La angustia de la separación


Navegando por la web encontré este texto de Carlos Gonzalez,que sinceramente no tiene desperdicio alguno.
Leyendo no he podido dejar de pensar en esas escenas de llanto en la puerta de los maternales, con esos niños aferrados a sus madres, llorando desconsoladamente, y los padres hasta sintiendo verguenza de ese tipo de actitudes de sus hijos. Detrás de ese llanto hay un grito desesperado que nadie está escuchando. Por que los padres estan preocupados por llegar a tiempo al trabajo, los maestros ocupados por empezar la tarea planificada..y los niños? desconcertados por ese desapego...(me faltarian unos emos llorando para expresar mi tristeza)

Digo¿es tan difícil entender a ese niño? Por que nos cuesta tanto bajar la mirada y pensar desde su lugar?O a caso ¿qué sentiriamos nosotros si nuestra familia o nuestra pareja nos deja en un lugar sin explicación alguna? Sin saber en qué momento se han ido y a dónde, desconociendo completamente si regresaran…si para nosotros es difícil, imaginemos cuan difícil es para un niño.
No sigo por que me voy a explayar demasiado y creo que el texto habla por si solo.


LA ANGUSTIA DE LA SEPARACIÓN
Por Carlos González


La relación entre madre e hijo es especial; y durante los primeros años la separación es dolorosa para ambos. Bueno, no sé si la separación deja alguna vez de ser dolorosa para la madre...
¿Por qué siempre “madre e hijo”? No, no estoy olvidando el importante papel del padre, ni mucho menos participando en una obscura conspiración para mantener a las mujeres en sus casas. Para hablar con absoluta propiedad, cada niño establece una relación especial con una “figura de apego primario”. Esa figura puede ser el padre, o la abuela, o hasta la monjita del orfanato. Pero en todo caso sólo es una, y casi siempre es la madre. Como “figura de apego primario” es largo y feo, en lo sucesivo diré simplemente “madre”.
A partir de su relación con la madre, el niño establecerá más adelante otras relaciones con otras figuras de apego secundarias: padre, abuelos, hermanos, amigos, maestros, novio, compañeros de trabajo, jefes, cónyuge, hijos... Cuanto más sólida y segura es la relación con la madre, más sólidas y seguras serán las demás relaciones que el individuo establezca a lo largo de su vida.
Esta relación entre madre e hijo se mantiene por una serie de conductas de apego instintivas, tanto en una como en otro. La conducta del recién nacido es completamente instintiva, aunque con el tiempo va aprendiendo a modificarla en el sentido que marcan las pautas sociales. La conducta de la madre es en gran parte aprendida; pero por debajo siguen estando unos sólidos instintos. No cuida usted a sus hijos porque se lo hayan explicado en el curso de preparación al parto, ni porque se lo inculcaran en el colegio, ni porque lo recomienden en revistas como esta... hace millones de años, las mujeres (o lo que había antes) ya cuidaban a sus hijos, y la prueba es que todavía estamos aquí. Ningún niño puede sobrevivir si alguien no le cuida, protege y alimenta durante largos años, con infinita dedicación e infinita paciencia.
Habitualmente, las creencias, costumbres y normas sociales van en el mismo sentido que el instinto, y no hacen más que matizarlo o encauzarlo. Pero cuando las normas nos obligan a vivir en contra de nuestros instintos surge un conflicto. Si alguna vez, en el cuidado de su hijo, se ha sorprendido a sí misma pensando algo así como: “Se me parte el corazón, pero hay que hacerlo”, o “Pobrecito, qué pena da, pero es por su bien”, probablemente es que está usted luchando contra sus más íntimos deseos.
Los niños pequeños no pueden consolarse con ese tipo de razonamientos. Sencillamente, cuando su instinto va por un lado y el mundo por otro, se enfadan muchísimo.

************La reacción a la separación

Tanto la madre como el niño muestran, decíamos, una conducta de apego, una serie de actividades tendentes a mantener el contacto. La conducta de apego de la madre consiste en acercarse a su hijo, tomarlo en brazos, hablarle, hacerle carantoñas... La conducta de apego del niño, al principio, consiste en llorar y protestar. Más adelante podrá gatear o caminar hacia su madre. Funciona por el mismo mecanismo que la conducta alimentaria: cuando necesitamos comida tenemos una sensación desagradable, el hambre, que nos mueve a comer, y cuando comemos esa sensación desaparece y nos encontramos bien. Pues cuando madre e hijo se separan se sienten mal; el niño llora y la madre le busca. Cuando vuelven a encontrarse desaparece aquel malestar; madre e hijo se tranquilizan y dejan de llorar.
Cuando nuestras felices antepasadas sentían la necesidad de acercarse a su hijo, simplemente se acercaban. Probablemente sólo estaban separadas de sus hijos de forma ocasional y accidental. Aún hoy, una gran parte de las madres del mundo llevan a su hijo a la espalda durante todo el día, y luego duermen a su lado durante toda la noche. Las madres occidentales, y no sólo cuando trabajan fuera de casa, tienen muchas más oportunidades para experimentar la ansiedad de la separación. En algunos ambientes, la madre que pasa mucho rato con su hijo es criticada; se insiste en que reserve tiempo para sí misma, para su marido, para actividades sociales (en las que, por supuesto, llevar a un bebé sería de muy mal gusto). La ansiedad de la madre que debe separarse de su hijo durante unas horas, para ir al teatro o al restaurante, es un tema habitual de las telecomedias: los complejos prepativos, las inacabables instrucciones a la canguro, las llamadas telefónicas, el precipitado regreso...
La reacción del bebé, por su parte, no está en principio mediada por factores culturales. El recién nacido se comporta igual ahora que hace un millón de años. Pero los niños aprenden pronto, y adaptan su conducta a las respuestas del entorno. Por ejemplo, un bebé al que sistemáticamente se ignora, al que nadie coge en brazos cuando llora, acaba por no llorar. No es que se esté acostumbrando, ni que haya aprendido a entretenerse solo, ni que se le haya pasado el enfado; en realidad, se ha rendido, se ha dejado llevar por la desesperación.

La intensidad de la respuesta a la separación depende de muchos factores:
1.- La edad del niño. Los menores de 3 años toleran mal las separaciones; los mayores de 5 años suelen tolerarlas bien.

2.- La duración de la separación. Las separaciones prolongadas (varios días seguidos sin ver a la madre) pueden producir un grave trastorno mental, el hospitalismo (así llamado porque era frecuente en niños hospitalizados cuando no se permitían las visitas), caracterizado por depresión y desapego afectivo.
Basta con una separación muy breve para desencadenar una conducta específica (“salgo un minuto de la habitación y se pone a llorar como si le estuvieran matando”). El método habitual en psicología para valorar la relación madre hijo, alrededor del año de edad, es el llamado “test de la situación extraña”. Consiste, básicamente, en que la madre salga de la habitación en la que está con su hijo mientras éste está distraído, dejándolo en compañía de una desconocida, permanezca fuera de la habitación tres minutos, y vuelva a entrar. El niño con un apego seguro, en cuanto nota la ausencia de la madre, la busca con la mirada, se dirige hacia la puerta, con frecuencia llora. Cuando la madre vuelve a entrar la saluda, se acerca a ella, se tranquiliza rápidamente y sigue jugando. Los niños con un apego inseguro o ansioso se clasifican en dos grupos: elusivos o evitantes (parecen tranquilos mientras la madre no está, y la ignoran deliberadamente cuando vuelve, disimulando su propia ansiedad) y resistentes o ambivalentes (se alteran cuando la madre no está, pero cuando vuelve se muestran agresivos con ella y tardan mucho en volver a la normalidad).
Mucha gente confunde fatalmente los síntomas: llaman “caprichoso” o “enmadrado” al niño que tiene una relación normal con su madre, mientras que elogian al que muestra un apego ansioso elusivo: “se queda con cualquiera”, “no molesta”, “se entretiene solo”...
Una separación de sólo tres minutos ya tiene un efecto claro, y la respuesta depende de la relación previa con la madre; de si el niño está acostumbrado a que le atiendan y le hagan caso, o a que le ignoren, o a que le riñan.
Las separaciones más largas y repetidas producen una reacción más intensa. Incluso los niños con un apego seguro pueden mostrar conductas evitantes o ambivalentes cuando la madre vuelve del trabajo. Pueden ignorarla, negándole el saludo y la mirada; o bien colgarse de ella como una lapa y exigir constante atención, o incluso mostrarse agresivos. Es muy probable que alternen las tres conductas en rápida sucesión. Es importante que los padres comprendan y reconozcan que estas conductas son normales. No hay que tomárselo como algo personal, su hijo no ha dejado de quererla ni nada por el estilo. No está enfadado contra usted; está enfadado por su ausencia. Enfadarse con él, devolver el desdén con desdén o la ira con ira, intentar técnicas educativas para modificar la conducta del niño, no es más que una pérdida de tiempo. Ya que puede estar pocas horas con él, al menos dedique esas horas a prestarle atención y cariño, a demostrarle que le sigue queriendo igual aunque él esté enfadado. Tómelo en brazos, cómaselo a besos, juege con él, recarguen baterías antes de la próxima separación.

3.- La frecuencia de las separaciones. Tras una primera experiencia, el niño parece desconfiado, exige atención constante, como si vigilase a la madre temiendo que se vuelva a ir, y puede reaccionar aún peor la próxima vez.

4.- La persona que substituya a la madre. Si es alguien a quien el niño conoce bien, que le presta atención y le trata con cariño, como el padre o la abuela, el niño puede soportar bastante bien unas horas de ausencia de la madre.

5.- La calidad de la relación previa con la madre. Entre los menores de tres años, los que tienen una mejor relación con la madre son los que más parecen sufrir con la separación; en el otro extremo, los niños desatendidos hasta bordear el abandono apenas reaccionan cuando su madre se va. Un observador muy superficial puede pensar que el niño está “tranquilo”, o incluso “feliz”; en realidad, lo que ocurre es que está tan mal que ya no puede estar peor; no pierde nada cuando se va su madre, y por tanto no le importa. Por desgracia, las madres escuchan a veces consejos como “no lo cojas en brazos, no le des el pecho, no juegues tanto con él... si se acostumbra, sufrirá más cuando tengas que volver a trabajar”. Pero así el sufrimiento es mayor, y desde el primer día; lo único que disminuye es la manifestación externa de ese sufrimiento. No, al contrario, dele a su hijo todo el cariño y todo el contacto físico que pueda, durante todo el tiempo que pueda. Que tenga el mejor comienzo.
Después de los tres años, y sobre todo de los cinco, ese buen comienzo da frutos manifiestos. Son entonces los niños que habían tenido una relación más intensa con su madre, más brazos, más contacto, más juegos, los que mejor se adaptan a la separación. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les ha dado la confianza en sí mismos y en el mundo que necesitan para iniciar el camino de la independencia. Ahora sí que están contentos en la escuela, y es verdadera felicidad y no simple apatía, una felicidad basada en la seguridad de que su madre volverá y les seguirá queriendo.

La conducta de apego (el llanto y las protestas del niño separado de su madre) tiene un valor adaptativo. Es decir, a lo largo de millones de años, ha tenido un efecto, mantener juntos a la madre y a su hijo, efecto que ha favorecido la supervivencia de los niños y por tanto de los genes que regulan dicha conducta. Cuando la conducta de apego alcanza su efecto se refuerza; es decir, se repite con mayor intensidad y frecuencia. Cuando no produce efecto se debilita y puede llegar a extinguirse. El primer día que usted vaya a trabajar, será probablemente la separación más larga de su hijo desde que nació. Hasta ahora, cuando él se encontraba solo, lloraba, y alguien aparecía en pocos minutos y le cogía en brazos; normalmente usted, a veces papá o abuela. Si el niño no se consolaba en pocos minutos con otra persona, usted siempre acaba por aparecer, tal vez tardaba media hora si había salido a comprar...
Pero hoy, haga lo que haga su hijo, usted no volverá en ocho o diez horas. En el mejor de los casos, si está con la abuela o con otra persona que le puede prestar atención exclusiva, esa persona vendra a consolarle en pocos minutos. Si está en una guardería puede llorar durante mucho rato sin que nadie le coja en brazos; la cuidadora tiene ocho niños y sólo dos brazos. Los primeros días puede que su hijo llore bastante. Pero su llanto no tiene la respuesta esperada; mamá no vuelve. El niño aprende que, en determinadas circunstancias, llorar no sirve de nada, y poco a poco deja de hacerlo. Pero eso no significa que la separación ya no le afecte; las separaciones repetidas, recuerde, producen una angustia cada vez mayor, que no se manifestará mientras la madre está ausente, sino precisamente cuando la madre vuelve. Entonces las protestas del niño sí que tienen (por fortuna) la respuesta esperada.
Dicho de otro modo: el niño puede estar bastante tranquilo en la guardería, o con la abuela. Puede estar incluso, si tiene suficiente edad, contento y activo, jugando y riendo. Pero cuando vuelve a ver a su madre rompe a llorar, se le echa encima, se pega a sus faldas, grita, le exige brazos, se enfada con ella, le pega, vuelve a llorar... Lo que se suele llamar “ponerse muy pesado”.
Como de costumbre, algunas personas lo entienden todo al revés. Si en la guardería estuvo jugando, es que no le pasa nada. Y si, no pasándole nada, luego se pone a llorar, es que tiene cuento o hace teatro. Y si hace teatro precisamente con su madre es porque ésta se deja tomar el pelo y no sabe imponer disciplina, y él pretende hacer que se sienta mal, castigarla por haberse ido.
¿Qué debería hacer entonces el pobre niño para demostrar que sí que le pasa algo, que no es comedia? ¿Pasarse seis, ocho o diez horas seguidas llorando en la guardería? Por favor, nadie puede hacer eso, por grande que sea su dolor. Imagínese que acude al funeral de un buen amigo. Seguro que pasa un rato muy triste, y en algún momento busca el contacto de un amigo común, se abrazan y lloran. Pero al cabo de unas horas estará tomando un café, tal vez con ese mismo amigo común, y hablarán de cosas sin importancia, y sonreirá, y esa misma noche cenará y verá la tele, y al día siguiente irá a trabajar como si nada, y nadie en el trabajo sabrá que viene usted de un funeral, y alguien contará un chiste, y usted se reirá. ¿Significa eso que no le pasa nada, que su dolor no era sincero, que sólo hacía comedia? Pero no hace falta recurrir a ejemplos tan extremos, pues también la madre sufre cuando se separa de su hijo pequeño. ¿Acaso no se le partió el corazón cuando lo dejó por la mañana? ¿No ha pensado varias veces en él, qué hará, cómo estará, habrá llorado mucho? ¿No ha venido lo antes posible a recogerlo? Y, sin embargo, ¿no ha pasado la mañana trabajando normalmente, disimulando su dolor, hablando con la gente, sonriendo? Pues su hijo ha hecho lo mismo.

No es raro que el niño llore más a medida que va creciendo. A los 5 meses estaba tranquilo en la guardería, y tranquilo en casa. A los 14 meses llora cada mañana porque no quiere ir, y pasa las tardes de muy mal humor. Por un lado, como dijimos, la repetición de las separaciones aumenta la angustia. Pero, sobre todo, el niño de 5 meses no puede sentarse, no puede hablar, no puede gatear... sus posibilidades de expresar la angustia son menores, pero eso no significa que esté menos angustiado.
A veces, este cambio es relativamente brusco. Un niño que parecía bien adaptado a la guardería de pronto se resiste con uñas y dientes tras las vacaciones de Navidad o de verano. Creo que en estos casos influyen dos factores: por un lado, la relación con su madre ha mejorado mucho en esas semanas; ha sido tan feliz en su compañía que ahora la pérdida es más evidente. Por otro lado, los niños pequeños no comprenden muy bien eso de las vacaciones. Simplemente, se había acostumbrado a aceptar algo como inevitable, Mamá siempre se va a trabajar, y de pronto ve que no es inevitable. “Si la semana pasada se quedó conmigo, ¿por qué no puede quedarse también esta semana?”.

*********** Con quién dejaré a mi hijo

Si la madre tiene que ausentarse, para ir a trabajar o simplemente para ir a comprar el pan, alguien tendrá que substituirla (es muy peligroso dejar a un bebé o a un niño pequeño solo en una casa, aunque sea poco rato). ¿Qué características debería cumplir esa persona?
1.- Alguien que pueda dedicarle al niño tanto tiempo como le dedica la madre. Por supuesto que la madre no le dedica cada minuto de su tiempo: va al lavabo, habla por teléfono, prepara la comida... Pero cuando el bebé está despierto, pasa mucho rato mirándole a los ojos, diciéndole cosas, tocándole, cantándole... y también mucho rato saludándole desde lejos, diciéndole alguna cosa al pasar para mantener el contacto. Si el niño llora, la madre puede acudir en pocos minutos (a veces, en pocos segundos), y dejar cualquier otra cosa para tenerlo en brazos todo el tiempo que haga falta. La persona que la substituya, ¿tendrá tiempo material para hacer lo mismo?
2.- Alguien a quien el niño conozca. El padre es ideal, y la abuela (o el abuelo, que cada vez están más espabilados) u otros familiares también suelen serlo, si han tenido suficiente contacto previo con su hijo. Pero los niños no sienten “la llamada de la sangre”; si nunca ha visto a su abuela, es tan desconocida como cualquier otra persona.
Muchas madres intentan acostumbrar a su hijo a los biberones una semanas antes de volver al trabajo. Es un esfuerzo inútil, que suele conducir a la frustración (¿por qué iba a aceptar un biberón, si está allí el pecho de su madre?). No pierda el tiempo con eso; lo realmente importante es acostumbrarlo a la persona que le cuidará. Si va a ser la abuela, que venga o vayan a visitarla casi cada día. Si va a contratar a una cuidadora que venga a casa, contrátela con un par de semanas de antelación. Si va a llevarlo a la guardería, vaya con su hijo las últimas semanas.
Vaya con su hijo; esa es la clave. No estamos hablando de dejarlo solo con la canguro o en la guardería, y volver al cabo de una hora, y otro día al cabo de dos horas... Eso tal vez sea un poco mejor que dejarlo ocho horas de golpe; pero muy poco mejor. Lo que está haciendo en realidad es adelantar la separación en dos semanas, y desperdiciando parte del precioso tiempo que aún le queda para estar juntos.
No. Se trata de que la canguro venga a casa y estén las dos con su hijo, o de que vaya usted a la guardería y permanezca allí con él una o dos horas. Si su hijo conoce a la nueva cuidadora, o el nuevo ambiente de la guardería, precisamente cuando más angustiado está porque se ha separado de usted, es probable que asocie esas sensaciones desagradables al nuevo lugar o a las nuevas personas. Vamos, que les cogerá manía. En cambio, las personas y lugares a las que conoció en momentos de felicidad (es decir, estando con usted) le traen recuerdos agradables que le ayudan a soportar la separación. Y también se abre camino en su cabecita una vaga idea de que “esta señora es amiga de Mamá, puedo confiar en ella”.
Es posible que aún queden guarderías en que no permitan la entrada de la madre. En mi opinión, la negativa a que la madre entre en la clase en cualquier momento que ella elija, y permanezca junto a su hijo durante todo el tiempo que ella desee, sería motivo suficiente para empezar a buscar otra guardería.
3.- Alguien estable. No es bueno que un niño pequeño pase de mano en mano. Tanto las abuelas como las guarderías suelen cumplir este requisito de estabilidad; pero si contrata a una canguro, asegúrese de que realmente piensa dedicarse durante años a cuidar de su hijo, y no está simplemente buscando un empleo de verano.
4.- Alguien en quien pueda confiar plenamente. Que trate a su hijo con cariño y respeto, que jamás le haga daño. Del padre, de los abuelos, de los tíos, usted ya sabe, por experiencia de años, qué puede esperar. Pero dejar a su hijo en manos de una desconocida requiere un acto de fe, y este es otro motivo por el que conviene que no sólo su hijo, sino usted misma, conozca a esas personas durante un par de semanas, y valore durante horas su conducta hacia el bebé. Por desgracia, de vez en cuando se descubren casos de malos tratos o abusos sexuales. No tenga miedo a parecer obsesiva o desconfiada; tiene usted todo el derecho del mundo a desconfiar, a pedir referencias, a hablar largo y tendido con esa persona y “examinarla” (“¿crees que es bueno cogerlos en brazos?” “¿qué harás cuando llore?” “¿y si no quiere la papilla?”). Al fin y al cabo, le está usted confiando su bien más preciado, su propio hijo, y en el momento en que es más vulnerable. Si no se atreve a dejarle a esa persona las llaves de su casa, las llaves de su coche o su tarjeta de crédito, ¿cómo se atreve a dejarle a su hijo?
La persona que cuide a su hijo debe tener también la madurez y experiencia necesarias. Una adolescente puede ser adecuada para hacer compañía a un niño de seis años mientras usted va al cine; pero cuidar a un bebé no es lo mismo.

******* Las opciones en la práctica

1.- Abuelos y otros familiares. Deben tener, por supuesto, ganas de encargarse de su hijo, y salud y fuerza suficiente para hacerlo. A veces vemos abuelas auténticamente explotadas, la palabra es dura pero real.
En el otro extremo, algunas madres podrían dejar a su hijo con un familiar deseoso de cuidarlo, pero no se atreven por temor a parecer “aprovechadas”. En algunos casos, una forma de superar esta situación es pagar por el cuidado de su hijo, como pagaría si lo llevase a la guardería. Así puede obtener una buena atención para su hijo sin sentir que se aprovecha, y al mismo tiempo puede ayudar económicamente a unos abuelos con una pensión escasa o a una hermana en paro sin ofenderles.

2.- Alguien que venga a casa a cuidar a su hijo. Puede ser una amiga o conocida que necesite un trabajo. Para buscar a una profesional, una buena opción es a través de una guardería. Allí van las estudiantes de puericultura a hacer prácticas, y pueden recomendarle a alguna.

3.- Llevar a su hijo a casa de otra persona. En ocasiones, tres o cuatro amigas con niños de edades similares se ponen de acuerdo, una cuida a todos los niños mientras las otras trabajan, y comparten sus ganancias. En algunos países, los gobiernos facilitan y subvencionan estos arreglos. En España, algunos ayuntamientos, como el de Sant Feliu de Guixols, promueven un servicio de cuidadoras de niños, haciendo cursos de formación y dando a las cuidadoras un diploma.

4.- Llevar a su hijo a una guardería. En el momento actual, esta suele ser la opción menos recomendable, pues por desgracia la legislación española permite ocho niños menores de un año por cuidadora, y muchos más después del año, lo que es absolutamente incompatible con una atención adecuada. Incluso una persona cariñosa, experimentada y dedicada no tendrá tiempo material para cuidar a ocho bebés. Sólo en darles de comer y cambiar pañales se le pasará casi todo el tiempo. En Estados Unidos, la ley sólo permite cuatro niños por cuidadora, y muchos expertos consideran que eso es excesivo y que debería reducirse a tres.
El problema, por supuesto, es económico. Las guarderías no se inventaron para satisfacer una necesidad de los niños, sino una necesidad del sistema capitalista, que necesita el trabajo de los padres para mantener niveles de producción y consumo adecuados, y por tanto algo hay que hacer con los niños. En Bielorrusia, donde las madres disfrutan de una licencia de maternidad de tres años (recuerdo del sistema comunista), no hay guarderías. ¿Quién iba a querer instalar una?
Por lo tanto, el razonamiento no ha sido: “los niños necesitan tanto espacio, tantas cuidadoras, tantos materiales... todo esto cuesta tanto dinero, vamos a ver de dónde lo sacamos”, sino al revés: “disponemos de tanto dinero, vamos a ver para qué nos llega”. Y la cantidad de dinero disponible es sólo, por definición, una pequeña parte de lo que gana la madre, porque si no no le saldría a cuenta ir a trabajar. Y en nuestra sociedad las madres suelen ganar menos que los padres. Así que sólo llega para grupos sobrecargados a cargo de cuidadoras mal pagadas (las puericultoras de la guardería deberían ganar más que los profesores de universidad, puesto que están haciendo un trabajo más difícil, más delicado y más importante).
Esta aberración se extiende por toda la sociedad, contribuyendo a desprestigiar el cuidado de los niños: La hora de faenas domésticas se paga mejor que la hora de cuidado de niños (qué es más importante, ¿que le dejen el suelo bien limpio o que atiendan bien a su hijo de un año?). La madre que toma la costosa (pues no cobra) decisión de dedicarse plenamente a cuidar a sus hijos durante meses o años no es más que una “maruja”, y muchos en su entorno se asombran o se compadecen de ella porque “no hace nada” o “renuncia a su carrera”. En cambio, la que trabaja fuera de casa “se realiza”, sea cual sea ese trabajo: escribir a máquina durante horas, meter sardinas en una lata o incluso cuidar a ocho bebés en una guardería.
Si necesita llevar a su hijo a una guardería, visite varias y compruebe cuántos niños hay en cada una, cómo les tratan, el carácter y la simpatía de las señoritas, si dejan entrar a la madre... Si trabaja lejos de casa, si tiene que pasar cada dia una hora en el tren o el autobús, le conviene una guardería cercana a su lugar de trabajo: así puede estar una hora más con su hijo al ir, y otra al volver, y tal vez incluso visitarle a la hora del bocadillo.

************* Cómo recuperar lo perdido
Ofrézcale a su hijo todo el cariño, el contacto físico y la atención que pueda durante todo el tiempo que pueda, por las tardes y en los fines de semana. Acepte su conducta como normal, reconozca que sus llantos, protestas y exigencias no son “caprichos” ni indicios de malcriamiento, sino pruebas de amor.
Muchos bebés parecen iniciar espontánemente un programa de “reducción de daños”. Mientras su madre no está, se pasan casi todo el rato durmiendo y no comen nada o casi nada, ni siquiera aceptan la leche que su madre se sacó y les dejó en la nevera. Luego pasan la tarde y la noche en danza y enganchados a la teta. Es agotador, pero al mismo tiempo un gran consuelo para la madre, que piensa “es como si no me hubiera ido, no me echó de menos porque estaba durmiendo”. Muchas madres que trabajan deciden meterse al niño en la cama por la noche; es la manera más fácil de satisfacer las necesidades de pecho y contacto de su hijo, y al mismo tiempo dormir lo suficiente para poder mantener la cordura. Recuerde, el meollo de la conducta de apego, lo que su hijo instintivamente necesita, es su presencia. Incluso una madre dormida le sirve, al menos por la noche. Ya ha tenido la tarde para mirarle a los ojos, hablarle, jugar con él... ahora puede dormir tranquila, que su hijo ya se tranquilizará solito cuando se despierte y la vea a su lado.

Bibliografía:
Bowlby J. Child Care and the Growth of Love. 2ª ed. Penguin Books, London, 1990 (no sé si existe traducción)
Small MF. Nuestros hijos y nosotros, Javier Vergara editor, Barcelona 2000
Jackson D. Three in a bed, the benefits of sleeping with your baby. Bloombsbury Publishing, London, 1999

La ruptura de la simbiosis primaria


* Excelente texto de Casilda Rodrigañez, como siempre esta mujer me deja pensando...


Existe una extensa y a la vez poco conocida literatura científica acerca del efecto de la ruptura de la simbiosis primaria entre madre y bebé (por ejemplo, cuando se les separa tras el parto o cuando se deja al bebé llorar solo en una cuna). La escritora Casilda Rodrigáñez, en este ámbito, ha realizado un más que excelente trabajo de documentación y correlación de gran cantidad de datos procedentes de diferentes campos de investigación, con el objetivo de demostrar que esta ruptura constituye un eslabón fundamental en la ontogenia del hombre occidental moderno, competitivo, individualista, y con un elevado grado de desconexión con respecto a su ser interno (emociones, pulsiones básicas, miedos, etc...). A continuación se exponen unos interesantes párrafos extraídos de su artículo La maternidad y la correlación entre la líbido y la fisiología, para que el lector juzgue por sí mismo el impacto, a nivel mundial, que tienen los hábitos de crianza primal de nuestra sociedad:
Nils Bergman explica [Restoring the original paradigm (1)] que en nuestro rombencéfalo (hindbrain) hay tres programas neurológicos, el de defensa, el de nutrición y el de reproducción; cada uno de estos programas está asociado a un paquete de hormonas y también a nervios y músculos, de manera que la activación de uno y otro programa afecta de diversos modos a todo lo que ocurre en el organismo. Estos tres programas que regulan todo el metabolismo basal de nuestros cuerpos, preveen el mantenimiento de la vida en diferentes circunstancias.(...)
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Si se separa a la criatura de su madre, el programa de nutrición se cierra y se abre el de defensa; la criatura entra en un estado de alerta, y protesta mediante el llanto reclamando ser devuelta a su hábitat. La criatura separada de la madre realiza una actividad intensa que cursa con una bajada de la temperatura corporal, disminución del ritmo cardíaco y respiratorio, taquicardias y apneas, inducidas por el aumento masivo de glucocorticoides (hormonas del stress). Y si la criatura es mantenida separada de la madre durante tiempo, llorará cada vez con más desesperación, y pasará del estado de alerta al de desesperación, hasta que el cansancio le rinda. Bergman dice que llorar es nocivo para los recién nacidos; ello restaura la circulación fetal y aumenta el riesgo de hemorragia intraventricular y otros problemas. Hay estudios que explican que las descargas masivas de las hormonas del stress crean una toxicidad bioquímica que perjudica seriamente a la formación del sistema neurológico, pues no sólo dañan a las células cerebrales sino también la memoria y ponen en marcha una desregulación durardera de la bioquímica cerebral (2).
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Bergman hizo un estudio comparando criaturas recién nacidas apegadas a la madre con criaturas separadas de la madre (3); se aseguró de que ambos grupos recibían exactamente la misma atención y cuidado y que la única diferencia era el estar o no con la madre. La tasa de cortisol, que se medía tomando muestras de saliva, era el doble en las criaturas separadas de la madre. De esta manera se comprobaba que el solo hecho de la separación produce una situación de stress en la criatura recién nacida. El aumento de la tasa de cortisol -el aumento del stress- llegaba a ser hasta de 10 veces más alta, cuando además de la separación se sometía a luces intensas, ruidos, muestras de sangre, etc. (como ha venido ocurriendo de forma rutinaria en el post-parto hospitalario de la civilización contemporánea). Sin embargo, bastaba una hora de contacto piel con piel con la madre para que la tasa de cortisol bajara de 10 veces más a 2 veces más de lo normal. (...)
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Otro dato aportado por los estudios clínicos de Bergman es el de la regulación de la temperatura corporal de las criaturas recién nacidas. Los gráficos de temperatura de una criatura en la incubadora, muestran por un lado una falta de estabilidad: la temperatura corporal tiene subidas y bajadas; y por otro lado, que siempre está por debajo de la temperatura ambiente dentro de la incubadora, como si el cuerpo de la criatura no pudiera absorber el calor del ambiente. En cambio, cuando la criatura está sobre el cuerpo materno, las temperaturas de ambas se aparejan y son estables; la criatura absorbe el calor del cuerpo materno. Entre madre y criatura hay una "sincronía térmica". Además, la media de la temperatura no estable en la incubadora es inferior a la temperatura media sobre el cuerpo de la madre.
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Otro estudio realizado con hombres y mujeres, madres y no madres, daba el siguiente resultado: el torso de una madre tiene 1ºC de temperatura más que el de cualquier otra mujer u hombre. Pero si la criatura tiene la temperatura baja, la madre sube la suya hasta 2ºC con el fin de calentarla; y si por el contrario la temperatura de la criatura es alta, la madre baja 1ºC la suya para enfriarla. Esto es una prueba de regulación mutua y de la sincronía fisiológica de la pareja madre-criatura, parejas a la interacción de sus pulsiones libidinales.
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La sincronización corporal se hace evidente de manera abrumadora en la fisiología del amamantamiento. La composición de la leche que la madre produce no es siempre la misma, siendo la criatura apegada a la madre quien controla y determina las variaciones(...)
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Bergman dice que la criatura en la cuna o en la incubadora está en un "modo de supervivencia" (survival mode), a la espera de volver a su hábitat, sobre el cuerpo de la madre; el descenso de la temperatura corporal posiblemente sea un medio de defensa para ahorrar energía en espera de volver al percho de su madre. Por eso llora: para llamar la atención y que su madre le vuelva a poner en su sitio, poder cerrar el programa de defensa y abrir el de nutrición y recuperar el "modo de desarrollo" (grow mode).
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Según estas investigaciones, los valores de referencia considerados "normales" en pediatría (temperatura, ritmo cardíaco y respiratorio, etc.) están equivocados, puesto que se han tomado como tales los valores de las criaturas recién nacidas fuera de su hábitat normal, en un estado de alerta y de stress. Bergman asegura que deben ser re-evaluados (3). Estamos pues ante la misma situación que refería Michel Odent sobre el parto hospitalario, tomando como "normales" las mediciones fisiológicas en una situación irregular. (...)
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Hay muchos estudios que muestran que la falta de madre origina diferentes trastornos psicológicos así como la violencia criminal. Bergman se refuere a otro estudio publicado también por A.N. Schore (4) y asegura que las complicaciones que suceden durante el nacimiento afectan a la personalidad, a la capacidad relacional, a la autoestima, y a los esquemas de comportamiento a lo largo de toda la vida. Si a ello se le añade el rechazo de la madre y la ausencia unión con la madre ("bonding"), podemos constatar una fuerte correlación con un comportamiento criminal y violento. La creación de nidos en los hospitales y el aumento de la frecuencia de las separaciones precoces de la madre son correlativos a los problemas de vinculación afectiva, al abandono de la madre, y alaumento de comportamientos adictivos (necesidades orales del bebé no satisfechas).
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Esto puede ayucar a entender la afirmacion de Michel Odent (5) de que la mejor estrategia para obtener una persona agresiva es separarla de la madre en su más tierna infancia; así como otros estudios realizados sobre la correlación entre separación de la madre y desarrollo de una persona violenta, entre ellos el muy importante trabajo de JW Prescott que deja patente la relación entre la falta de placer corporal en las criaturas pequeñas y los orígenes de la violencia (6). Margaret Mead también realizó un estudio similar en diferentes tribus, que desconozco, pero que cita Carlos Fresneda (7). No olvidemos tampoco lo que hacían los espartanos de la Grecia post-micénica de tirar a los bebés al suelo para obtener buenos guerreros de los que sobrevivieran al trauma. (...)
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Allan Schore y sus colaboradoras (4) han comprobado que la criatura separada de la madre puede pasar del stress (hipervigilancia) a la desesperación y de la desesperación a un estado de desconexión (disociación) para dejar de sufrir.
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En la hipervigilancia, el sistema nervioso simpático se activa fuertemente y de forma brusca, con un aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea, del tono y de la vigilancia; la angustia de la criatura se manifiesta con llanto y alaridos... este estado frenético de angustia, que Perry llama "miedo-pánico", se conoce como una estimulación ergotrópica... con secreción de tasas excesivas de las principales hormonas del stress... que se producen en un estado hipermetabólico del cerebro.

La disociación es el estado de reacción subsiguiente a la respuesta al terror, con embotamiento y retraimiento; es un estado de conservación y de repliegue, una respuesta del parasimpático que sobreviene en situaciones en las que la persona no tiene ni ayuda ni esperanza, una respuesta utilizada a lo largo de la vida, por la cual el individuo se desconecta para "conservar su energía", una conducta peligrosa de supervivencia en la que el individuo finge estar muerto; en este estado pasivo de profunda desconexión, la tasa de opiáceos endógenos es alta, lo que produce ausencia de dolor, inmovilidad einhibición de gritos de angustia. El tono vagal aumenta considerablemente con una bajada de la tensión sanguínea y del ritmo cardíaco (...) en este estado, desde el cerebro de la criatura, tanto los componentes del sistema simpático que consumen energía, como los del sistema parasimpático economizador de energía se activan (...) provocando alteraciones bioquímicas caóticas, un estado de toxicidad neuroquímica para el cerebro de la criatura en pleno crecimiento.

Es preciso, pues, informar sobre lo que puede significar el dejar llorar a una criatura "hasta que se calle", "para que aprenda", etc. Porque quizá al principio se calle por cansancio físico y se duerma (una primera reacción de supervivencia); pero si se repite a menudo, lo que se hace es empujar a la criatura del estado de desesperación a estados de desconexión que se manifestarán en una amplia gama de síntomas autistas u otros, más o menos graves. Si el amor mantiene la salud, el desamor enferma. Dejar llorar a una criatura es un gran acto de desamor.
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(...) La separación madre y criatura produce, con palabras de Bergman, un impacto de por vida (a lifelong impact). Pues bien, este impacto fisiológico y neurológico que ahora se está poniendo en evidencia, fue observado y descrito hace ya más de 30 años por Michael Balint en el análisis psíquico; lo llamó "Falta Básica" (8).

Aquí también el paralelismo de lo psíquico y lo somático es un chorro de luz que alumbra la integridad y la unidad psicosomática de las criaturas humanas. No puede haber impacto fisiológico sin impacto psíquico y viceversa.
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Como decía, tras cincuenta años de práctica psicoanalista, Balint encontró de modo generalizado en sus pacientes, en la parte más primaria de la psique, por debajo de la construcción edípica, una herida, falta, o falla, producida por la ruptura del primary love. Sobre esta herida, dice: su influencia se extiende ampliamente, y es probable que se extienda a toda la estructura psicobiológica del individuo y abarque en varios grados tanto su psique como su cuerpo. Ahora la descripción fisiológica del survival mode y el programa de defensa regulado por las hormonas del stress, así como los recientes hallazgos de la neurobiología mencionados, ratifican la descripción de las características de la herida primaria hecha desde el psicoanálisis.
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Balint asegura que la herida psíquica de este impacto alienta una gran ansiedad y se mantiene altamente activa toda la vida. Por eso, a lo largo de nuestras vidas, cuando se produce una alteración o cuestionamiento del equilibrio emocional edípico, con el que hemos arropado la herida y sobre el que hemos construido nuestro "ego" (el ejemplo más común es la ruptura de una pareja estable), se nos queda la herida al descubierto y aflora la ansiedad que mana de la Falta Básica. La ruptura de la pareja adulta no cuestiona nuestra existencia, ni tendría por tanto que provocar un sentimiento de angustia tan fuerte; pero la ruptura de la pareja con la madre sí significó un cuestionamiento de nuestra existencia. Esto quiere decir que el miedo y la ansiedad que afloran en la edad adulta provienen de la herida primal (que aunque enterrada se seguía manteniendo "altamente activa") que ha quedado al descubierto, provocando alteraciones graves en el comportamiento, violencia criminal, etc.



Referencias:
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1: Bergman, N. Restoring the original paradigm es un documental que contiene una información muy completa sobre el paradigma maternal. Existe otro documental más corto : Rediscover the natural way, que está traducido al castellano y que se puede conseguir pidiéndolo a : encargos.libros@laligadelaleche.org En http://www.kangaroomothercarecom/ se puede pedir el Restoring the original paradigm y descolgar varios textos, los estudios clínicos de Bergman en Mowbray Hospital de Cape Town, etc.
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2: Lloyd de Mause. The neurobiology of Childhood and History y War as righteus Rape and Purification, citados en "El llanto infantil y el cerebro". http://www.dormirsinllorar.com/ y http://www.psycohistory.org/.

3: Bergman, N. Le portage kangaroo. VI éme Journée Internationale de l`Alaitment. París, marzo 2005.
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4: Schore, AN. The effects of early relational trauma on right brain development, affect regulation, and infant mental health. Infant Mental Health Journal 2001; 22 (1-2): 201-269.

5: Odent, M. Boletín del Primal Health Research Centre (http://www.primalhealth.org/). También desarrollado por Odent en I Congreso Internacional sobre Parto y Nacimiento en Casa, en Jerez de la Frontera, oct. 2000, y recogido en el libro La cientificación del amor. Ed. Creavida, Argentina, 1999.
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6: Prescott, JW. Body Pleasure and the Origins of Violence. Bulletion of the Atomic Scientist 1975. Está disponible la traducción del artículo al castellano en internet en esta dirección: http://www.violence.de/prescott/bulletin/article-es.html Es de notar que existe un importante error de traducción en la tabla 1 del artículo: Donde dice "bajo bienestar" en el original pone "low display of wealth", algo así como "escasa exhibición u ostentación de riquezas".
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7: Citado por Carlos Fresneda en Las raíces afectivas de la inteligencia. El Mundo, 22.09.2003.
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8: Balint, M. La Falta Básica. Paidós, Barcelona 1993. 1ª publicación: Londres y Nueva York 1979

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Los libros :"PARIREMOS CON PLACER" "LA SEXUALIDAD Y EL FUNCIONAMIENTO DE LA DOMINACIÓN" "EL ASALTO AL HADES" Y "LA REPRESION DEL DESEO MATERNO" y algunos artículos de Casilda se pueden descargar de su web
www.casildarodriganez.org

Acompañando a dormir.




Hola! les dejo un artÍculo muy interesante sobre el sueño infantil y la importancia de acompañar a nuestros hijos por las noches.
No recuerdo La fuente de dÓnde lo saqué, pero estoy segura que debe ser de alguna de las web recomendadas...


Acompañando a dormir.
Por Amparo Lamoneda

Extraído de "Guix d'Infantil Núm. 36. Març - Abril 2007"


"Carlos siempre es el último que se duerme, necesita tenerte presente cogiéndote de la mano, un dedo..., hasta que cae rendido de sueño. Yo, mientras tanto, aprovecho para para planificar todas aquellas tareas que me han quedado pendientes de resolver. A veces, me pone nerviosa que tarde tanto en dormirse y parece como si lo supiera y lo hiciera expresamente."

Acompañar es un bonito proceso que pide deseo y presencia. Podemos estar presente físicamente en un sitio sin deseo, pero entonces la otra persona no se siente acompañada. De la misma manera, podemos desear estar y que no sea posible (a causa de la distancia), con lo cual, tampoco uno se siente acompañado.

En una niño pequeño, el sentimiento de compañía no se diferencia mucho del de los adultos. Hay una manera de ser y de estar que implica comprensión, aceptación, y respeto hacia la otra persona.

Cuando uno se siente acompañado así, eso gusta y calma.

Bajo estas premisas, a veces nos encontramos con el "deber" de tener que dormir a un niño o más de uno. Si esto se percibe como una presión, podemos tener más dificultades en el momento de hacerlo, ya que la nena o el nene notará la falta de deseo. Es interesante saber con qué deseo me pongo ante la criatura, y si lo hago "para que se duerma", intención legítima que responde a mi intereses, o si "deseo acompañarlo para que duerma tranquilo" (dos finalidades totalmente diferentes).

Los niños perciben más lo que nosotros sentimos que lo que decimos, notan nuestra disponibilidad. Nuestra prisa les inquieta. A nivel preventivo, hay maneras de facilitar un sueño continuado y tranquilo. Lo más importante es que el niño se sienta acompañado.

Algunas pautas que pueden seguir las familias para fara favorecer un espacio compartido y agradable hasta que los niños se duerman, pueden ser...

Realizar todos los rituales que hagan falta para que el niño se acueste, y una vez esté en la cama, nos sentaremos o acostaremos a su lado. Le avisaremos que, para cualquier cosa que necesite durante la noche, nos puede llamar, será atendido.
Hace falta transmitirle seguridad. Le podemos explicar, durante un rato, algunas cosas que hayan pasado durante el día y hablaremos "bajito y cada vez más lentamente"... Cuando hayan pasado unos minutos, le diremos algo como:" Ahora a dormir...", le daremos un besito y alguna frase dulce. Intentaremos no hablarle más.
Observaremos al niño, y cuando nos parezca que está dormido, empezaremos a contar más o menos unos 15 minutos más que estaremos con él. Son 15 minutos que los dedicaremos a nosotros, a pensar en nuestras cosas, en silencio, quietos, porque puede ser que durante este tiempo el crío se despierte o se gire. Si abre los ojos medio dormido y te ve allí, podrá dormir toda la noche tranquilo, porque sabe que todavía estás.
Si sabemos de antemano que puede ser que tardemos media en dormir a un niño, ya no estaremos tan nerviosos como si pensamos que tardaremos 5 minutos en conseguirlo.

Si se explican cuentos antes de ir a dormir, es aconsejable que sea haciendo desaparecer el lobo o monstruos de alguna manera. Si no, "alomejor vendrá y me comerá..." (inquietud). Invito a recordar nuestra infancia. Casi todos tenemos algún recuerdo que nos da miedo. A los niños pequeños, les gusta escuchar que cuando éramos pequeños nosotros también teníamos miedo. Les tranquiliza darse cuenta que seguimos intactos. Es importante no dejarnos “ningún lobo desperdigado”

Si un niño llora cuando se tiene que ir a dormir, seguro que hay un motivo que lo provoca. Primero, hay que descartar causas físicas (dolor). Si lo que hay es malestar, que puede ser físico o emocional, se nota porque se manifiesta de manera diferente. El lloro o la negativa a dormirse son demandas de comunicación para manifestar que hay algo que no funciona, y nosotros tenemos la responsabilidad y actuaremos en consecuencia.

Los padres y madres tenemos muchas dudas sobre si los niños pequeños pueden dormir en nuestra cama o no. En principio, hay una tendencia a dejar a los niños demasiado solos (en honor a la autonomía, a lo mejor?). No es lo mismo ser autónomo que sentirse solo.

A veces, se les saca de la habitación cuando aún son demasiado pequeños, se buscan estrategias como dejar la luz encendida, o también hay quien dice que se les tiene que dejar llorar “para que aprendan”.
La historia habla como, en todas las generaciones, los niños pequeños han dormido en la misma habitación que sus padres por diversos motivos. ¿Hemos evolucionado?

Es un error dejarlos llorar desconsoladamente, porque al final, llegan las consecuencias.

Los niños pequeños padecen una “angustia de abondono”que queda muy interiorizada en ellos y que después se manifiesta con diversos problemas.

Se dice que dormir es desaparecer. No es casualidad que , durante la adolescencia, fase en la cual hay muchas dificultades para entender muchas cosas de la vida, se duerma mucho.

Los niños pequeños no tienen ninguna necesidad de desaparecer, duermen plácidamente cuando se sienten cuidados, pero no tienen las mismas referencias espaciotemporales que nosotros, por eso son más frágiles y necesitan compañía hasta que se va consolidando su mundo intern

El colecho despues del colecho...

Hace mas de 2 meses mis hijas decidieron independizarse del colecho con mamá y papá, primero fue mi hija mayor y dias después la pequeñita, las primeras noches fueron excelentes, pero con el correr de los dias los despertares nocturnos fueron haciéndose mas frecuentes. Para variar Guadalupe volvió a mojar la cama por las noches.Como mamá, acudía a cada llamado,a dar la teta o a cambiar las sábanas dela cama de Guada y terminaba durmiendo en la cama con la desvelada de turno. ¿Será que ese despegue fue antes de tiempo? Será que mis hijas estaban arrepentidas de haberse independizado? Algo pasó. Y éstas eran señales de alerta que no podía dejar de ver.

Todas las noches antes de dormir, juntamos los juguetes que hay en el piso, para que descansen, ya que después de un dia de tanto juego, ellos también estan cansados!!Luego elegimos a dos o tres o cuatro (depende de mis hijas claro) que seran los protagonistas o narradores del cuento de la noche y que tendran el gusto de compartir la cama con mis princesitas.
Ordenando su cuarto intenté llevar a palabras estos sentimientos ocultos:
-- A ver…que muñeca u osito nos va a contar el cuento hoy?
-No quiero muñecas
-Un osito?
-No.
-Entones? Con quien vas a dormir hoy?
-Quiero que vos me cuentes el cuento…
-Vas a dormir sola?
-No. Mami vos me contas el cuento y te quedas a dormir conmigo ¿querés?
-Pero mami tiene su cama. Querés dormir en la cama grande con mamá y papá?
-No. Quiero que duermas en mi cama conmigo
-Porque? Te da miedo.
-No quiero estar sola en mi cuarto.
-Pero esta tu hermana
-Pero ella también esta sola
-Estan en la misma habitación
-Si pero estamos solas en la cama, vos estas con papá en la cama, y nosotras solitas.

Ayy mi vida!! Realmente tenía razón. Como negarme ante tremenda verdad. Era lógico ese razonamiento, Si desde que nacieron compartieron el lecho con nosotros, no conocían esta realidad de dormir solas, hasta hace unas semanas. Y claro como no extrañarían, si nosotros extrañábamos dormir con ellas como ellas no extrañarían dormir acompañaditas, con la seguridad que eso te da!
De pronto todas mis preguntas tuvieron respuesta…era eso!!
Propuse volver al colecho con mamá y Papá, pero ellas no aceptaron, quieren seguir En sus camitas decoradas en su cuarto de princesas, con sus osos y muñecas…¿y si juntamos las camitas? No era mala idea, de esa forma dormirían acompañadas.

Esa fue la solución, Hoy duermen juntas en sus camas , En su Cuarto de princesas y los despertares nocturnos han disminuido en un 90%.Digamos que la única que se despierta es Nuria para tomar tetita. Guada esta volviendo a contener de a poquito el pis por las noches, aunque todavía no se siente muy segura, por eso volvimos a los pañales. Será cuestion de seguir respetando sus tiempos.
Por ahora aprovecho a deleitarme, mirándolas, dormidas… tomadas de la manito, trasmitiendo una paz que me inunda en pocos segundos…que me llena de amor y satisfacción. Y a la cual muchas veces no puedo resistirme.

ENOJO: CÓMO AYUDAR A LOS NIÑOS A MANEJAR ESTA EMOCIÓN COMPLEJA



¿Qué es el enojo?
El enojo es una emoción básica que sentimos todos. Es normal y suele ser saludable. Sin embargo, cuando se pierde el
control, el enojo se torna destructivo. A los niños puede traerles problemas con su familia, sus compañeros y su
rendimiento escolar. Al igual que otras emociones, el enojo llega acompañado de cambios fisiológicos. Tanto la
frecuencia cardíaca como la presión arterial pueden aumentar. El enojo puede deberse tanto a hechos internos como
externos. Un niño, por ejemplo, puede enojarse porque siente que sus notas no son buenas (interno) o bien porque un
hermano lo empujó (externo).
La manera natural de expresar el enojo consiste en responder con agresión. Es la respuesta instintiva ante la percepción
de amenazas físicas o verbales. Sin embargo, responder agresivamente a cada situación de amenaza no es sano ni
seguro. La violencia acarrea problemas sociales, dificultades con la familia, problemas con la justicia y un daño físico o
emocional. Por lo tanto, es importante enseñar a los niños, desde pequeños, formas saludables de controlar su ira.
¿Cómo se manifiesta el enojo según las edades?
En la primera infancia, los niños comienzan a adquirir la capacidad de reprimir los impulsos de agresión física (como
empujar, golpear, pellizcar, morder, gritar) cuando están enojados. Los niños en edad preescolar van aprendiendo a
identificar los estados emocionales básicos en ellos mismos y en los demás mediante el uso de la palabra. Sin embargo,
es frecuente ver niños que recurren a conductas de violencia física (arrojan juguetes, empujan o golpean a sus padres o
compañeros) debido a que recién se están acostumbrando al uso de la palabra para expresar sus sentimientos.
A medida que crecen, adquieren habilidades lingüísticas más complejas y empiezan a tener la capacidad para ponerse
en el lugar del otro. Desarrollan la empatía y llegan a comprender mejor el efecto que sus actos y palabras tienen sobre
los demás. En los años más avanzados, ya deberían saber expresar su enojo con palabras, no físicamente. Sin embargo,
los niños con dificultades para hablar o controlar sus impulsos suelen bregar para controlar sus sentimientos de enojo y
pueden responder usando la fuerza física, gritos o negándose a obedecer las normas escolares o familiares.
Los adolescentes son acuciados por nuevos agentes agresores y preocupaciones que pueden provocar sentimientos de
enojo y frustración, como la creciente necesidad de independencia e intimidad, además de que aumentan las exigencias
académicas, sociales y laborales. Algunos jóvenes expresan su frustración e ira negándose a verbalizar lo que sienten y
piensan mientras que otros reaccionan físicamente arrojando objetos o dando portazos. Algunos jóvenes tienen
dificultades para manejar sus impulsos de agresión física y sus reacciones pueden llegar al punto de descargar su
agresión en los demás. La cultura de grupo también puede tener un papel fundamental en la aceptación de la agresión
física o verbal como respuesta adecuada a los sentimientos de ira.
¿Qué podemos hacer los padres?
La forma en que los padres responden a las situaciones emocionales influye de manera significativa en el aprendizaje
del niño a manejar sus propias emociones. Los niños están siempre aprendiendo a controlarse y necesitan una guía para
poder expresar y dominar sus emociones y conductas correctamente. Los niños que ganan habilidad para manejar
emociones, como el enojo, de manera adecuada pueden sobrellevar y repeler mejor el estrés. Esta capacidad les servirá
desde la infancia hasta la adultez y redundará en una mejor salud física y mejor rendimiento académico y laboral.
Reduce, además, los problemas de conducta fomentando a la vez el autocontrol, la confianza en sí mismos y buenas
relaciones con los compañeros.
Los padres pueden estimular la adquisición de habilidades eficaces para manejar el enojo de la siguiente manera:
  Ayudándolos a desarrollar la empatía. Por ejemplo, pregúntele a su hijo: "¿Cómo piensas que puede sentirse Sam
cuando le gritas y le sacas su juguete?" o “¿Cómo te sentirías tú si Sam te hiciera lo mismo?”
  Enseñándoles que puede admitirse cualquier sentimiento no cualquier comportamiento. Es decir, uno puede sentirse
frustrado pero no por eso golpear, patear o asir a otro para expresar lo que uno siente.
  Cada situación que lleva a su hijo a afrontar sentimientos de enojo es una oportunidad de aprendizaje. Cuando note
que su hijo mantiene la calma ante una situación irritante, remárqueselo y felicítelo. En cambio, si nota que no
maneja bien su enojo, acérquese para ayudarlo a resolver el problema. Pregúntele, por ejemplo, qué podría hacer la
próxima vez que le suceda algo que suscite su enojo. Ayúdelo a encontrar opciones, como “avisar a un adulto” o
“volver la espalda” y luego aliéntelo a que la próxima vez reaccione eligiendo alguna de estas formas socialmente
aceptadas.
  Ayudándolos a desarrollar hábitos de control efectivo del estrés para evitar exabruptos de ira. Pidiéndoles que
piensen en actividades positivas, como hacer ejercicio, leer, escribir o escuchar música, que los mantengan alejados
de lo que los irrita, los entusiasmen y los lleven a participar regularmente de ellas. Y mejor aún, sirva de ejemplo
recurriendo a estas actividades usted mismo.
  Aconsejándoles a hacer inspiraciones profundas antes de reaccionar agresivamente cuando estén enojados. Tenga
en cuenta que para que dé resultado, es necesario practicar antes. En caso de niños pequeños, es una habilidad que
los padres pueden ejercitar con ellos al acostarlos.
¿Cuándo debería buscar ayuda profesional?
Aprender a controlar los sentimientos de enojo es una parte normal del crecimiento. Algunos niños adquieren
habilidades efectivas para el manejo de la ira fácilmente mientras que otros necesitan una guía más directa y cierta
práctica. Si su hijo tiene dificultades para aprender a calmarse cuando está enojado o sufre episodios frecuentes en los
que no puede evitar agredir física o verbalmente, es posible que necesite la intervención de un profesional en salud
mental. Los ataques de enojo repetidos pueden dificultar la participación del niño en las actividades regulares de la clase
o aumentar el riesgo de que un compañero salga dañado física o emocionalmente. Un profesional podrá evaluar las
causas subyacentes y los factores que activan el enojo y la frustración, y ayudarlo a adquirir habilidades específicas para
el manejo de la ira. Podrá, además, darle apoyo y orientación a usted y a los maestros de su hijo. Algunos jóvenes
descargan sus impulsos de enojo en ellos mismos y pueden desarrollar conductas de autoagresión (golpearse la cabeza,
cortarse, actitudes suicidas). Los jóvenes que muestran estas conductas necesitan atención inmediata.
Escrito y desarrollado por Joshua Mandel, Psy.D., Daphne Anshel, Ph.D. y el personal del NYU Child Study Center.
ACERCA DEL NYU Child Study Center
El NYU Child Study Center se dedica a la investigación, prevención y tratamiento de problemas de salud mental en
niños y adolescentes. Brinda evaluación y tratamiento a niños y adolescentes con problemas mentales, como ansiedad,
depresión, dificultades del aprendizaje o de atención y síntomas asociados al estrés y los traumas.
Si usted o su hijo necesitan ayuda, cuenta con profesionales que lo asesorarán las 24 horas del día, los 7 días de la
semana, llamando a 1-800-LIFENET (1-800-543-3638), un programa de la Asociación de Salud Mental de la Ciudad
de Nueva York. Dispone de ayuda en distintos idiomas: español, 1-877-298-3373; chino, 1-877-990-8585. Por otros
idiomas, solicite un traductor.
Si desea más información, pautas y consejos prácticos sobre salud mental infantil y cuestiones sobre la crianza, por
favor visite el sitio en Internet del NYU Child Study Center, AboutOurKids.org.


http://www.aboutourkids.org/aboutour/parent_letter/2004/anger_3_04_s.pdf

Extraido del foro "dormir sin llorar"

" ASÍ EVOLUCIONA EL SUEÑO DE LOS BEBÉS"

Artículo de rosa Jové: " ASÍ EVOLUCIONA EL SUEÑO DE LOS BEBÉS"

Saber cuándo su bebé dormirá de un tirón es una de las preocupaciones de la mayoría de padres primerizos. El cansacio y las dificultades de adaptación al nuevo ritmo de vida les hacen ver los despertares de su hijo como un problema cuando, en realidad, no lo es. Tanto los niños como los adultos tenemos despertares nocturnos. La única diferencia es que nosotros sabemos volvernos a dormir ellos no. Pero algún día lo conseguirán.
Un recién nacido se diferencia muy poco del pequeño bebé intrauterino que era unos segundos antes. Por eso, en el fondo, precisa los mismos cuidados. Necesita que se le ofrezca comida cuando tiene hambre, ya que en el vientre materno la alimentación era automática, y mucho contacto físico, puesto que en el útero materno estaba permanentemente abrazado. Pero casi nada más. La ropa, los pañales... son cosas que el bebé no va a reclamar si se encuentra arropado por los brazos de sus papás.
¿Y dormir? ¿Cómo hemos de enseñar a dormir a los recién nacidos? Pues de ninguna manera, porque ya nacen sabiendo dormir. Ésta es una necesidad vital básica sin la cual no sobreviviríamos mucho tiempo, así que la naturaleza se encarga de que poseamos esa facultad incluso antes de nacer. Pero no siempre es igual, sino que el sueño va evolucionando, adaptándose a las necesidades del ser humano en cada momento.

LOS PRIMEROS TRES MESES
Los bebés ya duermen en el útero materno. Se ha comprobado que a partir de los 6 meses tienen una fase de sueño activo, y a partir de los siete, una de sueño más tranquilo. En esas dos fases ocupan la mayor parte del tiempo.
Cuando un niño nace, su sueño es casi igual al que tenía en el vientre de su madre. Por lo tanto, si se reproducen las condiciones del seno materno, dormirá cuanto necesite. No hay que olvidar que las horas que precisa cada bebé son diferentes, y que varían entre las 12 y las 16 horas los primeros días.
Pero ¿sabemos cómo es el sueño de un bebé de pocos meses?
-Ultradiano. Los horarios de los bebés son caóticos. Hasta que no son más mayores no adquieren el ritmo circadiano, el que permite diferenciar el día de la noche. También necesita dormir más horas. Conforme vaya creciendo, se reducirán hasta llegar a las ocho de media que necesitan los adultos.
-Polisecuencial. ESo significa que un niño duerme varias veces durante todo el día. Los adultos frecuentemente dormimos de un tirón (por la noche), pero los bebés de menos de tres meses duermen varias veces a lo largo del día.
-Bifásico. Las fases de sueño también son diferentes ya que los adultos tenemos cinco fases y los recién nacidos, sólo dos. Nuestras cinco fases van desde que estamos despiertos (vigilia), pasando por la fase I de adormecimiento, la fase II de sueño ligero, hasta las fases III y IV de sueño profundo. También tenemos una última fase, la REM. Los bebés sólo tienen fase REM y una fase de sueño ligero. El resto las adquieren con el paso del tiempo.
-Tiene un 80% de sueño REM. Esta fase, aquella en la que soñamos, tiene como misión recolocar en nuestro cerebro los aprendizajes realizados durante el día y gestionar las emociones. Es por eso que los recién nacidos tienen un 80% de sueño en fase REM, ya que apenas se cansan físicamente y no necesitan fases de sueño profundo. En cambio, aprenden muchas cosas y necesitan más sueño REM. A medida que van creciendo y hacen más ejercicio físico, esta proporción se va modificando.
-Los ciclos son más cortos. Los de los bebés duran unos 45 minutos, mientras que los de los adultos pueden ser de hasta 90 minutos.
Para que un lactante de pocos meses duerma correctamente hay que procurar que se sienta seguro y cuidado permenentemente. Un niño amorosamente atendido y alimentado a demanda dormirá siempre que lo necesite, aunque sea en horas y períodos distintos de otro bebé de la misma edad.


DE LOS 4 A LOS 7 MESES
El bebé va creciendo y madurando, y su sueño también. Tres son las palabras que definen su descanso en esta etapa:
-Circadiano. Es decir, el bebé ya es capaz de diferenciar el día de la noche. Aunque cada niño va a su ritmo, por lo que las cifras son variables, la mayoría de los bebés de siete meses suelen hacer un par de siestas durante las horas diurnas y duerme por la noche durante un período de tiempo más o menos largo. Además el número global de horas de descanso se reduce hasta situarse entre las 10 y las 15.
-Secuencial. A partir de este momento tiene adquiridas casi todas las fases del sueño del adulto, puede unirlas con más facilidad y, por lo tanto disfrutar de períodos de sueño de más de un ciclo.
-Inestable. El sueño entre los cuatro y siete meses es muy inestable porque van surgiendo las fases que faltan y el bebé necesita adaptarse a ellas. Es un período de transición el el que los despertares son muy frecuentes, a veces incluso más que en los primeros meses. ¿Por qué? ¡Pues porque están practicando! Ahora hay más fases y más cambios, y los niños deben ensayar para aprender.
Esta época suele ser de especial dificultad para los padres puesto que el sueño de su hijo es muy ligero, con frecuentes despertares. AFortunadamente, siempre hay algo que ayuda al niño a conciliar mejor el sueño (estar cerca de los adultos, una canción, un muñeco, el silencio, el ruido...). Ésta es una etapa transitoria y lo que se debe intentar es, simplemente, que el niño duerma lo mejor posible.



DE LOS 8 A LOS 24 MESES
En esta etapa, el sueño de muchos niños es básicamente:
-Temido. Imaginen que un recién nacido duerme durante dos horas. Cuando se despierte pensará que se encuentra en el mismo momento que dos horas antes,puesto que no tiene idea el paso del tiempo ni tampoco de lo que ha pasado. Pero un niño de 8 meses sí la tiene. Empieza a darse cuenta de que hay un período de tiempo -cuando se va a dormir- en que se separa de sus padres y que, además , no sabe lo que sucede entretanto. Es por ese motivo que intenta retrasar al máximo el momento de meterse en la cama. En estas edades es muy frecuente que algunos niños pequeños se queden completamente dormidos mientras hacen acitividades que ocultan momentáneamente la idea de que van a separarse de sus padres: jugando, paseando, viendo la tele...
Para que aprendan a regular esa ansiedad, debemos calmarles antes de que se vayan a dormir. Tamibén es importante dejarles bien claro que no deben temer ese momento porque siempre estaremos con ellos si nos necesitan.
-Inquieto. Se ha comprobado que mientras se duerme, sobre todo en fase REM, todo aquello que preocupa puede asimilarse, pero también provocar pesadillas y otros trastornos que, curiosamente, suelen aprarecer a estas edades. La razón es que ésta es una etapa de muchos aprendizajes para el niño. En algún momento durante estos meses empieza a andar y a inverstigar un entorno desconocido hasta entones, lo que le produce mucha ansiedad. El inicio de la alimentación complementaria y, más tarde, la retirada el pañal tamibén son frecuentes motivos de ansiedad infantil y de regañinas de muchos padres a sus hijos.
¿Te extraña que su sueño sea inquieto? Les ocurre lo mismo que a los adultos, que cuando estamos nerviosos dormimos bastante peor. Por todas estas razones, el sueño de los niños es agitado y los despertares por la noche aún están presentes en la mayoria.



DE LOS 3 A LOS 5 AÑOS
Cuando llegan a esta edad, los niños tienen más horas de actividad diruna, lo que determina que el tiempo de sueño se reduzca -es la época en la que se suelen eliminar espontáneamente las siestas-, y tan sólo exista un período de descanso nocturno de unas 10-12 horas. En este momento puede afirmarse aque el sueño infantil ya es muy parecido al de los adultos.
¿Te has fijado? En cada período de nuetra vida el sueño se adapta perfectamente a nuestras necesidades. ESo provoca que el descanso de un adulto sea diferente del de un recién nacido, y también del de un anciano, que casi no tiene sueño profundo y, en cambio, suele tener más períodos de sueño ligero y necesidad de dormir pequeñas siestas durante el día.
El sueño es un proceso evolutivo. Nacemos sabiendo dormir y vamos dearrollando y adaptando esta acitividad según la edad. Simplemente es cuestión de saber cómo es el sueño infantil en cada momento para ayudarlo a evolucionar correctamente.


Articulo extraido del foro de "dormir sin llorar"
www.dormirsinllorar.com

Por que amamantar de 3 a 4 años

Porque más y más mujeres están ahora amamantando a sus bebés y más y más se dan cuenta cuánto disfrutan hacerlo, por esta razón quieren continuar por más tiempo que sólo los meses que habían pensado al principio
UNICEF siempre apoyó la lactancia durante los dos primeros años y aún más, y la Academia Americana de Pediatría está alentando a las madres a amamantar a sus bebés por lo menos durante un año y extenderse hasta donde ambos lo deseen. Incluso la Academía Canadiense de Pediatría, reconoce que las mujeres pueden amamantar por dos años y más. Amamantar a un niño de 3 y 4 años ha sido algo común en el mundo hasta no hace mucho, y aún es común en muchas sociedades.
¿Por qué la lactancia debe extenderse por más de 6 meses?
Porque las madres y los bebés disfrutan mucho esta relación. ¿Por qué detener una relación que se disfruta?
Pero dicen que la leche materna no tiene valor después de los 6 meses.
Tal vez se diga, pero es falso. Que mucha gente diga semejante cosa sólo muestra que ignorante es mucha gente en nuestra sociedad sobre la lactancia. La leche materna, después de todo, es leche. Aún después de los 6 meses, todavía contiene proteínas, grasas y otros elementos nutricionales importantes y apropiados que los bebés y niños necesitan. La leche materna contiene factores inmunológicos que ayudan a proteger al bebé. De hecho, algunos de estos factores inmunológicos que protegen al bebé contra infecciones están presentes en mayores cantidades en el segundo año de vida que en el primero. Esto se debe a que los niños mayores de un año están expuestos a más infecciones. La leche materna contiene factores que ayudan a madurar el sistema inmunológico y a desarrollarse y madurar el cerebro, intestinos y otros órganos.
Se ha demostrado ampliamente en guarderías que los niños que amamantan tienen muchas menos y más leves infecciones que los que no lo hacen. Por lo tanto, la madre pierde menos días de trabajo si continúa amamantando a su bebé cuando ya ha regresado al mismo.
Es interesante que la publicidad de la compañías fabricantes de fórmulas inducen al uso de la fórmula (copia imperfecta del objeto real) durante un año, al mismo tiempo implican que la leche materna (de dónde se copia la replica imperfecta) es valiosa sólo durante 6 meses e incluso menos (“la mejor nutrición para los recién nacidos”). Muchos profesionales de la salud han adoptado este versito.
Escuché que los factores inmunológicos de la leche materna evitan que el bebé desarrolle su propia inmunidad si lo amamanto por más de 6 meses.
Esto es falso, de hecho, absurdo. Es increíble que tanta gente en nuestra sociedad tergiverse los beneficios de la leche materna volviéndolos una desventaja. Inmunizamos a los bebés para que ellos mismos puedan defenderse de una infección real. La leche materna también permite al bebé luchar contra las infecciones. Cuando el bebé lucha contra estas infecciones, se hace inmune. Naturalmente.

Pero yo quiero que mi bebé sea independiente
¿La lactancia hace al niño dependiente? No lo crea. El niño que lacta hasta que él mismo decide terminar (usualmente de los 2 a 4 años) generalmente es más independiente, y tal vez, más importante, más seguro de su independencia. El niño recibe confort, y seguridad desde el seno hasta que él está listo para dar el paso de concluir por sí mismo. Cuando lo hace por sí mismo, sabe que consiguió algo, sabe que avanzó. Esto es un momento muy significante en su vida.
Generalmente empujamos a los niños a independizarse demasiado rápido. Dormir solos muy pronto, separase del seno muy pronto, arreglárselas sin los padres muy pronto, hacer todo muy pronto. No lo empuje, y el niño se independizará al tiempo justo. ¿Cuál es el apuro? Pronto va a irse de su casa. ¿Quiere que lo hagan a los 14?
Por supuesto que la lactancia a veces puede ser utilizada para continuar una relación de sobredependencia. Pero también lo puede ser la comida y el entrenamiento para ir al baño. El problema no es la lactancia. Este es un tema aparte.
¿Qué más?
Posiblemente el aspecto más importante en alimentar a un niño no son los beneficios nutricionales o inmunológicos, sin quitarles su importancia, es la relación tan especial que se establece entre el niño y la madre. La lactancia es una viva confirmación de un acto de amor. Esto continúa cuando el bebé crece. Ninguna persona que alguna vez observó a un niño de 2/4 años amamantar puede testificar que allí no hay algo casi mágico y especial, algo que va más allá de la comida. Un niño que esta mamando puede romper a reír sin motivo aparente. Su deleite en el seno va más allá de la simple fuente de alimento. Y si la madre se permite, la lactancia se transforma en una fuente de deleite también para ella, más allá del placer de brindar alimento. Por supuesto no es siempre genial, pero, ¿qué cosa lo es?
Y si el niño se enferma o se lastima (como realmente sucede cuando conocen a otros niños y aprenden a jugar con otros) que forma más fácil y efectiva para tranquilizar al niño que a través de la lactancia? Recuerdo noches en el departamento de emergencias, llegaban madres con su niños enfermos. Las madres cuyos hijos no tomaban el seno andaban por los pasillos tratando de consolarlos, sin mucho éxito. Mientras que los niños que tomaban el seno estaban confortados, aunque no necesariamente felices. La madre conforta al niño enfermo a través de la lactancia, y el niño conforta a la madre a través de la lactancia.

Fuente: www.dormirsinllorar.com

Lactancia prolongada ¿tiene inconvenientes???

Este es un texto que rescaté del foro de Lacmat. Me pareció interesantisimo sobre todo para las mamis que practicamos Lactancia materna Prolongada.

Lactancia prolongada ¿tiene inconvenientes?

Isolina Riaño Galán.
Pediatra. Hospital Carmen y Severo Ochoa.
Cangas del Narcea (Asturias)

Los patrones de duración de la lactancia materna han sido marcados por factores históricos, culturales, científicos, médicos y personales [1]. Las civilizaciones occidental y oriental tuvieron lactancia materna prolongada. Dos médicos romanos, Sorano y Galeno, establecieron los patrones de alimentación de lactantes hasta el siglo XVIII. El primero recomendaba que los lactantes deberían amamantarse hasta que hubiera brotado su dentición completa, mientras que Galeno señalaba los tres años de edad. Las civilizaciones antiguas valoraron altamente la lactancia materna, como queda demostrado en la representación artística [1]. Diversos factores posteriores condujeron al destete precoz. En la actualidad, muchos consideran que seis meses constituyen una lactancia “prolongada” y algunos cuestionan los motivos de las mujeres que amamantan a sus hijos más de un año. La OMS y UNICEF recomiendan dos años de lactancia materna, mientras que la AAP señala al menos un año [2].
El tiempo óptimo de duración de la lactancia materna exclusiva es un punto importante de salud pública. La OMS [3] apoyándose en la evidencia científica actual recomienda la lactancia materna exclusiva por 6 meses, seguida por la introducción de alimentos complementarios y la continuación de la lactancia materna. Esta recomendación es aplicable a todas las poblaciones, no sólo en los países pobres. Sin embargo, no existe consenso acerca del momento del destete, ni evidencias científicas que muestren que a partir de cierto momento existen inconvenientes debidos a la lactancia prolongada.
No hay duda de que la lactancia materna exclusiva constituye la alimentación ideal, suficiente para mantener un crecimiento y un desarrollo óptimos durante los 6 primeros meses de vida, aproximadamente. Sólo en algunos casos especiales puede ser necesario aportar vitamina D y hierro antes de los 6 meses de edad, aunque no de forma sistemática [3]. La introducción gradual de alimentos sólidos enriquecidos con hierro debe complementar la alimentación al pecho durante el segundo semestre de vida. Aun cuando el niño ya es capaz de recibir otro tipo de alimentos, la leche materna seguirá siendo su fuente primordial de nutrición durante los primeros 12 meses. Se convierte en complemento de los alimentos al segundo año de vida.
Las razones más comunes para indicar el destete son la aparición de los dientes, el nacimiento de un hermano, la reincorporación de la madre a la actividad laboral, la adquisición del lenguaje, el comienzo de la motilidad independiente del niño o el inicio de la escolaridad.
Uno de los principales problemas a la hora de conocer los efectos de la lactancia materna prolongada, es la variedad de definiciones sobre lactancia materna. Además, es difícil invocar un efecto puro de la lactancia materna prolongada pues varía la cantidad de leche materna que reciben y existen otras muchas variables de confusión, principalmente el entorno y las características de las madres que amamantan un mayor periodo. Por otro lado, aunque las tasas de lactancia materna han aumentado ligeramente en la última década, especialmente en el inicio de la misma, aún la prevalencia de lactancia materna exclusiva está lejos de las recomendaciones (menor del 20% los 6 meses) incluso en grupos de intervención donde se realiza una política activa de promoción y apoyo de la lactancia [4, 5]. Estudios realizados en nuestro medio ponen de manifiesto que estamos aún muy lejos de lo deseable [6, 7] de ahí nuestra responsabilidad teniendo en consideración la evidencia de la efectividad de las prácticas de promoción y apoyo de la lactancia, para aumentar la intensidad y duración de la misma [8,9].
Hay evidencia científica de disminución de la incidencia y gravedad de gran número de enfermedades agudas y crónicas de los niños amamantados, pero la mayoría de los estudios epidemiológicos que demuestran las ventajas de la lactancia materna tanto para los lactantes, las madres, las familias y la sociedad en general, se basan en comparaciones entre lactancia materna exclusiva por 4 ó 6 meses o incluso menor duración y la artificial. Dichas ventajas hacen referencia al estado de salud, crecimiento y desarrollo nutricional, inmunológico, psicológico, social, económico y ambiental. La composición de la leche materna cambia de acuerdo con las necesidades del niño conforme éste madura. Además, teniendo en cuenta que el sistema inmunológico tarda entre dos y seis años en madurar, la leche materna continúa complementando y ayudando al sistema inmune mientras el niño la siga tomando [10]. Por ello, es posible que el hecho del destete precoz, especialmente en los países occidentales, esté privando a los lactantes del efecto protector que supondría una lactancia materna prolongada.
A continuación analizaremos algunos de los datos disponibles tanto en relación con la salud infantil como de sus madres.

EFECTOS FÍSICOS EN LOS BEBÉS.-
En países en desarrollo, la ventaja potencial más importante de la lactancia materna prolongada está relacionada con la morbilidad y mortalidad de enfermedades infecciosas, especialmente las gastrointestinales. Estudios en Kenia muestran que la lactancia materna prolongada resulta positiva para el crecimiento lineal, especialmente en lugares con mal medio sanitario e inadecuado suministro de agua. Un análisis multivariante, en un periodo de seguimiento de 6 meses de 264 niños, muestra que a mayor duración de la lactancia, mayor ganancia en longitud y en peso [11].
Estudios de seguimiento a largo plazo muestran que la lactancia materna prolongada podría contribuir a reducir la prevalencia de enfermedades cardiovasculares en la edad adulta y otras relacionadas con la obesidad, un grave problema de salud especialmente en el mundo occidental. Así, Wilson y cols [12] encuentran que la introducción temprana de alimentos sólidos (antes de las 15 semanas) se asocia con incremento de la grasa corporal y del peso en la infancia. Además, la alimentación con fórmula se asocia con incremento de la tensión arterial sistólica en la infancia (94,2 vs 90,7 mm Hg en los alimentados al pecho en exclusiva).
La lactancia materna prolongada puede disminuir la prevalencia de obesidad en la infancia [13,14]. El riesgo de obesidad en niños de 5 y 6 años de edad se reduce en un 35% si recibieron pecho de 3 a 5 meses. La lactancia materna es un factor protector frente a la obesidad (OR 0,75, CI 95% 0,57-0,98) y el sobrepeso (OR 0,79; CI 95% 0,68-0,93), una vez eliminados otros factores de confusión.
Asimismo se ha visto que la ingesta de leche de mujer en niños prematuros se asocia de forma significativa a menor concentración de leptina en relación con la masa grasa en adolescentes de 13 a 16 años, independiente de otros factores de confusión [15]. Esto sugiere que las concentraciones de leptina podrían ser programadas por la dieta en edades tempranas de la vida y relacionaría la dieta de la infancia con el riesgo de obesidad en el adulto.
Se ha puesto en relación la caries con la lactancia materna prolongada [16, 17]. Sin embargo, no hay evidencia científica que relacione la lactancia materna y la caries dental, aunque si se han descritos casos de niños amamantados, especialmente durante más de dos años y con tomas nocturnas frecuentes, seguramente por otros factores asociados [18]. En cambio, si está clara la relación entre la ingesta de biberones azucarados, chupetes con miel o azúcar y caries galopante. Un estudio realizado en niños suecos indica que algunos con lactancia prolongada asocian otros hábitos dietéticos incorrectos [19] pero la leche humana no es cariogénica [20]. La caries dental se debe a muchos factores: genéticos, microorganismos (formadores de ácidos), los sustratos para dichos microorganismos (en especial las azucares procedentes de la alimentación) y las tomas muy frecuentes entre otros. Por ello, especialmente, si existe una historia familiar de caries importante, es necesario extremar otros cuidados como la higiene (cepillado adecuado), fluoración y hábitos dietéticos adecuados.
Algunos estudios han alertado acerca de la contaminación química de sustancias nocivas tales como dioxinas y otras en la leche materna, procedentes de la contaminación del medio ambiente [21]. Sin embargo, la leche materna sigue siendo la mejor opción para alimentar a los bebés, y las ventajas de la lactancia sobrepasan los posibles riesgos de la ingestión de contaminantes y posiblemente contrarreste los efectos tóxicos. El esfuerzo debería dirigirse a tratar de eliminar dichos productos químicos contaminantes de nuestro medio ambiente. Por otro lado, también las fórmulas artificiales podrían estar contaminadas tanto por el mismo medio ambiente como por los procesos industriales de producción.
La protección frente a la diabetes tipo 1 es otra razón importante para apoyar la lactancia materna prolongada. Diversos estudios sugieren la relación entre Diabetes tipo 1 y la introducción antes del primer año de vida de productos que contienen proteínas de leche de vaca intactas [22] sin embargo varios estudios a largo plazo nos aportarán un mejor conocimiento al respecto.
Incluso en los casos de madres con HIV en los países pobres, recientes estudios demuestran que no hay diferencias en la mortalidad entre aquellos lactantes alimentados al pecho (con el consiguiente riesgo de contraer el HIV a través de la leche materna) y los alimentados con fórmula [23], si bien sigue sin haber acuerdo acerca de la recomendación de un destete precoz.
EFECTOS PSICOLÓGICOS.-
Diversos estudios describen los beneficios psicológicos de la lactancia materna prolongada, si bien sin duda el entorno y las características de las madres que amamantan contribuyen a ello. Parece indudable que la lactancia prolongada proporciona no sólo alimento sino consuelo, ternura, comunicación entre madre e hijo. A pesar de muchos prejuicios populares en relación con la lactancia prolongada, no existe evidencia para sostener que la lactancia materna prolongada se asocie con problemas de desajuste social sino más bien al contrario. Existe relación entre la duración de la lactancia materna y el desarrollo cognitivo evaluado con la escala de Bayley al año y dos años de edad [24]. Las habilidades motoras y el desarrollo temprano del lenguaje mejoran con el amamantamiento, correlacionándose con la duración de la lactancia [25]. En reciente metaanálisis, revisa numerosos estudios que concluyen en una mejora del desarrollo cognitivo y del ajuste social [26].
EFECTOS EN LAS MADRES.-
En relación con la salud de las madres, se ha demostrado que la lactancia prolongada asociada incluso a restricción de la dieta en los casos de atopia no afecta a la mineralización ósea [27]. Asimismo, se ha demostrado protección frente al cáncer de mama (OR 0,67; CI 95% 0,52-0,85) en mujeres que amamantaron 25 meses o más [28]. Posiblemente, el mayor inconveniente de la lactancia prolongada en estos momentos se relacione con la pérdida de la cultura del amamantamiento, que puede afectar a la autoestima de aquellas madres que siguen amamantando a sus hijos.
En resumen, se sabe el momento adecuado en que es necesario asociar otros alimentos a la leche materna, pero no parece existir ninguna razón médica para recomendar el destete en un determinado momento. Sin duda, los profesionales relacionados con este tema tenemos un papel esencial para lograr un cambio cultural que normalice que las lactancias se prolonguen hasta que madre e hijo mutuamente lo decidan.

BIBLIOGRAFÍA
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¿Retirar el pañal o controlar esfínteres?


El control de esfínteres y la retirada del pañal son conceptos distintos y, sin embargo, en ocasiones, los confundimos. Un niño al que se le retira el pañal sin estar preparado para ello seguirá sin tener el control de esta función aunque nos empeñemos en lo contrario e incluso puede ser perjudicial. Hay muchos niños a los que, si fuésemos sinceros con nosotros mismos, deberíamos volver a poner el pañal una vez retirado, pues se ve claramente que lo hemos hecho demasiado pronto. Lo que ocurre es que nos parece un retroceso, asumimos como un fracaso educativo el que nuestros hijos continúen con pañal. Y así, nos empecinamos en seguir adelante, aplaudiendo la mínima señal de continencia. Sin embargo, aunque ya no moje la ropa y el suelo a todas horas, habrá que tener en cuenta otros aspectos. Si un niño se hace pis cuando se ríe, cuando se pone nervioso, cuando se olvida de ir al lavabo, cuando está demasiado concentrado en una actividad quiere decir que no tiene el tema controlado. A los adultos no nos pasa ninguna de esas cosas... simple y sencillamente porque sí controlamos. Así que no confundamos el hecho de que nuestro hijo (y nosotros) pueda andar con cierta dignidad por la calle, sin mancharse ni manchar, con que el control de esfínteres sea una realidad.
Ahora bien... ¿por qué no esperamos a retirar el pañal cuando realmente el niño esté preparado? Al margen de las valoraciones en función de un pretendido éxito o fracaso educativo, que ya hemos apuntado, hay otras posibles explicaciones, y vamos a hablar de ellas.
En primer lugar, existe un consenso casi unánime en que para que los niños controlen esfínteres, hay que enseñarles, y eso se consigue a través de la retirada del pañal. Sin embargo, lo ideal sería hacerlo exactamente al revés: esperar a quitar el pañal cuando el niño esté preparado para ello, es decir, cuando pueda controlar esfínteres por sí mismo. Esta idea, en general, produce cierto temor. Se suele creer que si uno no le retira el pañal al niño, éste nunca llegará a controlarse, y tendrá problemas de incontinencia. Lo cierto es que, a no ser que haya un problema funcional real, ningún adulto tiene problemas con el control de esfínteres. Lo que nos hace sospechar que se trata de un proceso madurativo propio del ser humano, y no un objetivo educativo que las familias o las escuelas deban asumir como propio. Desde este punto de vista, en vez de retirar el pañal y correr con el orinal detrás de nuestros hijos, sería mucho más cómodo para todos (sobre todo para los niños, que no se sentirían presionados ni evaluados) esperar a que el propio niño nos diga que ya no necesita el pañal.

Además de este temor, existe un problema logístico añadido. El inicio de la Educación Infantil. En la mayoría de las escuelas de nuestro país, por no decir en la totalidad de ellas, no se admiten niños con pañal. Sabemos que es un problema real de tiempo y atención para una sola maestra o maestro tener 20 niños a los que cambiar y limpiar, pero habría soluciones intermedias si hubiera verdadera intención, por parte de las instituciones educativas, de encontrar alternativas. Pero la realidad es que no se asumen estas posibilidades porque no es sólo una cuestión de recursos humanos, sino de lo que entendemos que un niño debe o no debe saber a una determinada edad. Y pensar que todos los niños, a los 3 años (algunos a los 2 años y 9 meses) deben tener controlada esta función corporal es, cuanto menos, una idea difícil de materializar.

La realidad es que cada niño controla esfínteres a una determinada edad, igual que cada niño habla, anda o salta a una determinada edad. El que se asuma habitualmente que a partir de los 2 años debemos empezar a retirar el pañal tiene más que ver con la universalización de la educación infantil, que aún sin ser obligatoria se ve como necesaria (ésta es otra historia que ya trataremos) y de las condiciones que ésta nos impone para admitir a nuestros hijos. Así que, si estamos hablando de un proceso madurativo que tarde o temprano llega a su fin, ¿por qué empeñarnos en hacer pasar a los niños por este mal trago? Dejemos a cada niño seguir su ritmo y encontrarse seguro con su cuerpo antes de imponerle una convención social.



Fuente:

http://proyectomaterna.blogspot.com

LA ESCUCHA EMOCIONAL


La dirección que debemos tomar madres y padres en la crianza y educación de nuestros hij@s (utilizo la palabra educación, aunque me gusta mucho más hablar de “acompañar a nuestros hij@s”), no debe perder nunca de vista el que debe ser nuestro principal objetivo: “Amar a nuestros hij@s y que ellos lo sientan así”.
Pero una cosa son las palabras y otra los hechos.

¿Porqué es difícil llevar a la práctica este precepto de “amar a nuestros hijos y que ellos lo sientan así”? Básicamente, yo diría, porque amar a nuestros hijos, no es una cuestión de azar, algo con lo que uno tropieza si tiene suerte. Amar a nuestros hijos, igual que amar a otras personas o el amor en general, es un arte. Y todo arte necesita de intención, conocimiento y esfuerzo. Además ya iniciamos el aprendizaje de este arte en nuestra infancia, de nuestros padres. Un aprendizaje no consciente y que seguramente tiene cosas positivas, pero también, seguramente, cosas no tan positivas, que hay que reconocer y reconducir.

En lo más profundo de nuestro ser tenemos adherido, oculto, nuestro Patrón familiar. Patrón familiar que de forma automática nos hace repetir algunas conductas con nuestros hij@s, que no son fruto de nuestra intuición, de nuestra sabiduría interior, de nuestro instinto amoroso. Siempre tenemos la facultad de tomar conciencia de él, romperlo y liberar nuestros propios sentimientos.

Por último en los adultos prevalece la percepción racional, que para muchas cosas es valiosísima, pero cuando se trata del afecto, de los sentimientos, de las emociones, del amor, es más un obstáculo que una ayuda. Hemos de ser capaces de “elevarnos”, por encima de esa racionalidad, hasta la percepción emocional que prevalece en bebés y niñ@s. Lo que yo intento aportar es una perspectiva del arte de amar a nuestros hijos desde lo que ellos sienten y necesitan a nivel afectivo.

Para que un bebé o un niño se sientan amados necesitamos conocer cuales son sus necesidades afectivas y satisfacerlas. Esto requiere por nuestra parte estar muy atentos a lo que nos muestran nuestros hij@s, especialmente a través de sus expresiones y de su conducta. Cuando el bebé aún no habla su forma más directa de expresar sus necesidades es a través del llanto. Olvidemos esas absurdas ideas que dicen que un bebé llora “para fastidiar”, “por hábito”, “porque nos toma el pelo” y otras como que “si lo coges tanto lo vas a mal acostumbrar”, “déjalo que llore, es bueno para los pulmones”, o lo que es más patético: “Míralo, llora para que lo cojas, no saben nada. Ya se cansará”. ¡Pues claro que llora para que lo cojas! Lo está pidiendo a lágrima viva. ¿Por qué negarle esa necesidad de nuestra atención y afectividad? No olvidemos nunca que:

Siempre que un bebé llora, expresa una necesidad –física o emocional- que hay que satisfacer sin dilación.

Si estas necesidades emocionales que expresa el bebé no son satisfechas, algo se rompe en su interior. Se siente inseguro, desatendido,

Cuando el niño empieza a hablar, está aún muy lejos de poder expresar en palabras sus emociones. Emociones que él ni siquiera comprende en muchas ocasiones. Simplemente le estallan en su interior y las expresa con diferentes conductas. No olvidemos nunca que:

Siempre que un niño mantiene conductas, puntual o reiteradamente exageradas, hay una emoción detrás que hay que descubrir, acompañar y enseñarle a gestionar.

Hemos de ser muy empáticos con nuestros hij@s. Situarnos en su “piel”. Los bebés y niños, con su percepción emocional y subjetiva (interiorizada), todo lo procesan a través de los que sienten. Todo lo convierten en sentimientos, en emociones. Por lo tanto, también todas sus conductas y actitudes son expresión de sus sentimientos y emociones. Los adultos, con nuestra percepción racional, tendemos a “interpretar” esas conductas desde la lógica, la razón, el juicio y la causa-efecto. Situaciones como el negarse a comer, las rabietas, la agresividad, la desobediencia, el fracaso escolar, etc., se convierten en “mal comportamiento”, en algo que está en manos de ellos cambiar.

Y no es así. Estas situaciones esconden detrás emociones que hemos de descubrir, aceptar y mostrarles, con nuestra actitud, cómo darles una salida adecuada.

La “Escucha Emocional” es la herramienta más útil y efectiva para tratar los conflictos emocionales de los niños. Al niño sus emociones le “estallan” en su interior. Aún no saben comprenderlas, controlarlas y gestionarlas. Es indispensable que madres y padres permitamos sus expresiones emocionales, las acompañemos y les mostremos cómo afrontarlas. No podemos ignorarlas, ni negativizarlas (“no hay para tanto”, “ya se te pasará”, “bueno, no te preocupes vamos a jugar”, “te pones insoportable”, “deja de llorar, no te va a servir de nada”, etc.), y mucho menos castigarlos (“vete sólo a tú cuarto hasta que se te pase”, “si no dejas de estar enfadado no iremos al parque”, etc.), y jamás pegarles (ni siquiera bajo la absurda idea de que “una torta de vez en cuando les va bien”).

Toda emoción tiene un significado, una intención. Las descargas emocionales permiten al niño expresar lo que siente, liberarse de las consecuencias de experiencias dolorosas, hacernos llegar sus necesidades. Expresar emociones es curativo. Lo que los niños no saben aún es gestionarlas y menos aún prever sus consecuencias en los demás.

La represión de las emociones, el no acompañarlas o el no mostrarles cómo afrontarlas, es nocivo. Arrastra al niño a toda clase de procesos defensivos, de repeticiones dolorosas, de compulsiones y de síntomas físicos. Provoca en el niño incertidumbre; sentimientos de incomprensión, de separación; de no sentirse valorado; de ser “malo” y por lo tanto rechazado; en pocas palabras: no se siente amado.


Para la práctica de la Escucha Emocional hemos de hacer un gran esfuerzo. Sobre todo porque, seguramente, no la practicaron con nosotros cuando éramos niños. No tenemos referencias de cómo llevarla a cabo. Más bien al contrario.

En la educación tradicional es común el uso de la autoridad, del poder de los adultos sobre los niños. Tenemos profundamente arraigadas ideas en este sentido: “Los niños han de obedecer sin rechistar”, “Han de adaptarse siempre a los horarios y ritmos de los adultos”, “Hay que ponerles normas y no permitir nunca que se las salten”, “El adulto siempre manda sobre el niño”, “Tiene que comer lo que se le pone en la mesa”, “Ha de dejar los pañales porque ya es mayor”, “Nunca deben dormir en la cama de los padres”, “No es conveniente la lactancia más allá de los seis meses”, “El castigo es bueno para su educación”, “Una torta de vez en cuando también lo es”, “Los niños son unos caprichosos”, etc.

Hay quién confunde el no usar la autoridad con “dejarles hacer lo que les de la gana” y eso demuestra que no entienden nada de lo que supone la Escucha Emocional. La represión emocional se puede practicar por activa o por pasiva. Por activa a través de la autoridad. Por pasiva a través de la permisividad. Es tan erróneo usar “el mando y ordeno” como el “no pasa nada”. Las dos actitudes no utilizan la Escucha Emocional, que implica indagar en los sentimientos del niño.

Delante de conductas o comportamientos intensos de los niños, podemos hacernos siempre tres preguntas, que nos ayudarán a la práctica de la Escucha Emocional y a resolver los conflictos que se nos presenten:

1- ¿Qué siente?

2- ¿Qué nos quiere decir?

3- ¿Qué quiero transmitirle?

1- QUE SIENTE?
Siente lo que él siente. Percibe sus sentimientos. No escucharles o banalizar lo que nos dicen encierran al niñ@ en su interior. Hemos de esforzarnos en participar de sus sentimientos. El niñ@ tiene que aprender a reconocer sus emociones, en muchas ocasiones incomprensibles para él, que le inquietan y le alteran. Tampoco sabe aún definirlas, expresarlas adecuadamente. Espera de nosotros el reconocimiento de lo que siente. Escucha siempre sus emociones con prioridad y tómatelas en serio. No le preguntes “porqué” llora. Intentará darte una explicación racional, a veces alejada de su dificultad. Es mejor que le acompañes en lo que experimenta y le preguntes: “¿Qué pasa?” o “¿Qué te pone tan triste?”, o incluso “¿De qué tienes miedo”?

2- ¿Qué nos quiere decir?

Cuando los niños crecen, a partir de los dos años van adquiriendo capacidad de expresión a través del lenguaje, pero aún están muy lejos de poder utilizar las palabras para explicar sus sentimientos. Debemos “leerlos” detrás de sus comportamientos y actitudes. Toda expresión emocional tiene un significado, una intención. Si un niño coge una rabieta, su cólera será el síntoma de alguna emoción que le altera. A lo mejor le angustia ir al “cole”, a lo mejor se ha peleado con otro niño o le han reñido, a lo mejor está muy cansado, a lo mejor echa de menos a su papá, a lo mejor siente celos de su hermanito, a lo mejor… Para él, nuestras reacciones tienen más significado que nuestras palabras. Escuchar, acoger y otorgar validez a los sentimientos de nuestros hijos significa ayudarles a construirse como personas, como individuos emocionalmente equilibrados. Les otorgamos seguridad y autoestima, sólidos cimientos para afrontar sus nuevas experiencias, desarrollarse en armonía y ser felices.

3- ¿Qué quiero transmitirle?

Nuestras reacciones frente a las reacciones de nuestros niños condicionarán sus creencias en sí mismos. Dejar expresar sus emociones y escucharlas. Pero también enseñarles a gestionarlas. Nuestra reacción es su ejemplo. Nuestra forma de actuar será la suya. Nuestros hijos nos escuchan y nos observan. Cada uno de nuestros actos, no sólo hacia él, sino hacia toda persona y situación, le envía un mensaje.

Con frecuencia reaccionamos de forma automática, y haríamos bien en preguntarnos más a menudo lo siguiente: “¿Porqué? ¿Qué me impulsa a decir sí o no a las demandas de mis hijos? ¿Qué es lo que dicta mi actitud?

Un temor frecuente de los padres cuando escuchan una demanda original de su hij@ es que ésta se convierta en un “capricho”. Los caprichos son inventos de los padres. Surgen cuando los padres se embrollan en los juegos de poder. Los juegos de poder los comienzan los padres y no los hij@s. La prueba es que a veces se dice que un bebé puede llegar a dominarte si te dejas someter por él. En realidad el niñ@ depende totalmente de ti y, como es obvio, no tiene capacidad mental para someterte.

¿Tus comportamientos los dictan tu educación, los automatismos cuyo origen desconoces, la evidencia? ¿O la razón? En este caso entiendo por razón no los prejuicios de tus padres o de tu médico de familia, sino tu razonamiento en base a informaciones fiables.

Los bebés y los niñ@s son semillas que contienen todos los ingredietes necesarios para desarrollarse en armonía y ser felices.

Somos los adultos los especialistas en impedirlo
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Enrique Blay


Enrique Blay, Psicólogo del Desarrollo - Terapeuta Psico-emocional