A mi hijo...



Sólo por hoy, en la mañana, voy a sonreír cuando vea tu rostro y a reír cuando tenga ganas de llorar.

Sólo por hoy, en la mañana, voy a dejarte escoger la ropa que te vas a poner, voy a sonreír y a decirte que te queda perfecta.

Sólo por hoy, pediré un día de descanso, o vacaciones, para llevarte al parque a jugar.

Sólo por hoy, al mediodía, voy a dejar los platos en la cocina y voy a dejarte que me enseñes cómo armar ese rompecabezas juntos.

Sólo por hoy, en la tarde, voy a desconectar el teléfono y a apagar la computadora, para sentarme junto a ti en el jardín para hacer burbujas de jabón.

Sólo por esta tarde, no voy a reclamarte ni siquiera a murmurar, cuando tu grites y llores cuando pase el carro de los helados, y voy a salir contigo a comprarte uno.

Sólo por esta tarde, no voy a preocuparme sobre qué va a ser de ti cuando crezcas y voy a pensar otra vez en todas las decisiones que haya hecho acerca de ti.

Sólo por esta tarde, te dejaré que me ayudes a hornear unas galletas y no voy a estar detrás de ti tratando de arreglarlas.

Sólo por esta tarde, te estrecharé en mis brazos y te contaré una historia acerca de cuando tu naciste y sobre lo mucho que te quiero.

Sólo por esta noche, te dejaré salpicar en la tina y no me voy a enojar.

Sólo por esta noche, te dejaré despierto hasta tarde, mientras nos sentamos en el balcón a contar las estrellas.

Sólo por esta noche, estaré junto a ti por horas y extrañaré mis programas favoritos de TV.

Sólo por esta noche, cuando pase mis dedos entre tu cabello mientras rezas, simplemente daré gracias a Dios por el mayor regalo que he recibido.

Voy a pensar en las madres y en los padres que están ahora buscando a sus hijos extraviados; las madres y padres que visitan a sus hijos en sus tumbas en lugar de sus camas, y en las madres y padres que están en los hospitales mirando sufrir a sus hijos, gritando por dentro por no poder hacer nada más.

Y cuando te dé un beso de buenas noches te voy a estrechar un poco más fuerte, un poco más tiempo. Así, agradeceré a Dios por ti y no le Pediré nada, excepto, un día más. Creo que a veces las mamás y papás estamos demasiado absorbidos en nuestras rutinas diarias que olvidamos el hermoso regalo que los niños SON REALMENTE.

No podemos saber si Dios nos dará un día más.

Autor Desconocido

Cuando creías que yo no estaba viendo....


Cuando creías que yo no estaba viendo....
te vi colgar mi primer dibujo en la heladera y corrí a hacer otro.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
te vi poner alimento en la tacita del gato y aprendí que es bueno cuidar de los animales.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
vi lágrimas salir de tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas duelen, pero que está bien llorar.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
te vi hacer mi postre favorito y aprendí que las cosas pequeñas son las que hacen la vida especial.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
te escuché hacer una oración y supe que hay un Dios al que siempre puedo acudir y aprendí a confiar en Él.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
te sentí darme el beso de las buenas noches y me sentí amado y protegido.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
te vi preparar un plato de comida y llevarlo a un amigo enfermo y aprendí que todos debemos cuidar unos de otros.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
te vi dar de tu tiempo y tu dinero para ayudar a gente que no tenia nada y aprendí que los que tienen deben de ayudar a los que no tienen.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
te vi cuidar nuestra casa y de nosotros y aprendí que debemos cuidar lo que nos ha sido dado.

Cuando creías que yo no estaba viendo....
aprendí de ti las lecciones de la vida que necesitaba: cómo ser una persona buena y productiva.

Te miré y quise decirte:
Gracias por todas las cosas que vi cuando creías que yo no te estaba viendo.

Cultura Vs Instinto: Existe una sola manera de ser Madre?


Para encontrar una “posible” respuesta, primero deberíamos ampliar nuestra mirada y viajar en el espacio y en el tiempo.

Por ejemplo, retrocedamos a París , antes del siglo XVII, la mayor parte de los bebes de las familias acaudaladas, eran entregados a nodrizas que los criaban en el campo y los volvían a entregar a su familia de origen alrededor de los 4 o 5 años. En el caso de los menos pudientes, muchos de ellos eran intercambiados con otras familias para el aprendizaje de distintas tareas.

En Tailandia, las madres duermen con sus niños para protegerlos de los malos espíritus. En Japón, los bebés y los niños duermen entre sus padres, desde hace siglos. A la madre nipona le interesa que sus hijos se conviertan un ser social conectado, esperando que el niño domine habilidades grupales, como la cortesía y el autodominio. En todas las culturas que se practica el colecho (dormir con los padres) la incidencia del síndrome de muerte súbita tiene los menores porcentajes sobre el total de niños nacidos

Actualmente en Perú, las familias acomodadas acostumbran a contratar una nana por cada hijo, desde un mes antes del nacimiento. De la maternidad el bebé sale en brazos de “su nana”, quien lo acompaña en su crecimiento hasta su adolescencia.

Los mapuches habitualmente no gritan, ni castigan corporalmente a los niños, basan su trato en un mutuo respeto. Participan en ceremonias religiosas con sumo respeto y sin necesidad que un adulto les llame la atención.

En Camerún, las madres entregan a sus hijos a partir de los 10 o 12 años a otra familia para que los críe por un tiempo, con la finalidad de asegurarse que sus hijos tengan una educación mas completa.

En sociedades modernas y del primer mundo, algunos padres, siguen métodos conductistas para “enseñar” a sus hijos a dormir, dejándolos llorar.

Las madres esquimales cargan a sus hijos, piel a piel, apenas nacidos sobre su espalda en un attiggi (capuchón de piel). El niño permanece allí hasta que adquiere capacidad locomotora, todo el tiempo, incluso defecando las espaldas de su madre, quien lo asume con una naturalidad imposible de imaginar.

Y podríamos seguir marcando un sinnúmero de diferencias en los estilos de crianza. Y llegaríamos a la conclusión que los criterios aplicados son producto de un aprendizaje culturalmente predeterminado.

Las teorías de algunos especialistas difieren diametralmente, los libros que nos indican como ser mamas pululan por doquier. Y los bebes se adaptan e incorporan la idiosincrasia en la que nacen.

Y Existe una sola manera de ser bebé?

Tal vez si, como si todos los bebes nacieran con una necesidad en común, producto de una memoria filogenética , reclamando contacto físico y tranquilizándose al ser mecidos. Como si el movimiento y la cercanía de la mama u “otra persona” les trajera reminiscencias de algo conocido.

La cría humana necesita de un largo tiempo para madurar y llegar a ser independiente. En ese sentido podemos compararnos con los marsupiales, que luego de nacer, continúan su formación en el marsupio de la madre. En general, en las culturas tradicionales, las madres cargan a sus hijos en un trozo de tela que anudan, y que se le da distintos nombres de acuerdo al lugar: quepina, rebozo, kanga, mei tai. Algunos antropólogos han llegado a la conclusión que los niños que tienen un fuerte contacto piel a piel lloran menos. Entre ellos Margaret Mead, realizo un estudio comparativo entre varias culturas tradicionales y concluyo que los pueblos mas violentos son los que privaban a los bebes y niños del contacto físico con los adultos.

Hoy también contamos con los últimos avances en lo que se llama neurobiología del cerebro, con los cuales se ha podido comprobar “científicamente” que un bebe tenido mucho tiempo en brazos tiene un numero mayor de conexiones entre las neuronas de su cerebro, (sinapsis) que un niño que no ha sido cargado.

Pareciera que biológicamente, la criatura humana despertara una conducta maternal y protectora, no solo entre los humanos, sino también en otras especies, como hemos escuchado cientos de historias de niños perdidos criados por animales, que les brindaron calor y alimento. Tal vez nacemos con este mecanismo incorporado como método para sobrevivir.

Los bebés solo pueden saber lo valiosos que son a través del reflejo, por la manera en que son tratados. Como dice Jean Liedloff en su libro el concepto del continuum: “Una vez que la madre comprenda que si lleva a cuestas a su bebe durante los primeros seis u ocho meses de vida estará asegurando la independencia del pequeño y creando la base para que sea sociable, poco exigente (demandante) y positivamente servicial durante los quince o veinte años siguientes en los que vivirá con sus padres…. Creo que la gran mayoría de padres quieren realmente a sus hijos y que solo les privan de unas experiencias tan esenciales para su felicidad porque no tienen ni idea de que están haciéndoles sufrir. Si comprendieran la tortura que supone para un bebe llorar en la cuna, sin que nadie le haga caso, el terrible deseo de contacto que siente y las consecuencias del sufrimiento que le produce…no me cabe la menor duda de que harían todo lo posible para evitar dejarlo solo un minuto …El instinto de la madre, confundido por la cultura, se reafirmará y conectará de nuevo con sus motivos naturales. Cuando su hijo llore, la señal le ira directamente al corazón, el cual no estará confundido por ninguna escuela de pensamiento sobre el cuidado de niños”.

Esto que parece difícil de implementar en nuestra sociedad, moderna y globalizada no es tan así. Solo se trata de estar “en contacto” con nuestro bebe cada vez que podamos. Una pequeña tela anudada y que lo sostenga, esta disponible al alcance de todos. Y cuando la mama se reincorpore al trabajo, dejarlo en manos de una persona que lo cuide y lo lleve con ella la mayor parte del tiempo. La piel es el primer medio de comunicación con el mundo exterior.

Solo se trata de comprender que si un niño llora es porque algo necesita: alimento, dormir, calor, brazos, sostén. Y saber que el llanto es la única manera que tiene de hacernos saber que no se siente bien.

Entonces así, podrá ir incorporando la cultura en la que nació, sin conflictos en su persona. Parafraseando a Laura Gutman tengamos en cuenta que “nadie pide lo que no necesita”.

Alejandra Martinez

www.maminia.com

La frustracion innecesaria en la infancia


Vivimos en una Sociedad, donde desde la más tierna infancia, se nos enseña a soportar la frustración.
Existe la creencia generalizada, de que si no hay frustración marcada por los adultos, los bebés y los niños-as, no logran tener ningún límite a su demanda (“perversos polimorfos”) y como consecuencia, devienen en sujetos anti-sociales y no adaptados.
Hemos aceptado, que la vida es dura y cruel. Y nuestros hijos deben prepararse para afrontarla cuanto antes. Es por ésto, que desde que son bebés, recibimos consejos permanentes sobre cómo evitar que nuestros hijos se malcrien: "No lo cojas en brazos" "No atiendas a su llanto, que primero te piden la mano y luego te toman el brazo". "No transijas, pues se subirán a las barbas". Tantos y tantos tópicos, con el único objetivo de que esos bebés, ávidos de contacto epidérmico, de mirada amorosa, de empatía profunda, vayan aprendiendo a través de la frialdad, a ser "Duros", que no fuertes.
Poco a poco, la sociedad nos transmite que debemos acorazarnos. Con una coraza rígida e insensible ante el dolor de los otros "porque la vida es así". Poco a poco, nos distanciamos de nuestro instinto protector, y de nuestro sentido común, para ser máquinas que responden al sistema, con sumisión. Aceptamos las normas, aunque sean irracionales, y formamos parte del engranaje.
¿Qué hemos olvidado? ¿Qué confundimos cuando hablamos de límites, educación, autoridad, frustración...?.
Olvidamos que ese bebé y ese niño, tiene una innata capacidad, para SENTIR mejor que nosotros-as cuáles son sus necesidades más imperiosas. Olvidamos que, siguiendo a manuales o recomendaciones que dinamitan el sentido común (el más escaso de los sentidos), violentamos el proceso natural de autonomía y auto-estima, que se forma tan sólo desde el respeto a sus necesidades básicas. Tan sólo una respuesta sensible y empática a sus necesidades primarias, garantiza un desarrollo psicoafectivo saludable.
JAMAS, debemos de frustrar las necesidades afectivas. ¿ A quién le ha hecho daño un abrazo, una mirada cálida o una presencia en los momentos de mayor necesidad? A quién le hace daño el amor?
Confundimos la frustración de necesidades culturales, con la frustración de las necesidades afectivas. La única frustración saludable, es la que frena el sinsentido del consumismo.
Consumismo de la Tv. no constructiva. De los dulces excesivos. Sabemos que comprar y comprar, tapona en pequeños y mayores, grandes lagunas y ausencias afectivas. Y la sociedad no limita, sino fomenta estas necesidades vacías.
Estas y no las otras, son las necesidades secundarias o culturales que debemos aprender con inteligencia y amor, a limitar.
Muchos pediatras, autores, vecinos, cuestionan la lactancia natural prolongada. Y la justifican desde psicologizaciones y teorizacíones, sin ningún fundamento. Sin ningún seguimiento práctico y directo de bebés, que de forma sólida, permita realizar dichas afirmaciones. Y en los casos que se acompañan de observación, lo observado responde generalmente a lo "normal" y estadístico para la sociedad actual , ignorando y desconociendo lo que pudiera ser "lo sano". Intentan imponer con sus criterios, lo que hace la mayoría, sin cuestionar, si esos criterios generan felicidad o infelicidad, salud o normalidad.
Frustrar la necesidad del pecho a demanda y la necesidad de la lactancia prolongada (en los casos que así se decida, o en su defecto un biberón dado con contacto y amor) , es negarnos una experiencia esencial en la vida:
Porque, conocer el placer y el amor, es la mejor prevención de trastornos psicosomáticos posteriores. Permitir que el bebé, explore cuáles son sus necesidades y que el medio se las posibilite, es lo que crea confianza y seguridad en la vida.
Es lo que posibilita el vínculo. El apego seguro
Los padres, y el profesorado están a veces muy desorientados con tanto bombardeo informativo y contradictorio
Es por ello muy importante, desarrollar la capacidad de empatizar con nuestros bebés ya desde el embarazo, para que el continuum de relación, ese " hilo mágico" como me gusta llamarlo y que algunos padres y madres percibimos desde el nacimiento hasta la autonomía de nuestros hijos, sea el mejor antídoto ante tantas influencias nefastas en el desarrollo saludable de la primera infancia.-

Ese "hilo mágico", se llama VINCULO, y su base es la confianza, la seguridad y sobre todo el AMOR, del bueno.

Yolanda González
http://www.yolandagonzalez-prevencion.com/

Comprender el Concepto Continuum


Según Jean Liedloff, el concepto del continuum se basa en la idea de que para conseguir el desarrollo físico, mental y emocional óptimo, los seres humanos, especialmente los bebés, necesitan el tipo de experiencia a la que nuestra especie se ha ido adaptando durante el largo proceso de nuestra evolución. Para un niño, esto incluye experiencias como:

Contacto físico constante con su madre (o algún otro cuidador) desde el nacimiento.
Dormir en la cama de sus padres, en constante contacto físico, hasta que la abandona por propia voluntad (habitualmente hacia los dos años).
Amamantar a demanda, respondiendo a las señales que emita el bebé con su cuerpo.
Ser cargado constantemente en brazos o de otra manera (pero siempre en contacto con alguien, normalmente su madre), y que pueda observar (o alimentarse o dormir) mientras la persona porteadora hace sus quehaceres habituales, hasta que el bebé empieza a desplazarse por su propio instinto, arrastrándose o gateando, normalmente a los seis u ocho meses.
Hacer que los cuidadores respondan inmediatamente a las señales del bebé (lloros, quejidos, etc.), sin juzgarlo ni obviar sus necesidades, y sin convertirlo en el centro constante de atención.
Sentir (y satisfacer) sus expectativas de que se trata de un ser social y cooperativo por naturaleza, de sus fuertes instintos de autoconservación, y de que es bien recibido y útil.
En contraste, un bebé sujeto a las prácticas de nacimiento y cuidados de la sociedad occidental normalmente experimenta lo siguiente:

Separación traumática de su madre debido a intervenciones médicas e internamiento en nurseries, en aislamiento físico, excepto por el sonido de otros recién nacidos llorando.
En casa, durmiendo a solas, aislado, a menudo “dejado que llore para que aprenda a dormir”.
Alimentación con horarios, usando el chupete o ignorando los impulsos naturales de necesidad de alimento.
Excluido y separado de las actividades normales de un adulto, relegado durante horas en una guardería, cuna o corralito siendo inadecuadamente estimulado por juguetes y otros objetos inanimados.
Cuidadores que a menudo ignoran, desalientan, desprecian o incluso agreden al bebé cuando llora o muestra de alguna manera sus necesidades; o que, por el contrario, responden con excesivo cuidado y ansiedad, convirtiéndolo en el centro de atención.
El bebé nota (y debe conformarse) que las expectativas de sus cuidadores son que él no es capaz de cuidarse a sí mismo, es antisocial por naturaleza y no puede aprender el comportamiento correcto sin estrictos controles, amenazas y una serie de “técnicas educativas” que minan su proceso de aprendizaje exquisitamente evolucionado.
La evolución no ha preparado al bebé humano para este tipo de experiencia. Él no puede entender porque sus lloros desesperados para cumplir con sus expectativas innatas no se ven satisfechos. Es entonces cuando desarrolla una sensación de estar equivocado y de vergüenza sobre sí mismo y sus deseos. Si, por lo contrario, sus expectativas de continuum son satisfechas, especialmente al principio y con más variación a medida que crece, exhibirá un estado natural de confianza en sí mismo, de bienestar y satisfacción. Los bebés cuyas necesidades de continuum han sido satisfechas durante el principio, en la fase de ir en brazos, crecen con mayor autoestima y se convierten en más independientes que aquellos cuyos lloros han sido insatisfechos por miedo a “malcriarlos” o hacerlos demasiado dependientes.

Aquí citamos algunas partes del libro que definen el concepto del continuum:

"...No es un secreto que los “expertos” no han descubierto como vivir satisfactoriamente, pero cuanto más fracasan, más intentan llevar los problemas bajo la única influencia de la razón y rechazan lo que la razón no puede comprender o controlar."

"Ahora es el intelecto el que realmente nos dicta las órdenes; nuestro sentido inherente de lo que es bueno para nosotros ha sido minado hasta el punto de que apenas somos conscientes de su funcionamiento y no podemos distinguir un impulso original de otro distorsionado."

"...[El determinar que es lo mejor para nosotros] ha sido dirigido durante muchos millones de años por ciertas áreas de la mente infinitamente más refinadas y con mayor conocimiento llamadas instinto. ... [El] inconsciente puede hacer cierto número de observaciones, cálculos, síntesis y ejecuciones simultánea y correctamente."

"...Lo que se entiende aquí como "correcto" es lo que resulta adecuado para el antiguo continuum de nuestra especie, ya que se adapta a las tendencias y expectativas con que hemos evolucionado. Las expectativas, en este sentido, se encuentran tanto en el hombre como en su propio diseño. Sus pulmones no solo contienen aire, sino que puede decirse que son una expectativa de él; sus ojos, una expectativa de luz… [etc.]"

"...El continuum humano también puede definirse como la secuencia de experiencias que corresponde a las expectativas y tendencias de nuestra especie en un entorno consecuente con aquello en lo que esas expectativas y tendencias se formaron. Incluye, además, que las otras personas que forman parte de aquel entorno se comporten y nos traten adecuadamente."

"El continuum de un ser es completo. Sin embargo, forma parte del continuum de su familia, el cual a su vez forma parte del continuum de su clan, comunidad y especie, al igual que el continuum de la especie humana forma parte del continuum de la vida."

"...la resistencia al cambio, que no está en absoluto en conflicto con la tendencia a evolucionar, es una fuerza indispensable para mantener la estabilidad de cualquier sistema."

"Sólo podemos intentar adivinar qué fue lo que interrumpió nuestra resistencia innata al cambio hace algunos miles de años. Lo importante es comprender la importancia que tiene la evolución frente al cambio (sin evolucionar). … [Lo último] reemplaza aquello que es complejo y adaptado con aquello que es más simple y menos adaptado."

"No hay ninguna diferencia esencial entre una conducta puramente instintiva, con sus expectativas y tendencias, y nuestras expectativas igual de instintivas de vivir en una cultura adecuada en la que podamos desarrollar nuestras tendencias y satisfacer nuestras expectativas: en primer lugar, las de recibir un trato preciso en la primera infancia, y más tarde, las de ir experimentando gradualmente una clase de trato más flexible, unas situaciones y una serie de condiciones que permitan que la adaptación pueda, desee y sea capaz de llevarse a cabo."

El nacimiento de nuestro Ser Madre




Hemos pasado la infancia practicando con nuestras muñecas a mecer a los bebés, calmarlos, vestirlos, desvestirlos, retarlos y dormirlos. Sin embargo, cuando el bebé real irrumpe en nuestra vida adulta, nos sorprendemos al constatar que hay pocos puntos en común entre el bebé soñado y ese monstruito que llora en los momentos menos oportunos. Y que no es verdad que los bebés sólo comen y duermen, sino que hemos quedado prisioneras de un ser voraz, necesitado al extremo, malhumorado y demandante.

Posiblemente la sorpresa tenga que ver con el desconocimiento con el que las mujeres llegamos a la maternidad respecto al fenómeno de la "fusión emocional". Para abordarlo, es menester darnos cuenta que la realidad no sólo está constituida por elementos visibles, concretos y palpables. Sino que también existen los mundos sutiles, los campos emocionales, perceptivos, intuitivos o espirituales. Aunque invisibles, suelen manejar los hilos de nuestra vida consciente.

En el caso de la díada mamá-bebé, es conveniente enterarse que ambos pertenecemos al mismo territorio emocional -como dos gotas dentro del océano- y que esta unión sin límites precisos perdurará en el tiempo, aunque nuestros cuerpos hayan sido separados a partir del parto y nacimiento de la cría.

"Fusión emocional" entre mamá y bebé, significa que sentimos lo mismo, percibimos lo mismo, independientemente de "dónde se origine" la sensación, ni si el sentimiento pertenece al presente, pasado o futuro, ya que en el mundo emocional no importan ese tipo de fronteras. De hecho, las mamás "sentimos como un bebé" cuando no toleramos un sonido demasiado fuerte, cuando nos angustiamos si hay demasiada gente alrededor o cuando nuestros pechos se llenan segundos antes de que el bebé se despierte. Del mismo modo, el bebé "siente como su mamá" cuando expresa a través del llanto o de diversas enfermedades, un sinnúmero de situaciones emocionales tales como: angustia por sentirnos exigidas por el varón, dificultades económicas, obligaciones que no podemos cumplir, la ausencia o lejanía de la propia madre, o pérdidas afectivas, por ejemplo.


Pero lo más impactante es darnos cuenta que dentro de la "fusión emocional" el niño vive como propias las experiencias de nuestra propia infancia que se actualizan y plasman en su cuerpo. Sobre todo aquellas vivencias que ya "no recordamos", que han pasado "a la sombra". Pues bien, la verdadera dificultad del devenir madre, no tiene que ver con ocuparse correctamente del bebé, sino con el dolor que supone confrontar ahora con las penas que no hemos podido asumir cuando éramos niñas. Devenir adultas de verdad, es darnos cuenta que hoy en día contamos con mayores recursos emocionales para hacernos cargo de nuestra historia y de las elecciones que hemos llevado a cabo.


Concretamente, las madres podemos hacer la prueba -cuando no logramos calmar al bebé ofreciéndole el pecho, ni meciéndolo, ni hablándole ni sacándolo a pasear- recordando alguna situación dolorosa o no resuelta de nuestra infancia, relativa al vínculo con nuestros padres. Si hemos podido traer a la conciencia alguna vivencia significativa, entonces intentemos relatarle al niño con palabras sencillas aquel dolor, aquel sufrimiento o rabia o vergüenza que aún vibra en nuestro interior. O bien, expliquémosle al niño la dificultad o el desacuerdo que tenemos actualmente con nuestra pareja, o la preocupación por la falta de trabajo, o el hartazgo por los malos entendidos con la vecina, o incluso la angustia sorda por esa amiga que emigró. Constataremos que el niño, que dentro de la "fusión emocional" vive como propias todas nuestras sensaciones -incluso las que no reconocemos como tales- se calmará. Porque sabrá de qué se trata.

Pero mucho más valioso aún resulta darnos cuenta qué importancia puede tener para cada una de nosotras reconocer ciertos sentimientos que hemos descartado por considerarlos antiguos, obsoletos o poco valiosos. De este modo, con la ayuda de nuestros hijos -que son espejos del alma materna- podremos reconocernos tal cual somos, y colocar en un lugar superlativo las cuentas que tenemos pendientes con nosotras mismas. Nuestros bebés lloran nuestras penas, vomitan nuestros hartazgos, se brotan de nuestras intoxicaciones emocionales y se enferman de nuestras incapacidades de mirarnos con honestidad.

Esto no significa que tenemos que tener nuestra vida resuelta, ni que seamos "culpables" de lo que les acontece a los niños. Al contrario. Es una oportunidad que las mujeres adquirimos a través del acto de maternar, para conectarnos con nuestro riquísimo mundo emocional, comprendernos y respetarnos. La expresión que el niño asume de nuestros deseos y fantasías relegadas, nos obliga a hacernos preguntas existenciales, íntimas, genuinas y profundamente femeninas.

En definitiva, no devenimos madres necesariamente cuando parimos al niño, sino en el transcurso de algún instante de desesperación, locura y soledad en medio de la noche con nuestro hijo en brazos. Cuando la lógica y la razón no nos sirven, cuando nos sentimos transportadas a un tiempo sin tiempo, cuando el cansancio es infinito y sólo nos resta entregarnos a ese niño que expresa nuestro yo profundo y no logramos acallar, entonces nuestra madre interior ha nacido.



Laura Gutman ( www.crianza.com.ar )

Lactancia: Alimento nutriente -Alimento Afectivo


Articulo escrito por Enrique Blay.

Un bebé nace a los más o menos nueve meses de gestación y parece que esté totalmente formado. Sin embargo, en un aspecto crucial, no está preparado para el mundo. Su cerebro no está, ni mucho menos, plenamente desarrollado. Si tuviera que esperar hasta entonces, tendría que pasar otros doce meses en el útero. Hay una razón muy sencilla por la que no puede quedarse tanto tiempo. Para nacer, el bebé tiene que pasar por en medio de la pelvis. Si pasara más tiempo en el útero su cabeza sería demasiado grande para pasar. Así que, si el bebé quiere salir al mundo, tiene que hacerlo ahora, esté preparado su cerebro o no.



De hecho, en el cerebro del bebé, se van a construir alrededor de 1.000 millones de conexiones neuronales hasta los tres años de edad. La calidad y efectividad de estas conexiones dependen básicamente de dos factores: el alimento nutriente y el alimento afectivo. El alimento nutriente aporta las sustancias necesarias -proteínas, hidratos, grasas, vitaminas, minerales, etc.- para la construcción y desarrollo orgánico. El alimento afectivo –cariño, protección, atención, contacto, etc.- satisface todas sus necesidades psicoemocionales. Tan importante un alimento como el otro, tal como, lamentablemente, se ha podido comprobar en guarderías chinas o rumanas, entre otras, en que los bebés reciben suficiente alimento nutriente pero ningún alimento afectivo ya que no son abrazados, ni besados, ni atendido su llanto o simplemente cogidos en brazos. Sus retrasos psicomotrices, las patologías psicológicas o incluso la muerte, son las consecuencias.



Tenemos tres preciosas herramientas para ofrecer alimento afectivo a nuestro hij@s. Herramientas que responden a las necesidades afectivas del bebé, producto de su especial forma de percepción: la percepción emocional. Estas herramientas son:

1- El colecho

2- La atención del llanto

3- La lactancia

El colecho, entendido como el acto de dormir juntos padres y bebé, en la misma cama o en otra a su lado, cubre la necesidad del bebé de sentirse seguro, protegido, acompañado, atendido. Tal cómo el Dr. Carlos González apunta en su libro “Bésame mucho”, es normal que los bebés se despierten por la noche cada dos o tres horas, debido al instinto ancestral que permanece en el ser humano, como buen mamífero que es. Este instinto es fruto del hábito de las crías de mamífero, que en medio de la sabana o de la jungla, necesitan de la protección de su madre, especialmente por la noche, en que los depredadores tienen la costumbre de salir a cenar. La cría, por ejemplo de una gacela, va despertándose periódicamente. Gime y si nota la presencia de su madre se vuelve a dormir. Si no está su madre sube el tono en intensidad para reclamar su protectora presencia. Evidentemente, por puro proceso evolutivo, han sobrevivido las crías que seguían este proceso de alarma, las otras, eran cena segura para sus depredadores. Además de este componente antropológico, el ser humano, por sus propias características de desarrollo y perceptivas tiene unas grandes necesidades de afecto, incluidas las de la noche. Es necesario nombrar aquí un método perfecto para negar esas necesidades afectivas y hacer sufrir a los bebés y niñ@s, que por desgracia ha tenido gran resonancia mediática. El método del Dr. Estivill. Método cruel con el bebé o niñ@, ignorante de sus necesidades de alimento afetivo, de las secuelas psicológicas que puede producir y sin ninguna base científica tal como la psicóloga Rosa Jové, en su libro “Dormir sin lágrimas”, demuestra más que suficientemente.



La atención del llanto parte de la indudable premisa de que si un bebé llora es por algo. Porque tiene hambre, porque se encuentra mal o porque expresa emociones. ¿Dudaríamos en alimentar a nuestro hij@ si tiene hambre? ¿Nos pensaríamos procurarle medicamentos o asistencia médica si se encuentra enfermo? ¿Porqué nos vamos a resistir a satisfacer sus necesidades emocionales? Emociones presentes o pasadas, como pueden ser las de su nacimiento, que aún tiene que procesar. Atender el llanto significa satisfacer sus demandas, significa otorgarle seguridad, confianza, apoyo. La atención del llanto es el inicio de la escucha emocional a nuestros hij@s, que debe acompañarnos en toda su crianza y educación. La escucha emocional es fundamental para asentar y desarrollar el imprescindible vínculo afectivo entre padres e hij@s, base de un desarrollo psicoemocional en armonía.



La lactancia satisface tanto las necesidades de alimento nutriente como las de alimento afectivo. Es un acto de amor en que la madre entrega tanto su cuerpo (leche materna, piel a piel, mirada, caricias, olor, palabras suaves), como sus sentimientos (afecto, protección, amor). Siempre hay que apuntar, para las madres que no pueden dar lactancia, aún deseándolo, en general por un problema de entorno del parto que dificulta su inicio o por mal asesoramiento en las formas (de ahí el gran trabajo de las Asociaciones de Lactancia en el apoyo y asesoramiento a las madres), que también un biberón dado con amor, es un buen alimento afectivo. Eso sí, siempre debe priorizarse la lactancia, al fin y al cabo es la herramienta más perfecta que nos ofrece la naturaleza para alimentar, en todos los sentidos, a nuestros bebés (y además es gratis).



Uno de los factores que más dificulta la lactancia a demanda y prolongada, en la mujer que trabaja fuera de casa, es la incorporación al trabajo después del, a todas luces, insuficiente permiso por maternidad. Otro factor es el poco apoyo que, generalmente, encuentra la madre en los pediatras desconocedores del proceso de la lactancia, tanto en formas, como en el particular desarrollo del bebé lactante. Y por último la incomprensión social (familiares, amigos, entorno laboral y sociedad en general) que critican y “machacan” a las madres que optan por la lactancia a demanda y prolongada en el tiempo, igual que pasa con el colecho y con la atención del llanto. Cómo una madre practique el colecho, la lactancia y atienda el llanto de su bebé, tiene asegurados augurios nefastos que le garantizarán un hij@ inseguro, dependiente de sus padres y desgraciado para el resto de su vida. Y mira por dónde la experiencia nos demuestra todo lo contrario. Un bebé, un niñ@, atendido en sus necesidades emocionales, es un niñ@, que en su proceso de desarrollo natural (no cuando a nosotros nos convenga) adquirirá seguridad. Seguridad que le permitirá abrirse al mundo con confianza e independencia. Es un niñ@ que se sentirá amado y por lo tanto tendrá autoestima. Autoestima que le permitirá afrontar las dificultades en su camino. Es un niño que desarrollará una gran inteligencia emocional, definida como la capacidad de ser feliz, de no dejarse dominar por la adversidad, de elegir tu vida y establecer relaciones armoniosas con los demás. ¿Quién no desearía algo semejante para sus hijos? Pues es muy fácil, simplemente hay que amarlos (alimento afectivo) y que ell@s lo sientan así.


Toda mujer y todo hombre han sido una vez niñ@s y en la medida en que ese niñ@ se sintió amado, así se ama ahora a sí mismo, a los demás, al Mundo y al Universo entero. Quien ama a un niñ@, siembra amor para el futuro.”

Enrique Blay

El 80% de los niños duermen en compañia

Este articulo lo encontre el el foro de dormir sin llorar. Excelente!!

Rosa Jové: «El 80% de los niños duerme en compañía»
La psicóloga

La psicóloga infantil Rosa Jové ofrece hoy en Granada una conferencia y un taller sobre el sueño infantil, invitada por la asociación Mamilactancia. En el taller, la autora del libro 'Dormir sin lágrimas. Dejarles llorar no es la solución' facilitará información teórica sobre cómo duermen los bebés y los niños pequeños y después expondrá casos prácticos que ve en su consulta. «La mayoría de padres consulta por qué a su hijo le cuesta mucho dormirse o se despierta por la noche -explica la psicopediatra-. En ambos casos, a los niños no suele pasarles nada, son niños normales; lo que pasa es que sus padres no descansan y buscan soluciones».

-El sueño de los bebés y los niños es uno de los principales motivos de agobio para los padres. ¿Por qué?

-Debido al ritmo de vida que llevamos, en que casi no tenemos tiempo ni para momentos de ocio, el hecho de tener un bebé que nos altere el descanso es un motivo de agobio. El problema no es de los niños, sino de nuestra sociedad, que no cuida a los padres y les obliga a llevar a cabo su trabajo en lugar de propiciar que puedan -durante el tiempo que el bebé necesite- compaginar más libremente su vida laboral y familiar. Ya hay medidas legales en este sentido, pero hacen falta muchas más.

-¿Cree que el problema es que los padres tienen unas expectativas poco realistas sobre cómo duermen los niños pequeños?

-Sí, en muchos casos ese es el principal problema. Y ese problema está fundamentado en los intereses comerciales: si no te hacen creer que tienes un problema, no vas a comprar soluciones: libros, métodos, muñecos, etcétera Actualmente, una gran parte de la información que corre sobre el sueño no es cierta y por eso en mis charlas suelo dedicar un espacio a informar a los padres de qué pueden esperar en cada momento de sus hijos.

-En el libro 'Dormir sin lágrimas' sugiere que son los padres los que deben adaptarse al ritmo del bebé y no al contrario. ¿Qué ocurre si los dos padres trabajan fuera de casa? ¿Cómo 'sobrevivirán' hasta que el sueño de su niño sea 'normal'?

-A veces no nos planteamos que al tener un hijo nuestra vida puede cambiar: los padres deberían pensar que, si no tienen tiempo de sobra antes de tener un niño, mucho menos lo van a tener después. Por eso no estaría de más que antes de tener un bebé se buscaran soluciones laborables para que toda la familia pudiera estar atendida. No obstante, en nuestras charlas enseñamos a los padres trucos y soluciones para hacer más felices sus noches... y las de los niños.

Estadísticas

-¿Cómo media, a qué edad aprenden los niños a dormir?

-Los niños ya nacen sabiendo dormir, lo que pasa es que no lo hacen ni en las horas que los padres quieren ni en periodos muy largos de tiempo, pero eso es una cosa que ya harán con el paso del tiempo por sí solos. Las últimas estadísticas hablan de que un 81% de los niños se despiertan por la noche al año de edad y un 54% todavía lo hace a los 2 años, mientras que a los 4 años la mayoría ya duermen de un tirón.

-¿En qué circunstancias se considera que hay un problema?

-Básicamente cuando hay un comportamiento 'extraño' por la noche -niños que no respiran bien, que hablan en sueños, sonámbulos, con pesadillas y terrores nocturnos-, junto con los niños que duermen muchas menos horas de lo habitual y aquellos que duermen demasiadas o que tienen ataques repentinos de sueño.

-¿Cómo influye la lactancia materna en el sueño?

-La lactancia materna ayuda tanto al niño como a la madre. Respecto al niño, la leche materna contiene L-triptófano, que ayuda a dormir más, y el pecho de mamá da la seguridad y el relax necesario para dormir. Por lo que respecta a la madre, la lactancia incrementa sus niveles de prolactina y le ayuda a conciliar el sueño con más facilidad que si alimentase a su hijo de forma artificial.

Practica habitual

-Usted es partidaria del colecho. Sin embargo, algunos manuales y pediatras lo desaconsejan.

-El colecho es una practica habitual en nuestros días. Se supone que sobre un 80% de la población mundial de niños esta noche han dormido en compañía. Mucha gente piensa que eso sólo sucede en países tercermundistas, pero no es cierto: en Japón, Suecia, Noruega o Finlandia rayan el 90% de colecho. El que haya profesionales que lo desaconsejen es porque o están mal informados o tienen intereses en que se difunda lo contrario: un niño que duerme en compañía es un niño que duerme más, y por lo tanto sus padres no van a necesitar comprar nada para que duerma mejor.

-También critica duramente los métodos para enseñar a dormir a los niños. ¿Por qué?

-Porque provocan en los menores secuelas emocionales, como depresiones, ansiedad e hiperactividad, pero también alteraciones a nivel de neurotransmisores y alteraciones a niveles cerebrales: se ha comprobado que los niños expuestos a estos tratamientos tienen alteraciones en el hipocampo -es más reducido- y en el cuerpo calloso, que es la parte que une los dos hemisferios cerebrales.

-La educación de los niños muchas veces implica contrariarles. Si nuestro criterio se impone en otros ámbitos, como la alimentación o los juegos peligrosos, ¿por qué hay que respetar su voluntad en el tema del sueño?

-No es cierto que la forma de educar sea contrariando al menor, lo que pasa es que no tenemos una sociedad adaptada a los niños y hay situaciones peligrosas en que en lugar de reñirnos a nosotros por tenerlas reñimos a los niños por querer investigarlas: si mi hijo coge un cuchillo de la cocina la culpa es más mía por dejarlo a su vista que suya por querer cogerlo. No obstante, la contrariedad de un niño se supone que debe ser para cosas nocivas para él o para los que le rodean, no para algo tan inocuo como que elija la mejor forma para dormir. Los adultos lo hacemos cada noche. ¿Por qué a ellos les negamos ese derecho?

Las implicancias emocionales de los niños en las guarderias o Jardines maternales

Este es un artículo de cuatro partes que habla de las implicancias emocionales en el niño al ingresar a la guarderia o jardin maternal.Es un texto que me encanta, porque me hizo reflexionar muchisimo sobre la escolarizacion de mi hija y mi posicion como madre, creo que todos los padres deberiamos leerlo antes de pasar por el periodo de adaptacion de nuestros hijos,es la uniaca forma de entenderlos plenamente y con amor.

(1): La opción de la verdad y del amor Insistimos mucho, muchísimo, en casa y en la escuela, en que niñas y niños
aprendan a ponerse en el lugar del otro. Dejando, de momento, al margen el debate sobre la utilidad real de fomentar la
empatía mediante el discurso racional y la intervención externa, ¿por qué no predicamos con el ejemplo? Empecemos por
ponernos en el lugar de los niños, exijamos después. Nuestros bebés, nuestros hijos pequeños, acuden a las
guarderías a diario. Cuando tomamos la decisión de llevarlos, cuando los dejamos allí por primera vez, cada día al
recogerlos y encontrarlos llorando durante el recurrente ;periodo de adaptación; que todo lo justifica,
¿hacemos alguna vez el esfuerzo de ponernos honestamente en su lugar? Intentémoslo. Dediquémosles este sencillo
ejercicio de empatía: Imaginemos estar de luna de miel con nuestra pareja. Hemos viajado a un país desconocido.
Pasamos todo el día juntos, atendiendo tan sólo a las señales de ese cuerpo cercano, vivimos en su intimidad, nos
alimentamos de su presencia y es suficiente. Estamos en pleno delirio de amor. De pronto, un día, nuestra pareja nos
dice: ;Ven, que vamos a ir a un sitio donde hay muchas personas adultas como tú, y libros y revistas, discos y
películas. Ya verás qué bien
.; Nos hace subir a un coche y nos lleva a un lugar desconocido, una casa lejos de todo de la que no nos es posible salir por nuestros propios medios. Pero no nos inquietamos, pues nuestra confianza es ciega. Entramos en la casa, hay mucha gente allí, en efecto. Algunos llevan batas blancas y hablan el idioma local.
Nuestra pareja nos presenta a una de las personas de bata blanca que nos sonríe, mostrándonos con el dedo a las demás personas y todas las cosas de las que disponen allí para entretenernos. No entendemos qué vamos a hacer allí,donde no conocemos a nadie, y al volvernos en busca de nuestra pareja nos damos cuenta de que ya no está. Con el corazón acelerado de repente preguntamos, preguntamos una y otra vez mientras la bata blanca sigue sonriendo y nos empuja suavemente hacia los demás diciendo: vente a escuchar música con los amigos. No entendemos lo que está ocurriendo, no entendemos por qué nuestra pareja, que hasta entonces vivía por y para
nosotros y que daba sentido a nuestra existencia, que era nuestra única referencia en aquel lugar extraño, nos ha abandonado entre desconocidos, no sabemos si volverá a buscarnos, ni cuándo. Nos ponemos a llorar. La bata blanca, amablemente pero con firmeza, nos dice que no, que no se llora, nos hace sentar en una cómoda butaca y nos
da unos cuantos libros y revistas. Lloramos cada vez más, hasta que la bata blanca acaba sentándose a nuestro lado y trata de consolarnos cogiéndonos la mano. Cuando empezamos a tranquilizarnos se levanta y se aleja, pero la seguimos, no queremos soltarle la mano. Interviene otra bata blanca, con doctorado en psicología: No le des
tanto la mano que se va a acostumbrar. Si llora, que llore. Tiene que adaptarse
. Seguimos llorando durante un rato pero al cabo paramos, por agotamiento, por resignación, por supervivencia. Traen la comida y nos la comemos. Nos adormecemos un rato en la butaca. Miramos la tele, incluso. Tiempo después, alguien viene a buscarnos y nos lleva a la entrada. Allí está nuestra pareja esperándonos con una gran sonrisa y los brazos abiertos y nos precipitamos al
refugio de ese abrazo y nos echamos a llorar de nuevo, de alivio, de emoción, de puros nervios. Y dice la bata blanca:
Oye, hemos dicho que no se llora. Y luego: No le hagas ni caso, ¿eh? Ha llorado un poquito al principio, pero luego ha estado fenomenal. Se lo ha comido todo, ha echado la siesta y ha visto una película. ¿Verdad
que sí
?
Y nuestra pareja, con una gran sonrisa: Bueno, te lo has pasado muy bien. Mañana volvemos,¿a que sí? No podemos seguir negando las profundas implicaciones emocionales que tienen las guarderías para
nuestros hijos, a veces también para nosotros. No podemos ignorar las consecuencias, los efectos que producen en el desarrollo emocional de los pequeños. No vivimos en un mundo ideal, vivimos aquí y ahora, y somos conscientes de que no es realista pretender que nuestros bebés, niñas y niños dejen de ser criados en las guarderías. Para muchos de nosotros, aislados en familias nucleares, carentes de redes sociales de apoyo, es la única solución. ¿Qué podemos hacer entonces nosotros, como madres y padres, como educadores y responsables de los centros en que se están
criando nuestros hijos? ¿Qué podemos hacer a corto plazo, qué podemos hacer aquí y ahora para ayudar a nuestros pequeños a integrar esa vivencia de la forma más humana y más respetuosa posible? La implacable maquinaria de la sociedad en que vivimos a menudo no nos deja elección. Pero, por pocas opciones que tengamos, siempre nos queda
la opción de la verdad y del amor: ser honestos, reconocer el sufrimiento de los niños y humanizar los lugares de crianza.


Las implicaciones emocionales de la guardería (2): Seamos honestos No nos engañemos. Los bebés y los niños
pequeños (aclaremos que, a lo largo del texto, nos estamos refiriendo a los niños y niñas en estado fusional, previo a
la adquisición del concepto del de la toma de conciencia de su individualidad, de su ser otra persona y que suele acontecer entre los dos y los tres años de edad) no necesitan las guarderías PARA NADA.
Ni para relacionarse con otros niños, ni para socializarse, ni para acostumbrarse, ni para hacerse más independientes.
Hoy es costumbre dejar las opiniones en temas de crianza en manos de expertos con diplomas. Las madres y padres nos consideramos profanos, solicitamos pautas y consejos de psicólogos, pediatras, pedagogos... ¿Y no nos dicen acaso
los expertos en psicología evolutiva que hasta los tres años, en todo caso no antes de los dos, el niño no es capaz de desarrollar verdaderas relaciones sociales? ¿Por qué en este caso concreto decidimos desoírlos? ¿Y por qué ese miedo a empezar directamente el colegio a los tres años sin haber pasado por la guardería a los dos? ¿Por qué asumimos que será más fácil adaptarse con dos años que con tres, con menos capacidad de entendimiento, con menos madurez, con menos autonomía? Las guarderías no son una necesidad de los niños, son una necesidad de las madres y los padres. Las guarderías no les vienen bien a los bebés ni a los niños pequeños. Y no nos referimos al ciclo de enfermedades sucesivas que se suele iniciar con el ingreso del niño en el centro (sin entrar ahora en consideraciones sobre si los niños enferman debido a los virus compartidos o como manifestación de su malestar emocional). Nos referimos a que no colman sus auténticas necesidades. Seamos honestos, consideremos nuestras necesidades y las de nuestros niños sin prejuicios, sin dejarnos convencer por ideas preestablecidas. ¿Qué necesitamos nosotros de verdad, y qué necesitan ellos? Nosotros, como adultos, necesitamos dedicarnos a una actividad profesional, relacionarnos con otros adultos, salir al mundo exterior, liberarnos momentáneamente de la absoluta dedicación física y emocional que exige la crianza. A menudo acudimos a las guarderías porque no disponemos de otras opciones (ayuda familiar, redes de apoyo vecinal, posibilidades económicas de contratar ayuda doméstica, etc.)
o porque nos parece la más adecuada, o la menos mala. Pero, sea cual sea nuestro motivo, lo cierto es que la guardería colma nuestra necesidad concreta. Ahora bien, ¿qué necesitan realmente los niños? Los bebés y las niñas y niños en edades tan tempranas tienen pocas necesidades, aunque fundamentales e imperiosas: aparte de los
cuidados materiales de supervivencia, necesitan apego, contención emocional, contacto físico, espacio para el descubrimiento y respeto por sus ritmos de desarrollo; necesidades todas orientadas al florecimiento de su personalidad. Pero, aparte de los cuidados materiales (seguridad, higiene, alimentación...) y de un ambiente cordial, ¿qué les ofrecen las guarderías? Juego dirigido, ocio programado, imposición de horarios, inglés, psicomotricidad,
estimulación intelectual, clases de natación, fiestas de disfraces. Es decir, nada de lo que realmente necesitan a esas edades, nada que sea mejor que lo que tendrían permaneciendo en su hogar, en un entorno emocionalmente
contenedor, al cargo de personas cercanas, vinculantes y amorosas. Seamos, pues, honestos. Reconozcamos nuestras verdaderas necesidades, nuestros motivos auténticos. Y hablemos con nuestros bebés y nuestros niños. Que sepan por qué han de pasar el día fuera de casa y cómo nos sentimos nosotros por ello. Que sepan que entendemos sus
sentimientos y los aceptamos. No importa que no sepan servirse de nuestro lenguaje hablado. Decía Françoise Dolto que todo es lenguaje, y que el ser humano goza de la misma capacidad de comprensión desde su concepción hasta su muerte. Démosles esa oportunidad.


Las implicaciones emocionales de la guardería (3): Reconozcamos que nuestros niños sufren Para los bebés y las niñas y niños pequeños, las implicaciones emocionales del ingreso en una guardería son importantes. Si el niño ya ha adquirido el concepto del YO si ya entiende que es otra persona si tiene la suficiente madurez emocional, estas implicaciones no tienen por qué ser necesariamente negativas. Pero SIEMPRE son
importantes, y nosotras creemos que nuestros niños merecen que por lo menos nos tomemos la molestia de considerarlo. Sin embargo, tratándose de bebés y de niñas y niños más pequeños, de los que todavía están en estado fusional completo, el impacto emocional de la separación es más serio. Pues en este caso lo importante no es la
guardería en sí, sino la separación. Los bebés y las niñas y niños pequeños de edades tan tempranas conciben el mundo y se relacionan con él a través de una persona de referencia: su madre, su padre o la persona que los esté
maternando. Con esta persona desarrollan el apego, la relación primaria que será la base de sucapacidad de relacionarse en el futuro con todas las demás personas. La separación forzada de su figura de apego trastorna completamente su realidad emocional, pues los deja incapaces de comprender el mundo. Y los bebés no
tienen realidad intelectual, ni racional, ni práctica, ni lógica. ¿Podemos sinceramente creer que este hecho no es grave,que no merece que como mínimo nos planteemos lo que representa para el niño? Actualmente las guarderías nos
presentan el llamado periodo de adaptación como la herramienta definitiva para superar sin traumas elchoque con la nueva realidad cotidiana que se impone a los niños, basándose en un hecho incuestionable: que los
niños se adaptan a todo. Pues sí, es cierto, los niños se adaptan a todo. Se adaptan al abandono, al hambre, a la guerra, a la enfermedad, a la pobreza. Se adaptan porque sin adaptación no hay supervivencia. Eso es lo maravilloso y a
la vez aterrador de la integridad de las criaturas humanas en estado de infancia: que se adaptan a todo, que son capaces de todo, que lo perdonan todo y que pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, nos quieren igual y
encuentran su felicidad siempre y en cualquier parte. Ésa es la grandeza de los niños, y ésta es la miseria de los adultos: aprovecharnos de su capacidad de adaptación, servirnos de ella y utilizarla para justificar las decisiones que en
nuestro beneficio les imponemos. Se adaptan, pero no sin consecuencias. Que sean capaces de adaptarse no es razón para obligarlos a adaptarse. Y aun cuando no nos quede otro remedio, que se vean obligados a adaptarse no es razón
para no reconocer el sufrimiento que eso les ocasiona. No seremos honestos con nuestros bebés y nuestros niños y niñas mientras no reconozcamos la violencia que supone el dejarlos en manos de personas desconocidas. Mientras no
reconozcamos su derecho a sentirse aterrorizados o incluso simplemente molestos o en desacuerdo. Mientras les sigamos exigiendo que no lloren al sentirse abandonados. Mientras no comprendamos el abismo desolador que representa verse en un entorno extraño para un ser que no es capaz de entender el concepto de tiempo, ni de
interpretar los códigos de la comunicación humana, y que carece de las referencias básicas para descifrar el funcionamiento social y físico del mundo. Escuchamos diariamente en las guarderías, a la hora de la salida, por parte de madres, padres, abuelos y educadores, frases como no se llora los amiguitos no lloran;eres el único que está llorando ¿De verdad pensamos los adultos que los niños, cuando se echan a llorar, no se sienten mal? Si les duele algo a nuestros niños, en el cuerpo o en el alma, reconozcamos su sufrimiento y démosles el derecho de expresarlo. No deberíamos negarles la expresión, legítima y liberadora, curativa, de ese dolor genuino. Si no podemos evitarles esa experiencia, no lo empeoremos obligándolos a reprimirse. Ayudémoslos aceptando su llanto con comprensión y compasión, sin imponerles tiempos ni plazos, sin juzgarlos, sin hacerles creer que
no tienen motivos para sentirse mal. No tengamos miedo. Alegrémonos de que nuestros hijos sigan siendo capaces de llorar cuando nos vuelven a ver. Los niños que no lloran no son siempre niños felices, sino tal vez simplemente niños
resignados.



Las implicaciones emocionales de la guardería (4): Por unos centros de crianza más humanos Creemos poder afirmar
que todos estamos de acuerdo en que serían deseables algunas mejoras en las guarderías de nuestros hijos.
Principalmente un menor número de niños al cargo de cada adulto, normas más flexibles y un trato máspersonalizado, más adaptado a la individualidad de cada niño. En un mundo ideal habría un adulto para ocuparse de cada niño, pero seguimos viviendo aquí y ahora, y también nosotros, como madres y padres, hemos de adaptarnos. Sin embargo, sin caer en la utopía, sería posible hacer de nuestras guarderías lugares más humanos, más respetuosos y
más beneficiosos para el equilibrio emocional de todos. No hablamos de grandes inversiones, ni de mejores infraestructuras, ni siquiera de onerosos aumentos de personal. Aunque todo esto sería deseable, bastaría con empezar
simplemente introduciendo determinados cambios de actitud. Por ejemplo, ya que tanto escuchamos hablar de ellos,reorientando los procesos de adaptación. Una de las normas más habituales de las guarderías es que la presencia de
los padres en el centro debe limitarse a lo estrictamente necesario. En ocasiones no se les permite siquiera el acceso a las dependencias del centro. ¿Qué nos hace pensar que esto sea beneficioso para el niño? Lo dejamos en manos de
completos desconocidos y hacemos todo lo posible para que sigan siendo desconocidos. Hemos de entender que al separar al niño bruscamente de su figura de apego habitual, e introducirlo en un entorno en que carece de ella, le
quitamos todos los medios de que dispone para comprender el mundo, lo dejamos emocionalmente aislado, en absoluta soledad. Si tenemos que llevarlo a la guardería no podremos evitarle la separación de su figura de apego, pero nosotras
creemos que podríamos reducir en gran medida su sufrimiento ayudándolo a vincularse con sus cuidadores.Conseguiríamos que éstos dejasen de ser extraños con mucha más rapidez, con naturalidad y sin violencia emocional si permitiésemos a las niñas y niños presenciar y compartir una relación real entre madre o padre y cuidadores, si las madres y los padres fuesen admitidos en los centros, si los cuidadores procurasen los primeros cuidados a los bebés
en presencia de la madre o el padre, si los niños entrasen en relación con sus cuidadores a la vez que éstos entran en relación con sus madres o sus padres. Se trataría pues de una reorientación global del proceso de adaptación: concibiendo
la adaptación como integración, no como separación. Entendemos que esto interferiría, aunque sólo fuera de forma
provisional, con el normal funcionamiento de unos centros que actualmente no están preparados, en términos de espacio, personal e instalaciones, para acoger a madres y padres, hijas e hijos simultáneamente. Evidentemente también perturbaría los horarios de las madres y los padres, les exigiría más tiempo y más dedicación que el sistema que practicamos actualmente. Pero es cuestión de organización, de establecer turnos y horarios, de no empezar todos el mismo día. Es cuestión de implicarse. Es cuestión de prioridades. ¿Por qué otorgar siempre más importancia a los
horarios y a las cuestiones organizativas que al bienestar emocional de nuestros niños?

Fuente: Blog Proyecto Materna
Lo lei en: Criar y amar, el portal de la Crianza con Apego

Por que los niños se resisten a tomar los medicamentos?

Una explicación podría ser que tal vez, porque aunque les agreguen otros sabores para hacerla mas agradable, la medicina tiene un sabor bastante… desagradable.

Y también porque cuando un niño está enfermo, se siente vulnerable, y todo lo vive como una intromisión o una exigencia.

De hecho, un niño enfermo se encuentra en un estado emocional regresivo, es decir confuso, temeroso, y de mucha labilidad.

Esto puede ocasionarle resistencia a cualquier cosa que usted sugiera, ya que, aunque él no lo sepa de manera conciente, con esa oposición se resguarda de un malestar mayor del que siente en ese momento.

El niño pequeño poco sabe acerca de que es estar enfermo, por lo tanto como todas las experiencias de su vida, necesitarán del adulto para poder ser comprendidas en la medida de sus posibilidades.

Para evitar una batalla, a la hora de adminístrale la medicina, lo primero que podemos sugerirle es que admita los sentimientos del niño, al niño.



Usted podría decirle: "Puede que no quieras o te desagrade hacer esto pero confía en mi, después de que lo tomes, pronto te vas a sentir mejor".

También puede darle opciones para que la medicina le sea más gustosa al paladar, y hasta divertida, o sea propóngale que elija con cual cuchara la quiera tomar, y vayan juntos a elegirla, y también puede invitarle a tomarla con jugo de naranja o alguna otra bebida que usted sabe que le agrada.

De este modo el niño, no solo se relajará porque su cabeza estará menos centrada en el malestar, sino que sentirá que él tiene algún tipo de participación en la situación, es decir que con su oposición algo ha logrado, porque si bien no puede decidir si toma o no el medicamento, ya que esa es OBLIGATORIAMENTE una decisión del adulto, pudo participar activamente en otras elecciones.

Si el niño es mas pequeño aún, y el malestar lo hace llorar y gritar impidiéndole escuchar lo que usted quiere explicarle, solo envuélvalo con sus brazos y su voz, segurizantes y calmantes diciéndole: “Yo estoy aquí, puedes confiar en mi y en el doctor que ha venido a ayudarnos, sé que estas confundido y tienes miedo, pero ahora vamos a darte algo para tomar y luego estarás mejor”

Si usted ha establecido previamente con el niño un vínculo de confianza, éste creerá en sus palabras, relajará su cuerpo y se tranquilizará, ya que podrá apoyarse en el cuidado que le ofrece; pero si por el contrario, usted ha prometido cosas que no ha cumplido, el niño sentirá que “todo usted” (lo que dice y lo que hace) no es confiable y puede fallarle una vez mas. Esta situación quizás lo lleve a desorganizarse emocionalmente aun más, pataleando y arqueando su cuerpo hacia atrás para evitar el contacto.

El tener que cuidar a un niño enfermo o lastimado puede dar lugar a sentimientos de gran ansiedad y de impotencia, especialmente porque los niños sufren. El dilema de un padre surge del hecho de que no podemos mejorar las cosas tan rápidamente como nuestros hijos quisieran. Ni tampoco tan pronto como nosotros lo quisiéramos .

Sugerencias para los adultos

Los pediatras recomiendan que los padres transmitan la sensación de calma y confianza a su hijo enfermo o lesionado.

Los niños aprenden de sus padres la habilidad para sobrellevar la enfermedad.

Un niño necesita de un adulto que está en control y que les dé cuidados
Los Dres Dr. Benjamán Kligler y la Dra. Susanna Newmann dicen:

Calme sus emociones respirando tranquilamente. Trate de inhalar y luego exhalar el aire lenta y totalmente; empiece por respirar profundamente varias veces y luego enfóquese a lo que le está pasando a los niños.


Calme su mente recabando información precisa. El conocimiento de los hechos le ayudará a relajarse. Llame a su médico para obtener el diagnóstico del estado de salud del niño y para obtener las respuestas a sus preguntas. El hecho de entender los aspectos específicos de una enfermedad o estado de salud puede ayudarlo a sentir que tiene la situación bajo control.


Explíquele al niño en qué consiste la enfermedad o lesión. Al decirle al niño lo que le está pasando en términos claros, sencillos y propios a su edad no sólo le ayudará a entender su situación, sino que también le ayudará a usted. El acto de discutirlo en términos tangibles es una manera de empezar a disminuir el nivel de ansiedad de todos.


Recuerde lo que usted sentía de niño cuando se enfermaba. Está conciente de que el propio recuerdo de sus enfermedades en su niñez puede afectar la manera de cómo se comunica usted con su hijo. Podría preguntarse si existe alguna experiencia en el pasado que esté afectando la forma cómo ahora usted cuida a su propio hijo. Luego, pregúntese cómo podría hacer las cosas en forma diferente.


Resumiendo en algunos consejos según las edades de los
niños podemos sugerirle para los bebés y menores de 3 años:

Si bien los bebés no pueden entender sus palabras, sí pueden comprender el tono tranquilizador de su voz.


Como el lapso en el que pueden fijar su atención es muy corto, esto permite que se administre la medicina de inmediato y se le distraiga después.


Conforme los bebés van creciendo, usted podrá empezar a explicarle la razón por la que un medicamento o un procedimiento son necesarios.

• A los niños de alrededor de 2 años les encantan los rituales y puede que quieran que un cierto video, un juguete o un libro acompañen el proceso. Usted podría decir: "Ve por tu animalito de peluche y dale su medicina, y luego tú te tomas la tuya".

• Hasta los cinco años, es posible que a los niños les encante creer que ellos le dan medicina a la mamá o al doctor.

• En esta etapa, los niños quieren opciones y quieren tener el control. Si bien no se les puede dar la opción de no tomar la medicina, a menudo usted puede darle la opción de decidir cómo y cuándo lo harán (dentro de lo razonable).

Adaptación y texto Lic L. Susana Maquieira
http://www.educared.org.ar/infanciaenred/Educrianza/2006_09/pregunta.asp