora, todo el tiempo, incluso defecando las espaldas de su madre, quien lo asume con una naturalidad imposible de imaginar.

Y podríamos seguir marcando un sinnúmero de diferencias en los estilos de crianza. Y llegaríamos a la conclusión que los criterios aplicados son producto de un aprendizaje culturalmente predeterminado.

Las teorías de algunos especialistas difieren diametralmente, los libros que nos indican como ser mamas pululan por doquier. Y los bebes se adaptan e incorporan la idiosincrasia en la que nacen.

Y Existe una sola manera de ser bebé?

Tal vez si, como si todos los bebes nacieran con una necesidad en común, producto de una memoria filogenética , reclamando contacto físico y tranquilizándose al ser mecidos. Como si el movimiento y la cercanía de la mama u “otra persona” les trajera reminiscencias de algo conocido.

La cría humana necesita de un largo tiempo para madurar y llegar a ser independiente. En ese sentido podemos compararnos con los marsupiales, que luego de nacer, continúan su formación en el marsupio de la madre. En general, en las culturas tradicionales, las madres cargan a sus hijos en un trozo de tela que anudan, y que se le da distintos nombres de acuerdo al lugar: quepina, rebozo, kanga, mei tai. Algunos antropólogos han llegado a la conclusión que los niños que tienen un fuerte contacto piel a piel lloran menos. Entre ellos Margaret Mead, realizo un estudio comparativo entre varias culturas tradicionales y concluyo que los pueblos mas violentos son los que privaban a los bebes y niños del contacto físico con los adultos.

Hoy también contamos con los últimos avances en lo que se llama neurobiología del cerebro, con los cuales se ha podido comprobar “científicamente” que un bebe tenido mucho tiempo en brazos tiene un numero mayor de conexiones entre las neuronas de su cerebro, (sinapsis) que un niño que no ha sido cargado.

Pareciera que biológicamente, la criatura humana despertara una conducta maternal y protectora, no solo entre los humanos, sino también en otras especies, como hemos escuchado cientos de historias de niños perdidos criados por animales, que les brindaron calor y alimento. Tal vez nacemos con este mecanismo incorporado como método para sobrevivir.

Los bebés solo pueden saber lo valiosos que son a través del reflejo, por la manera en que son tratados. Como dice Jean Liedloff en su libro el concepto del continuum: “Una vez que la madre comprenda que si lleva a cuestas a su bebe durante los primeros seis u ocho meses de vida estará asegurando la independencia del pequeño y creando la base para que sea sociable, poco exigente (demandante) y positivamente servicial durante los quince o veinte años siguientes en los que vivirá con sus padres…. Creo que la gran mayoría de padres quieren realmente a sus hijos y que solo les privan de unas experiencias tan esenciales para su felicidad porque no tienen ni idea de que están haciéndoles sufrir. Si comprendieran la tortura que supone para un bebe llorar en la cuna, sin que nadie le haga caso, el terrible deseo de contacto que siente y las consecuencias del sufrimiento que le produce…no me cabe la menor duda de que harían todo lo posible para evitar dejarlo solo un minuto …El instinto de la madre, confundido por la cultura, se reafirmará y conectará de nuevo con sus motivos naturales. Cuando su hijo llore, la señal le ira directamente al corazón, el cual no estará confundido por ninguna escuela de pensamiento sobre el cuidado de niños”.

Esto que parece difícil de implementar en nuestra sociedad, moderna y globalizada no es tan así. Solo se trata de estar “en contacto” con nuestro bebe cada vez que podamos. Una pequeña tela anudada y que lo sostenga, esta disponible al alcance de todos. Y cuando la mama se reincorpore al trabajo, dejarlo en manos de una persona que lo cuide y lo lleve con ella la mayor parte del tiempo. La piel es el primer medio de comunicación con el mundo exterior.

Solo se trata de comprender que si un niño llora es porque algo necesita: alimento, dormir, calor, brazos, sostén. Y saber que el llanto es la única manera que tiene de hacernos saber que no se siente bien.

Entonces así, podrá ir incorporando la cultura en la que nació, sin conflictos en su persona. Parafraseando a Laura Gutman tengamos en cuenta que “nadie pide lo que no necesita”.

Alejandra Martinez

www.maminia.com

El nacimiento de nuestro Ser Madre




Hemos pasado la infancia practicando con nuestras muñecas a mecer a los bebés, calmarlos, vestirlos, desvestirlos, retarlos y dormirlos. Sin embargo, cuando el bebé real irrumpe en nuestra vida adulta, nos sorprendemos al constatar que hay pocos puntos en común entre el bebé soñado y ese monstruito que llora en los momentos menos oportunos. Y que no es verdad que los bebés sólo comen y duermen, sino que hemos quedado prisioneras de un ser voraz, necesitado al extremo, malhumorado y demandante.

Posiblemente la sorpresa tenga que ver con el desconocimiento con el que las mujeres llegamos a la maternidad respecto al fenómeno de la "fusión emocional". Para abordarlo, es menester darnos cuenta que la realidad no sólo está constituida por elementos visibles, concretos y palpables. Sino que también existen los mundos sutiles, los campos emocionales, perceptivos, intuitivos o espirituales. Aunque invisibles, suelen manejar los hilos de nuestra vida consciente.

En el caso de la díada mamá-bebé, es conveniente enterarse que ambos pertenecemos al mismo territorio emocional -como dos gotas dentro del océano- y que esta unión sin límites precisos perdurará en el tiempo, aunque nuestros cuerpos hayan sido separados a partir del parto y nacimiento de la cría.

"Fusión emocional" entre mamá y bebé, significa que sentimos lo mismo, percibimos lo mismo, independientemente de "dónde se origine" la sensación, ni si el sentimiento pertenece al presente, pasado o futuro, ya que en el mundo emocional no importan ese tipo de fronteras. De hecho, las mamás "sentimos como un bebé" cuando no toleramos un sonido demasiado fuerte, cuando nos angustiamos si hay demasiada gente alrededor o cuando nuestros pechos se llenan segundos antes de que el bebé se despierte. Del mismo modo, el bebé "siente como su mamá" cuando expresa a través del llanto o de diversas enfermedades, un sinnúmero de situaciones emocionales tales como: angustia por sentirnos exigidas por el varón, dificultades económicas, obligaciones que no podemos cumplir, la ausencia o lejanía de la propia madre, o pérdidas afectivas, por ejemplo.


Pero lo más impactante es darnos cuenta que dentro de la "fusión emocional" el niño vive como propias las experiencias de nuestra propia infancia que se actualizan y plasman en su cuerpo. Sobre todo aquellas vivencias que ya "no recordamos", que han pasado "a la sombra". Pues bien, la verdadera dificultad del devenir madre, no tiene que ver con ocuparse correctamente del bebé, sino con el dolor que supone confrontar ahora con las penas que no hemos podido asumir cuando éramos niñas. Devenir adultas de verdad, es darnos cuenta que hoy en día contamos con mayores recursos emocionales para hacernos cargo de nuestra historia y de las elecciones que hemos llevado a cabo.


Concretamente, las madres podemos hacer la prueba -cuando no logramos calmar al bebé ofreciéndole el pecho, ni meciéndolo, ni hablándole ni sacándolo a pasear- recordando alguna situación dolorosa o no resuelta de nuestra infancia, relativa al vínculo con nuestros padres. Si hemos podido traer a la conciencia alguna vivencia significativa, entonces intentemos relatarle al niño con palabras sencillas aquel dolor, aquel sufrimiento o rabia o vergüenza que aún vibra en nuestro interior. O bien, expliquémosle al niño la dificultad o el desacuerdo que tenemos actualmente con nuestra pareja, o la preocupación por la falta de trabajo, o el hartazgo por los malos entendidos con la vecina, o incluso la angustia sorda por esa amiga que emigró. Constataremos que el niño, que dentro de la "fusión emocional" vive como propias todas nuestras sensaciones -incluso las que no reconocemos como tales- se calmará. Porque sabrá de qué se trata.

Pero mucho más valioso aún resulta darnos cuenta qué importancia puede tener para cada una de nosotras reconocer ciertos sentimientos que hemos descartado por considerarlos antiguos, obsoletos o poco valiosos. De este modo, con la ayuda de nuestros hijos -que son espejos del alma materna- podremos reconocernos tal cual somos, y colocar en un lugar superlativo las cuentas que tenemos pendientes con nosotras mismas. Nuestros bebés lloran nuestras penas, vomitan nuestros hartazgos, se brotan de nuestras intoxicaciones emocionales y se enferman de nuestras incapacidades de mirarnos con honestidad.

Esto no significa que tenemos que tener nuestra vida resuelta, ni que seamos "culpables" de lo que les acontece a los niños. Al contrario. Es una oportunidad que las mujeres adquirimos a través del acto de maternar, para conectarnos con nuestro riquísimo mundo emocional, comprendernos y respetarnos. La expresión que el niño asume de nuestros deseos y fantasías relegadas, nos obliga a hacernos preguntas existenciales, íntimas, genuinas y profundamente femeninas.

En definitiva, no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.



Laura Gutman ( www.crianza.com.ar )

El cerebro de Mamá

Del Capítulo 5 del libro "El cerebro femenino" de Louann Brizendine

EL CEREBRO DE MAMÁ

"La maternidad te cambia, porque transforma el cerebro de una mujer, estructural, funcional y en muchas formas, irreversiblemente.

Este cambio cerebral da origen a un cerebro motivado, siempre atento y decididamente protector, que obliga a la nueva madre a cambiar sus reacciones y prioridades en la vida. Se ligará con ese ser como no se ha ligado nunca con nadie. Las alternativas son la vida y la muerte.

En la sociedad moderna, en la que las mujeres no son sólo responsables de parir niños sino de sostenerlos económicamente, estos cambios en el cerebro crean el conflicto más profundo en la vida de una madre.

Cuanto más intensamente hagas algo, más células asigna el cerebro a dicha tarea, ...

La biología puede invadir circuitos a pesar de nuestras mejores intenciones y gran cantidad de mujeres experimentan los primeros síntomas del "cerebro maternal" mucho antes de concebir un hijo, especialmente si lo han estado intentando durante un tiempo. El "deseo del bebé" - el ansia profunda de tener un hijo - puede afectar a una mujer poco después de que haya acunado al recién nacido, suave y cálido, de otra.

El suave olor de la cabeza de un niño lleva feromonas que estimulan al cerebro femenino para que produzca la poderosa poción del amor - la oxitocina - creadora de una reacción química que induce al deseo de bebé.

El tacto de la piel de su bebé, el aspecto de los deditos de manos y pies, los breves llantos y gritos entrecortados quedan ya tatuados en el cerebro de la madre. En el plazo de horas o días, puede embargarla un abrumador afán de protección y se establece en ella la agresividad maternal. Su fuerza y resolución de cuidar a ese pequeño ser y de protegerlo se apoderan por completo de los circuitos cerebrales maternos. La madre siente que podría parar la marcha de un camión con su propio cuerpo para proteger al bebé. El cerebro se le ha modificado y junto con él la realidad. Tal es quizás el cambio de la realidad más importante que ocurre en la vida de una mujer.

Igual que un sistema global de actitud humana, los centros cerebrales de una madre para la vista, el sonido y el movimiento están orientados a monitorizar y seguir a su bebé. Esta vigilancia incrementada puede adquirir todas las formas posibles, dependiendo de la amenaza que una madre perciba contra la seguridad y estabilidad de su "nido". Incluso es algo normal el replanteamiento de las obligaciones del marido como proveedor.

Los circuitos cerebrales maternos cambian también en otros aspectos. Las madres pueden tener mejor memoria espacial que las que no han tenido hijos y pueden ser más flexibles, adaptables y valerosas. Tales son las habilidades y talentos que necesitarán para custodiar y proteger a sus bebés. Si han tenido por lo menos una camada, las hembras de rata, por ejemplo, son más atrevidas, muestran menos actividad en los centros del miedo de sus cerebros y se desempeñan mejor en las pruebas de laberintos porque tienen más memoria; además son cinco veces más eficientes para cazar presas. Estos cambios duran toda la vida, según han visto los investigadores. Las madres humanas pueden compartir estas experiencias. Semejante transformación es válida también incluso para madres adoptivas. En tanto permanezcas en contacto físico continuado con el niño, tu cerebro emitirá oxitocina y reformará los cirucitos necesarios par hacer y mantener el cerebro maternal.

La dopamina se incrementa en el cerebro maternal por el estrógeno y la oxitocina. Es el mismo circuito de recompensa disparado en un cerebro femenino por la comunicación íntima y el orgasmo.

Los crecientes vínculos incluyen los efectos de críar al niño dándole el pecho. La mayoría de las mujeres que amamantan a sus bebés reciben un beneficio extra: el estímulo regular de los más agradables aspectos del cerebro materno. En cierto estudio se dio a ratas madres la oportunidad de apretar una barra y obtener una pizca de cocaína o apretar otra barra y que un cachorro de rata viniera a chupar sus pezones. ¿Cuál creéis que preferían? Los chorros de oxitocina en el cerebro superaron siempre la toma de cocaína. Puedes imaginar en qué medida dar de mamar refuerza la conducta maternal; tenía que ser útil para garantizar la supervivencia de nuestra especie. Cuando un bebé coge el seno de la madre con sus manecitas y chupa el pezón, desencadena flujos explosivos de oxcitocina, dopamina y prolactina en el cerebro de la madre. Empieza a fluir la leche del seno. Al principio, todos aquellos tirones en tus pezones secos y sangrantes te pueden hacer pensar que será imposible superar otro día de tortura por culpa de la lactancia. Sin embargo, después de unas cuantas semanas - si no te has sentido arrastrada al harakiri - tendrás la capacidad de sosegar a tu bebé chillón y calmarte tú misma gracias a la lactancia. En el plazo de tres o cuatro semanas, la experiencia empieza a ser totalmente placentera; y no sólo porque el dolor haya cesado. Empiezas a esperar la hora de dar el pecho, a menos que estés tan corta de sueño que pases el día medio dormida. Pero en cierto momento de los pocos meses iniciales, podrás darte cuenta de que dar el pecho se ha vuelto fácil y de que lo disfrutas de verdad. Te baja la presión sanguínea, te sientes tranquila, relajada y te meces en olas de sentimientos de amor por tu bebé inspiradas por la oxitocina".

Extraido de la web: www.criaryamar.com