Las implicancias emocionales de los niños en las guarderias o Jardines maternales

Este es un artículo de cuatro partes que habla de las implicancias emocionales en el niño al ingresar a la guarderia o jardin maternal.Es un texto que me encanta, porque me hizo reflexionar muchisimo sobre la escolarizacion de mi hija y mi posicion como madre, creo que todos los padres deberiamos leerlo antes de pasar por el periodo de adaptacion de nuestros hijos,es la uniaca forma de entenderlos plenamente y con amor.

(1): La opción de la verdad y del amor Insistimos mucho, muchísimo, en casa y en la escuela, en que niñas y niños
aprendan a ponerse en el lugar del otro. Dejando, de momento, al margen el debate sobre la utilidad real de fomentar la
empatía mediante el discurso racional y la intervención externa, ¿por qué no predicamos con el ejemplo? Empecemos por
ponernos en el lugar de los niños, exijamos después. Nuestros bebés, nuestros hijos pequeños, acuden a las
guarderías a diario. Cuando tomamos la decisión de llevarlos, cuando los dejamos allí por primera vez, cada día al
recogerlos y encontrarlos llorando durante el recurrente ;periodo de adaptación; que todo lo justifica,
¿hacemos alguna vez el esfuerzo de ponernos honestamente en su lugar? Intentémoslo. Dediquémosles este sencillo
ejercicio de empatía: Imaginemos estar de luna de miel con nuestra pareja. Hemos viajado a un país desconocido.
Pasamos todo el día juntos, atendiendo tan sólo a las señales de ese cuerpo cercano, vivimos en su intimidad, nos
alimentamos de su presencia y es suficiente. Estamos en pleno delirio de amor. De pronto, un día, nuestra pareja nos
dice: ;Ven, que vamos a ir a un sitio donde hay muchas personas adultas como tú, y libros y revistas, discos y
películas. Ya verás qué bien
.; Nos hace subir a un coche y nos lleva a un lugar desconocido, una casa lejos de todo de la que no nos es posible salir por nuestros propios medios. Pero no nos inquietamos, pues nuestra confianza es ciega. Entramos en la casa, hay mucha gente allí, en efecto. Algunos llevan batas blancas y hablan el idioma local.
Nuestra pareja nos presenta a una de las personas de bata blanca que nos sonríe, mostrándonos con el dedo a las demás personas y todas las cosas de las que disponen allí para entretenernos. No entendemos qué vamos a hacer allí,donde no conocemos a nadie, y al volvernos en busca de nuestra pareja nos damos cuenta de que ya no está. Con el corazón acelerado de repente preguntamos, preguntamos una y otra vez mientras la bata blanca sigue sonriendo y nos empuja suavemente hacia los demás diciendo: vente a escuchar música con los amigos. No entendemos lo que está ocurriendo, no entendemos por qué nuestra pareja, que hasta entonces vivía por y para
nosotros y que daba sentido a nuestra existencia, que era nuestra única referencia en aquel lugar extraño, nos ha abandonado entre desconocidos, no sabemos si volverá a buscarnos, ni cuándo. Nos ponemos a llorar. La bata blanca, amablemente pero con firmeza, nos dice que no, que no se llora, nos hace sentar en una cómoda butaca y nos
da unos cuantos libros y revistas. Lloramos cada vez más, hasta que la bata blanca acaba sentándose a nuestro lado y trata de consolarnos cogiéndonos la mano. Cuando empezamos a tranquilizarnos se levanta y se aleja, pero la seguimos, no queremos soltarle la mano. Interviene otra bata blanca, con doctorado en psicología: No le des
tanto la mano que se va a acostumbrar. Si llora, que llore. Tiene que adaptarse
. Seguimos llorando durante un rato pero al cabo paramos, por agotamiento, por resignación, por supervivencia. Traen la comida y nos la comemos. Nos adormecemos un rato en la butaca. Miramos la tele, incluso. Tiempo después, alguien viene a buscarnos y nos lleva a la entrada. Allí está nuestra pareja esperándonos con una gran sonrisa y los brazos abiertos y nos precipitamos al
refugio de ese abrazo y nos echamos a llorar de nuevo, de alivio, de emoción, de puros nervios. Y dice la bata blanca:
Oye, hemos dicho que no se llora. Y luego: No le hagas ni caso, ¿eh? Ha llorado un poquito al principio, pero luego ha estado fenomenal. Se lo ha comido todo, ha echado la siesta y ha visto una película. ¿Verdad
que sí
?
Y nuestra pareja, con una gran sonrisa: Bueno, te lo has pasado muy bien. Mañana volvemos,¿a que sí? No podemos seguir negando las profundas implicaciones emocionales que tienen las guarderías para
nuestros hijos, a veces también para nosotros. No podemos ignorar las consecuencias, los efectos que producen en el desarrollo emocional de los pequeños. No vivimos en un mundo ideal, vivimos aquí y ahora, y somos conscientes de que no es realista pretender que nuestros bebés, niñas y niños dejen de ser criados en las guarderías. Para muchos de nosotros, aislados en familias nucleares, carentes de redes sociales de apoyo, es la única solución. ¿Qué podemos hacer entonces nosotros, como madres y padres, como educadores y responsables de los centros en que se están
criando nuestros hijos? ¿Qué podemos hacer a corto plazo, qué podemos hacer aquí y ahora para ayudar a nuestros pequeños a integrar esa vivencia de la forma más humana y más respetuosa posible? La implacable maquinaria de la sociedad en que vivimos a menudo no nos deja elección. Pero, por pocas opciones que tengamos, siempre nos queda
la opción de la verdad y del amor: ser honestos, reconocer el sufrimiento de los niños y humanizar los lugares de crianza.


Las implicaciones emocionales de la guardería (2): Seamos honestos No nos engañemos. Los bebés y los niños
pequeños (aclaremos que, a lo largo del texto, nos estamos refiriendo a los niños y niñas en estado fusional, previo a
la adquisición del concepto del de la toma de conciencia de su individualidad, de su ser otra persona y que suele acontecer entre los dos y los tres años de edad) no necesitan las guarderías PARA NADA.
Ni para relacionarse con otros niños, ni para socializarse, ni para acostumbrarse, ni para hacerse más independientes.
Hoy es costumbre dejar las opiniones en temas de crianza en manos de expertos con diplomas. Las madres y padres nos consideramos profanos, solicitamos pautas y consejos de psicólogos, pediatras, pedagogos... ¿Y no nos dicen acaso
los expertos en psicología evolutiva que hasta los tres años, en todo caso no antes de los dos, el niño no es capaz de desarrollar verdaderas relaciones sociales? ¿Por qué en este caso concreto decidimos desoírlos? ¿Y por qué ese miedo a empezar directamente el colegio a los tres años sin haber pasado por la guardería a los dos? ¿Por qué asumimos que será más fácil adaptarse con dos años que con tres, con menos capacidad de entendimiento, con menos madurez, con menos autonomía? Las guarderías no son una necesidad de los niños, son una necesidad de las madres y los padres. Las guarderías no les vienen bien a los bebés ni a los niños pequeños. Y no nos referimos al ciclo de enfermedades sucesivas que se suele iniciar con el ingreso del niño en el centro (sin entrar ahora en consideraciones sobre si los niños enferman debido a los virus compartidos o como manifestación de su malestar emocional). Nos referimos a que no colman sus auténticas necesidades. Seamos honestos, consideremos nuestras necesidades y las de nuestros niños sin prejuicios, sin dejarnos convencer por ideas preestablecidas. ¿Qué necesitamos nosotros de verdad, y qué necesitan ellos? Nosotros, como adultos, necesitamos dedicarnos a una actividad profesional, relacionarnos con otros adultos, salir al mundo exterior, liberarnos momentáneamente de la absoluta dedicación física y emocional que exige la crianza. A menudo acudimos a las guarderías porque no disponemos de otras opciones (ayuda familiar, redes de apoyo vecinal, posibilidades económicas de contratar ayuda doméstica, etc.)
o porque nos parece la más adecuada, o la menos mala. Pero, sea cual sea nuestro motivo, lo cierto es que la guardería colma nuestra necesidad concreta. Ahora bien, ¿qué necesitan realmente los niños? Los bebés y las niñas y niños en edades tan tempranas tienen pocas necesidades, aunque fundamentales e imperiosas: aparte de los
cuidados materiales de supervivencia, necesitan apego, contención emocional, contacto físico, espacio para el descubrimiento y respeto por sus ritmos de desarrollo; necesidades todas orientadas al florecimiento de su personalidad. Pero, aparte de los cuidados materiales (seguridad, higiene, alimentación...) y de un ambiente cordial, ¿qué les ofrecen las guarderías? Juego dirigido, ocio programado, imposición de horarios, inglés, psicomotricidad,
estimulación intelectual, clases de natación, fiestas de disfraces. Es decir, nada de lo que realmente necesitan a esas edades, nada que sea mejor que lo que tendrían permaneciendo en su hogar, en un entorno emocionalmente
contenedor, al cargo de personas cercanas, vinculantes y amorosas. Seamos, pues, honestos. Reconozcamos nuestras verdaderas necesidades, nuestros motivos auténticos. Y hablemos con nuestros bebés y nuestros niños. Que sepan por qué han de pasar el día fuera de casa y cómo nos sentimos nosotros por ello. Que sepan que entendemos sus
sentimientos y los aceptamos. No importa que no sepan servirse de nuestro lenguaje hablado. Decía Françoise Dolto que todo es lenguaje, y que el ser humano goza de la misma capacidad de comprensión desde su concepción hasta su muerte. Démosles esa oportunidad.


Las implicaciones emocionales de la guardería (3): Reconozcamos que nuestros niños sufren Para los bebés y las niñas y niños pequeños, las implicaciones emocionales del ingreso en una guardería son importantes. Si el niño ya ha adquirido el concepto del YO si ya entiende que es otra persona si tiene la suficiente madurez emocional, estas implicaciones no tienen por qué ser necesariamente negativas. Pero SIEMPRE son
importantes, y nosotras creemos que nuestros niños merecen que por lo menos nos tomemos la molestia de considerarlo. Sin embargo, tratándose de bebés y de niñas y niños más pequeños, de los que todavía están en estado fusional completo, el impacto emocional de la separación es más serio. Pues en este caso lo importante no es la
guardería en sí, sino la separación. Los bebés y las niñas y niños pequeños de edades tan tempranas conciben el mundo y se relacionan con él a través de una persona de referencia: su madre, su padre o la persona que los esté
maternando. Con esta persona desarrollan el apego, la relación primaria que será la base de sucapacidad de relacionarse en el futuro con todas las demás personas. La separación forzada de su figura de apego trastorna completamente su realidad emocional, pues los deja incapaces de comprender el mundo. Y los bebés no
tienen realidad intelectual, ni racional, ni práctica, ni lógica. ¿Podemos sinceramente creer que este hecho no es grave,que no merece que como mínimo nos planteemos lo que representa para el niño? Actualmente las guarderías nos
presentan el llamado periodo de adaptación como la herramienta definitiva para superar sin traumas elchoque con la nueva realidad cotidiana que se impone a los niños, basándose en un hecho incuestionable: que los
niños se adaptan a todo. Pues sí, es cierto, los niños se adaptan a todo. Se adaptan al abandono, al hambre, a la guerra, a la enfermedad, a la pobreza. Se adaptan porque sin adaptación no hay supervivencia. Eso es lo maravilloso y a
la vez aterrador de la integridad de las criaturas humanas en estado de infancia: que se adaptan a todo, que son capaces de todo, que lo perdonan todo y que pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, nos quieren igual y
encuentran su felicidad siempre y en cualquier parte. Ésa es la grandeza de los niños, y ésta es la miseria de los adultos: aprovecharnos de su capacidad de adaptación, servirnos de ella y utilizarla para justificar las decisiones que en
nuestro beneficio les imponemos. Se adaptan, pero no sin consecuencias. Que sean capaces de adaptarse no es razón para obligarlos a adaptarse. Y aun cuando no nos quede otro remedio, que se vean obligados a adaptarse no es razón
para no reconocer el sufrimiento que eso les ocasiona. No seremos honestos con nuestros bebés y nuestros niños y niñas mientras no reconozcamos la violencia que supone el dejarlos en manos de personas desconocidas. Mientras no
reconozcamos su derecho a sentirse aterrorizados o incluso simplemente molestos o en desacuerdo. Mientras les sigamos exigiendo que no lloren al sentirse abandonados. Mientras no comprendamos el abismo desolador que representa verse en un entorno extraño para un ser que no es capaz de entender el concepto de tiempo, ni de
interpretar los códigos de la comunicación humana, y que carece de las referencias básicas para descifrar el funcionamiento social y físico del mundo. Escuchamos diariamente en las guarderías, a la hora de la salida, por parte de madres, padres, abuelos y educadores, frases como no se llora los amiguitos no lloran;eres el único que está llorando ¿De verdad pensamos los adultos que los niños, cuando se echan a llorar, no se sienten mal? Si les duele algo a nuestros niños, en el cuerpo o en el alma, reconozcamos su sufrimiento y démosles el derecho de expresarlo. No deberíamos negarles la expresión, legítima y liberadora, curativa, de ese dolor genuino. Si no podemos evitarles esa experiencia, no lo empeoremos obligándolos a reprimirse. Ayudémoslos aceptando su llanto con comprensión y compasión, sin imponerles tiempos ni plazos, sin juzgarlos, sin hacerles creer que
no tienen motivos para sentirse mal. No tengamos miedo. Alegrémonos de que nuestros hijos sigan siendo capaces de llorar cuando nos vuelven a ver. Los niños que no lloran no son siempre niños felices, sino tal vez simplemente niños
resignados.



Las implicaciones emocionales de la guardería (4): Por unos centros de crianza más humanos Creemos poder afirmar
que todos estamos de acuerdo en que serían deseables algunas mejoras en las guarderías de nuestros hijos.
Principalmente un menor número de niños al cargo de cada adulto, normas más flexibles y un trato máspersonalizado, más adaptado a la individualidad de cada niño. En un mundo ideal habría un adulto para ocuparse de cada niño, pero seguimos viviendo aquí y ahora, y también nosotros, como madres y padres, hemos de adaptarnos. Sin embargo, sin caer en la utopía, sería posible hacer de nuestras guarderías lugares más humanos, más respetuosos y
más beneficiosos para el equilibrio emocional de todos. No hablamos de grandes inversiones, ni de mejores infraestructuras, ni siquiera de onerosos aumentos de personal. Aunque todo esto sería deseable, bastaría con empezar
simplemente introduciendo determinados cambios de actitud. Por ejemplo, ya que tanto escuchamos hablar de ellos,reorientando los procesos de adaptación. Una de las normas más habituales de las guarderías es que la presencia de
los padres en el centro debe limitarse a lo estrictamente necesario. En ocasiones no se les permite siquiera el acceso a las dependencias del centro. ¿Qué nos hace pensar que esto sea beneficioso para el niño? Lo dejamos en manos de
completos desconocidos y hacemos todo lo posible para que sigan siendo desconocidos. Hemos de entender que al separar al niño bruscamente de su figura de apego habitual, e introducirlo en un entorno en que carece de ella, le
quitamos todos los medios de que dispone para comprender el mundo, lo dejamos emocionalmente aislado, en absoluta soledad. Si tenemos que llevarlo a la guardería no podremos evitarle la separación de su figura de apego, pero nosotras
creemos que podríamos reducir en gran medida su sufrimiento ayudándolo a vincularse con sus cuidadores.Conseguiríamos que éstos dejasen de ser extraños con mucha más rapidez, con naturalidad y sin violencia emocional si permitiésemos a las niñas y niños presenciar y compartir una relación real entre madre o padre y cuidadores, si las madres y los padres fuesen admitidos en los centros, si los cuidadores procurasen los primeros cuidados a los bebés
en presencia de la madre o el padre, si los niños entrasen en relación con sus cuidadores a la vez que éstos entran en relación con sus madres o sus padres. Se trataría pues de una reorientación global del proceso de adaptación: concibiendo
la adaptación como integración, no como separación. Entendemos que esto interferiría, aunque sólo fuera de forma
provisional, con el normal funcionamiento de unos centros que actualmente no están preparados, en términos de espacio, personal e instalaciones, para acoger a madres y padres, hijas e hijos simultáneamente. Evidentemente también perturbaría los horarios de las madres y los padres, les exigiría más tiempo y más dedicación que el sistema que practicamos actualmente. Pero es cuestión de organización, de establecer turnos y horarios, de no empezar todos el mismo día. Es cuestión de implicarse. Es cuestión de prioridades. ¿Por qué otorgar siempre más importancia a los
horarios y a las cuestiones organizativas que al bienestar emocional de nuestros niños?

Fuente: Blog Proyecto Materna
Lo lei en: Criar y amar, el portal de la Crianza con Apego

Por que los niños se resisten a tomar los medicamentos?

Una explicación podría ser que tal vez, porque aunque les agreguen otros sabores para hacerla mas agradable, la medicina tiene un sabor bastante… desagradable.

Y también porque cuando un niño está enfermo, se siente vulnerable, y todo lo vive como una intromisión o una exigencia.

De hecho, un niño enfermo se encuentra en un estado emocional regresivo, es decir confuso, temeroso, y de mucha labilidad.

Esto puede ocasionarle resistencia a cualquier cosa que usted sugiera, ya que, aunque él no lo sepa de manera conciente, con esa oposición se resguarda de un malestar mayor del que siente en ese momento.

El niño pequeño poco sabe acerca de que es estar enfermo, por lo tanto como todas las experiencias de su vida, necesitarán del adulto para poder ser comprendidas en la medida de sus posibilidades.

Para evitar una batalla, a la hora de adminístrale la medicina, lo primero que podemos sugerirle es que admita los sentimientos del niño, al niño.



Usted podría decirle: "Puede que no quieras o te desagrade hacer esto pero confía en mi, después de que lo tomes, pronto te vas a sentir mejor".

También puede darle opciones para que la medicina le sea más gustosa al paladar, y hasta divertida, o sea propóngale que elija con cual cuchara la quiera tomar, y vayan juntos a elegirla, y también puede invitarle a tomarla con jugo de naranja o alguna otra bebida que usted sabe que le agrada.

De este modo el niño, no solo se relajará porque su cabeza estará menos centrada en el malestar, sino que sentirá que él tiene algún tipo de participación en la situación, es decir que con su oposición algo ha logrado, porque si bien no puede decidir si toma o no el medicamento, ya que esa es OBLIGATORIAMENTE una decisión del adulto, pudo participar activamente en otras elecciones.

Si el niño es mas pequeño aún, y el malestar lo hace llorar y gritar impidiéndole escuchar lo que usted quiere explicarle, solo envuélvalo con sus brazos y su voz, segurizantes y calmantes diciéndole: “Yo estoy aquí, puedes confiar en mi y en el doctor que ha venido a ayudarnos, sé que estas confundido y tienes miedo, pero ahora vamos a darte algo para tomar y luego estarás mejor”

Si usted ha establecido previamente con el niño un vínculo de confianza, éste creerá en sus palabras, relajará su cuerpo y se tranquilizará, ya que podrá apoyarse en el cuidado que le ofrece; pero si por el contrario, usted ha prometido cosas que no ha cumplido, el niño sentirá que “todo usted” (lo que dice y lo que hace) no es confiable y puede fallarle una vez mas. Esta situación quizás lo lleve a desorganizarse emocionalmente aun más, pataleando y arqueando su cuerpo hacia atrás para evitar el contacto.

El tener que cuidar a un niño enfermo o lastimado puede dar lugar a sentimientos de gran ansiedad y de impotencia, especialmente porque los niños sufren. El dilema de un padre surge del hecho de que no podemos mejorar las cosas tan rápidamente como nuestros hijos quisieran. Ni tampoco tan pronto como nosotros lo quisiéramos .

Sugerencias para los adultos

Los pediatras recomiendan que los padres transmitan la sensación de calma y confianza a su hijo enfermo o lesionado.

Los niños aprenden de sus padres la habilidad para sobrellevar la enfermedad.

Un niño necesita de un adulto que está en control y que les dé cuidados
Los Dres Dr. Benjamán Kligler y la Dra. Susanna Newmann dicen:

Calme sus emociones respirando tranquilamente. Trate de inhalar y luego exhalar el aire lenta y totalmente; empiece por respirar profundamente varias veces y luego enfóquese a lo que le está pasando a los niños.


Calme su mente recabando información precisa. El conocimiento de los hechos le ayudará a relajarse. Llame a su médico para obtener el diagnóstico del estado de salud del niño y para obtener las respuestas a sus preguntas. El hecho de entender los aspectos específicos de una enfermedad o estado de salud puede ayudarlo a sentir que tiene la situación bajo control.


Explíquele al niño en qué consiste la enfermedad o lesión. Al decirle al niño lo que le está pasando en términos claros, sencillos y propios a su edad no sólo le ayudará a entender su situación, sino que también le ayudará a usted. El acto de discutirlo en términos tangibles es una manera de empezar a disminuir el nivel de ansiedad de todos.


Recuerde lo que usted sentía de niño cuando se enfermaba. Está conciente de que el propio recuerdo de sus enfermedades en su niñez puede afectar la manera de cómo se comunica usted con su hijo. Podría preguntarse si existe alguna experiencia en el pasado que esté afectando la forma cómo ahora usted cuida a su propio hijo. Luego, pregúntese cómo podría hacer las cosas en forma diferente.


Resumiendo en algunos consejos según las edades de los
niños podemos sugerirle para los bebés y menores de 3 años:

Si bien los bebés no pueden entender sus palabras, sí pueden comprender el tono tranquilizador de su voz.


Como el lapso en el que pueden fijar su atención es muy corto, esto permite que se administre la medicina de inmediato y se le distraiga después.


Conforme los bebés van creciendo, usted podrá empezar a explicarle la razón por la que un medicamento o un procedimiento son necesarios.

• A los niños de alrededor de 2 años les encantan los rituales y puede que quieran que un cierto video, un juguete o un libro acompañen el proceso. Usted podría decir: "Ve por tu animalito de peluche y dale su medicina, y luego tú te tomas la tuya".

• Hasta los cinco años, es posible que a los niños les encante creer que ellos le dan medicina a la mamá o al doctor.

• En esta etapa, los niños quieren opciones y quieren tener el control. Si bien no se les puede dar la opción de no tomar la medicina, a menudo usted puede darle la opción de decidir cómo y cuándo lo harán (dentro de lo razonable).

Adaptación y texto Lic L. Susana Maquieira
http://www.educared.org.ar/infanciaenred/Educrianza/2006_09/pregunta.asp

Nacimiento y hormonas del Amor - Michel odent




UNA PRIMERA EXPERIENCIA HISTORICA

La “Cientificación del amor” ingresó en una nueva fase en 1968 cuando Terkel y Rosenblatt inyectan a ratas vírgenes sangre de ratas que venían de parir. Las ratas vírgenes se comportan como madres, Terkel y Rosenblatt habían así demostrado que, inmediatamente después del parto, la sangre de una madre contiene hormonas que puede inducir un comportamiento maternal. Ellos repiten su experiencia primera con técnicas más elaboradas y confirman de este modo la importancia del período que rodea al nacimiento.

Esta experiencia histórica fue seguida en el curso de los años 1970 por un gran número de otros estudios experimentales, destinados a explorar los efectos del comportamiento de las hormonas cuyos niveles fluctúan en el periodo que rodea al nacimiento.

Rosenblatt y Siegel en los Estados Unidos que trabajaban sobre las ratas, así como Poindron y Le Neidre en Francia, que trabajaban sobre los carneros, estudiarán particularmente los efectos de las hormonas femeninas que pertenecen a la familia de los estrógenos y también los efectos de la progesterona. Zarrow y su equipo estudiarán los efectos de la prolactina. Una vista de conjunto de todos estos estudios permite concluir que los estrógenos estimulan los comportamientos maternales y que la caída brutal de las tasas de progesterona al momento de parto contribuyen a inducir tales comportamientos. En cuanto a la prolactina, ya conocida como la hormona necesaria para la secreción de leche, ella apareció como una hormona esencial por sus múltiples aspectos de sus comportamientos maternales. De este modo su inyección en los ratones, aún impúber, lo lleva a la construcción de un nido.

UNA SEGUNDA EXPERIENCIA HISTORICA

Hizo falta que pasaran 11 años después de la primera experiencia de Terkel y Rosenblatt antes de escuchar hablar de los estudios sobre los efectos del comportamiento de la hormona oxitocina. Esto puede parecer sorprendente porque todos los médicos y todas las parteras saben que esta hormona es esencial para el parto y la lactancia. Ella estimula las contracciones uterinas para el nacimiento del bebé y la entrega de la placenta. Ella estimula el “reflejo de eyección de la leche”. Puede ser que porque los efectos periféricos mecánicos de esta hormona son demasiado bien conocidos que los investigadores se han tomado tiempo antes de pensar en los efectos de comportamientos posibles. Hay otra explicación: la oxitocina debe ser inyectada directamente en el cerebro para que los efectos sobre los comportamientos sean detectables. En 1979 comenzó una nueva era de investigaciones, año donde Prange y Pedersen nos enseñaron que solo bastaba una inyección de oxitocina en los ventrículos cerebrales de los mamíferos para inducir un comportamiento maternal.

La explosión de las investigaciones desencadenadas por tal experiencia fue ilustrada por la publicación, en 1922, por la Academia de Ciencias de Nueva York, en un libro de 500 páginas que solo contiene artículos sobre los efectos de comportamiento de la oxitocina. Niles Newton resumió las informaciones de esta nueva generación de investigaciones calificando la oxitocina como “la hormona del amor”. Es necesario subrayar que cualesquiera que sea la faceta del amor que uno considera, la oxitocina está implicada. Ella está implicada en la lactancia, durante el acoplamiento las dos parejas segregan la oxitocina. Y aún podemos concluir los trabajos de Verbales que cuando compartimos una comida con otros comensales segregamos la hormona del amor. En otros términos, compartir una comida, es mas que alimentarse, es también establecer lazos con los compañeros.
Aunque los efectos de comportamiento de la oxitocina eran confirmados por una multitud de estudios, E.Nissen y K.Uvnas-Moberg en Suecia, demostraban que el pico de oxitocina inmediatamente después del parto puede ser aún más elevado que antes del nacimiento. Esto significa que una mujer no segrega jamás tanta hormonas del amor que inmediatamente después del nacimiento de un bebe, en la medida, bien entendido, que este nacimiento haya sido un parto no perturbado.


UNA HORMONA JAMAS ACTUA SOLA

No hay contradicciones entre nuestra visión actual de la oxitocina en tanto que hormona del amor y las observaciones de aquellos que estudiaron en el pasado los efectos de comportamiento de otras hormonas sexuales, tales como los estrógenos y la progesterona. Recordemos que para ser eficaz, una hormona no debe solo segregarse, aún hace falta que los órganos objetivo o blanco dispongan de células que funcionen. Hoy en día se sabe que los estrógenos activan los receptores sensibles a la oxitocina (y a la prolactina). Debemos siempre pensar en términos de equilibrio hormonal. Por ejemplo inmediatamente después del nacimiento, la oxitocina – hormona del altruismo– y la prolactina –hormona del maternaje- se completan.
Es así que en 1979 se reveló que la madre segrega morfinas naturales durante el parto. Desde entonces, la secreción de endorfinas se han confirmado muchas veces. Al inicio de los años 80 aprendimos que el feto segrega también sus propias endorfinas durante el parto.

Hoy en día, no hay ninguna duda que durante la hora que sigue al nacimiento, el cerebro de la madre y a la vez el del bebé están impregnados de opiáceos. Las propiedades que tienen los opiáceos de inducir estados de dependencia son bien conocidos. Por lo cuál es posible de entrever como el inicio de una dependencia – de un apego – puede establecerse.

Aún las hormonas de la familia de la adrenalina (frecuentemente presentes como las hormonas de la agresividad) tienen de toda evidencia un rol importante en la interacción madre-bebé inmediatamente después del nacimiento. En estas condiciones fisiológicas, las tasas de adrenalina maternales se elevan bruscamente durante todas las últimas contracciones que preceden al nacimiento. Es la razón por la cuál “el reflejo de eyección del feto” se inicia, la mujer tiende a verticalizarse, dando la impresión de estar llena de energía, con una repentina necesidad de agarrar a alguien o alguna cosa. De pronto ella siente la necesidad de beber un poco de agua, como un orador frente a un público numeroso. Uno de los efectos de esta adrenalina es que la madre está alerta al momento del nacimiento del bebé. Suficiente de pensar en una hembra de mamífero pariendo en un ambiente natural para comprender las ventajas de las hormonas que hacen a la madre vigilante y aún agresiva al momento cuando ella debe contar sobre ella misma para eventualmente proteger a sus bebés. La agresividad es un aspecto del amor materno. No se arriesgue a tomar el recién nacido de una mona que acaba de parir!
Agreguemos que el feto dispone también de mecanismos de supervivencia durante las potentes últimas contracciones y que el segrega sus propias hormonas de la familia de la adrenalina. Una descarga de “noradrenalina” le permite adaptarse a la privación fisiológica de oxígeno que caracteriza la fase final del parto. El efecto más visible de este estado hormonal es que cuando el parto ha sido perturbado lo menos posible, el bebé nace con grandes ojos y grandes pupilas. Las madres humanas se fascinan por la mirada de su recién nacido, es como si el bebé diera una señal. El cruzamiento de miradas es una etapa importante de inicio de la relación madre bebé en los humanos.

La complejidad del rol de las hormonas de la familia de la adrenalina en la interacción madre bebé es un sujeto de estudio en pleno desarrollo. Un número pequeño de experimentaciones con animales comienzan a abrir la vía a nuevas investigaciones. Por ejemplo, se sabe que los ratones que no disponen de gen responsable de la producción de noradrenalina dejan a sus bebés dispersados y sucios y descuidan el alimentarlos, salvo si se les ha inyectado antes del parto una droga que produce la adrenalina.

Gracias a los conocimientos recientemente adquiridos los efectos del comportamiento las hormonas implicadas en el parto y el nacimiento, hoy en día es posible interpretar el concepto de período sensible introducido por los etólogos. Las diferentes hormonas segregadas por la madre y el bebé durante el parto no son eliminados inmediatamente después de nacimiento y cada uno de entre ellos juega un rol específico en la interacción madre bebé.

(Fuente: Michel Odent: “L`amour scientifié”, Les Mécanismes de l`amour
Editions Jouvence, Aôut 2001)

Cada Golpe es una humillacion

Por Alice Miller
Poco conocimiento ganado en los últimos veinte años son firmemente establecidos como la realización de lo que nosotros hacemos con los niños cuando ellos son pequeños. Las cosas buenas y malas formarán parte de su repertorio de conducta. Niños azotados azotarán a otros, niños castigados castigarán a otros, niños que se les mienten mentirán a otros, niños protegidos aprenderán a ser protectores, niños respetados aprenderan a respetar a los demás. En corto plazo los castigos corporales pueden producir obediencia pero este es un hecho documentado por investigaciones que a largo plazo los resultados son: Incapacidad para aprender, rabia y violencia vandalismo y crueldad, incapacidad de sentir el dolor ajeno, especialmente el de nuestros niños, incluso adicción de drogas y suicidio a menos que sean informados o ayudados con testimonios en mano para prevenir ese desarrollo.
Cuando en la legislación de Suecia prohibieron el castigo corporal en 1.977, el 70 % de los ciudadanos preguntaron por sus opiniones y estas estuvieron contra de esta ley . En los últimos veinte años de estudio la figura nos demostró que la mayoria del 10% son fundamentalistas. Estas estadísticas muestran que la mentalidad de la población de Suecia ha cambiado radicalmente en el curso de unos 20 años . Una tradición destructiva sostenida y apoyada por cientos de años, han sido sacados con gratitud a esta legislación. ¿Donde está el resto del mundo?

El reclamo que los castigos suaves palmadas o bofetadas tienen efectos no perjudiciales, es todavia general porque nosotros recibimos este mensaje muy temprano de nuestros padres quienes los recibieron de los suyos también. Desgraciadamente el principal daño es causado precisamente en la ámplia divulgación de esta convicción. El resultado es que cada generación sucesiva está sujeta a los trágicos efectos de los llamados "Corrección Física".

Fundamentalistas propagan golpear niños porque ellos rechazan sus dolorosas experiencias y son ignorantes del echo que ellos estan usando a sus niños como chivos expiatorios. Es imperativo para nosotros lanzar esta clase de legislación preventiva en la mayoria de los paises Europeos y Americanos, antes de que los Fundamentalistas ganen algun control mas álla de la arena politica. Tal legislación podria ser designada de tener una función protectora e informática para los padres. Esto no propone incriminar a nadie. Sanciones deribadas de esto, pueden tomar forma en los padres que son obligados a internalizar información de las consecuencias del castigo corporal, en la mayoria de los casos son como conductores de vehículos motorizados requeridos por las leyes de estado el ser familiar con las códigos de las carreteras. En el caso de nuestros niños, el punto a tratar no es solamente el bienestar de las familias individuales, pues el vital interes de la sociedad está estancado. Crueldad física y humillacion emocional no solo deja marcas en los niños, ellas tambien imponen a imprimir desatres en el futuro de nuestra sociedad. La información de los efectos del "Buen significado del golpe" por tanto debe de ser parte del programa de cursos para madres y consejeros de los padres

Hitler, Stalin, Mao y otros dictadores estuvieron expuestos a severos maltratos físicos en la niñez y se negaron a confrontar el hecho más tarde. En vez de ver y sentir que es lo que a pasado, ellos tomaron su venganza indirectamente matando a millones de personas y otros millones les ayudaron a cometer esto. Si la legislación que nosotros estamos abogando hubiera existido en ese tiempo todas aquellas millones de personas se hubieran simplemente negado a cometer actos de crueldad al comando de la mania de estos líderes políticos.

EXTRAIDO DE LA WEB: www.nospank.net

El inicio del cole

Más tarde o más temprano las familias hemos de afrontar la escolarización de nuestros hijos. Hoy en día es habitual, en nuestra sociedad, que se inicie tempranamente en las guarderías, con pocos meses desde el nacimiento. Todo un reto en sus vidas.

En los bebés y niños prevalece la percepción emocional. Plenamente desde la concepción y hasta los dos años de edad. A partir de esa edad se inicia (¡Ojo!, se inicia), la conquista de la percepción racional, que no prevalecerá hasta los doce / catorce años. La percepción emocional, como su nombre indica, es emoción pura, lo que siento aquí y ahora; lo contrario de la percepción racional, que es análisis, lógica, pensamiento racional. Así pues, la forma de percepción de bebés y niños es opuesta a la de los adultos, por lo que para entenderse, una de las dos partes se ha de situar al nivel del otro, y para los bebés y niños es imposible hacerlo. Por lo tanto, o los adultos "nos elevamos" a su plano emocional o aquí no hay quién se entienda y una u otra parte, o ambos (los padres o los niños) saldrán perjudicados.

“El inicio de la guardería o del colegio es una experiencia de una gran carga emocional para nuestros hijos. Comprender y acompañar sus emociones, les permite afrontar sus nuevos retos”


Hay algo que debemos asumir: el inicio de la guardería o del colegio es una experiencia de una gran carga emocional para nuestros hijos (más intensa cuanto más pequeños son). Asumirlo representa la posibilidad de procurar que esa experiencia sea la mejor posible para ellos. Se piensa que esta experiencia, por muy traumática que sea, es una cuestión temporal a la que el niño se acostumbrará sin más consecuencias. Acostumbrarse sí que se acostumbrará (qué remedio le queda), pero dependiendo de cómo la haga, ese proceso puede traer consecuencias a corto y a largo plazo en su desarrollo psicológico.


Hoy en día existe la evidencia de que toda experiencia temprana en las épocas críticas de ese desarrollo (gestación, nacimiento y primera infancia) afecta la arquitectura del cerebro. Dejan huellas profundas en nuestra forma de ser y de sentir que moldean nuestro desarrollo psicoemocional posterior y nos afectan el resto de nuestras vidas. Está en nuestras manos conseguir que el inicio de la experiencia escolar para nuestros hijos sea la mejor posible. Para ello es fundamental ponerse en “la piel” de bebés y niños, comprender la manera en que procesan esa experiencia, lo que sienten al enfrentarse a ella.


La prueba de la intensa experiencia emocional que supone para bebés y niños el inicio del “cole”, es la respuesta conductual que muestran ante ella. Muchas madres constatan que sus hijos, desde el inicio de la guardería, lloran más, duermen peor, demandan más lactancia, muestran más apego, etc. O desde que inician el colegio o acceden a un nuevo centro, se muestran más inquietos, más irritables –se enfadan, cogen rabietas o se muestran agresivos-; o por el contrario sumidos en sí mismos, ausentes o poco comunicativos; exigen más atención, etc. Todos estos cambios en su conducta son una expresión del estrés –físico y emocional- que padecen ante este cúmulo de nuevas experiencias (separación del entorno familiar; niños, cuidadores y profesores desconocidos; ambientes nuevos, etc.).

¿Qué podemos hacer madres y padres para ayudar a nuestros hijos en esta experiencia tan importante para ellos? De entrada escoger una guardería o colegio acorde a una crianza y educación respetuosa. Respetuosa con sus necesidades emocionales; con la individualidad de cada bebé o niño; con cada etapa de su desarrollo. Respetuosa con los deseos de madres y padres en esta línea. Para facilitar la adaptación del bebé o niño a la guardería, podemos establecer un ritmo de adaptación, empezando con cortos períodos, con la presencia materna o paterna, e ir alargándolos paulatinamente, según la reacción de nuestro hijo.

“En la elección de la guardería o colegio hemos de considerar su línea educativa, que priorice el desarrollo emocional, que comprenda y respete el “sentir” de cada bebé o niño”.


Una vez han iniciado la guardería o colegio, hemos de estar muy atentos a las conductas que muestran nuestros hijos. Responder a sus cambios conductuales con escucha emocional, con empatía hacia lo que sienten, con sensibilidad, paciencia y mucha afectividad.


La “Escucha Emocional” es la herramienta más útil y efectiva para tratar los conflictos emocionales de bebés y niños. Al bebé y al niño sus emociones le “estallan” en su interior. Aún no saben comprenderlas, controlarlas y gestionarlas. Es indispensable que madres y padres permitamos sus expresiones emocionales, las acompañemos y les mostremos cómo afrontarlas. No podemos ignorarlas, ni negativizarlas (“no hay para tanto”, “ya se te pasará”, “bueno, no te preocupes vamos a jugar”, “te pones insoportable”, “deja de llorar, no te va a servir de nada”, etc.), y mucho menos castigarlos (“vete sólo a tú cuarto hasta que se te pase”, “si no dejas de estar enfadado no iremos al parque”, etc.), y jamás pegarles (ni siquiera bajo la absurda idea de que “una torta de vez en cuando les va bien”).



En el caso de bebés, que aún no hablan, no hay que olvidar nunca, que siempre que lloran es por que tienen una necesidad inmediata. El llanto es su único medio de expresarla. Si tiene hambre, le daremos de comer. Si tiene el pañal sucio, se lo cambiaremos; o si tiene frío o calor lo solucionaremos; si le duele algo o está enfermo le llevaremos al pediatra. De igual manera, el bebé llora para expresar necesidades emocionales que necesitan ser satisfechas. Sus necesidades emocionales son tan importantes como sus necesidades físicas.
“Siempre que un bebé llora, expresa una necesidad –física o emocional- que hay que satisfacer sin dilación”

“Siempre que un niño mantiene conductas, puntual o reiteradamente exageradas, hay una emoción detrás que hay que descubrir, acompañar y enseñarle a gestionar”


Cuando los niños crecen, a partir de los dos años van adquiriendo capacidad de expresión a través del lenguaje, pero aún están muy lejos de poder utilizar las palabras para explicar sus sentimientos. Debemos “leerlos” detrás de sus comportamientos y actitudes. Toda expresión emocional tiene un significado, una intención. Las descargas emocionales son un medio de liberarse de las consecuencias de experiencias dolorosas.
Si un niño coge una rabieta, su cólera será el síntoma de alguna emoción que le altera. A lo mejor le angustia ir al “cole”, a lo mejor se ha peleado con otro niño o le han reñido, a lo mejor está muy cansado, a lo mejor hecha de menos a su papá, a lo mejor siente celos de su hermanito, a lo mejor… Para él, nuestras reacciones tienen más significado que nuestras palabras. Escuchar, acoger y otorgar validez a los sentimientos de nuestros hijos significa ayudarles a construirse como personas, como individuos emocionalmente equilibrados. Les otorgamos seguridad y autoestima, sólidos cimientos para afrontar sus nuevas experiencias, desarrollarse en armonía y ser felices.


(Artículo publicado en la revista "EL MUEBLE" - Especial nº 8 NIÑOS)


Enrique Blay, Dpdo. en Psicología del Desarrollo

"ARA- Psicología / Psico-emocional" www.ara-terapia.com

Centro asociado a la Plataforma Pro Derechos del Nacimiento

www.pangea.org/pdn/plataforma.html

Periodo de adaptacion en la escuela - Por Enrique Blay

Parto de la premisa de que si se lleva a los bebés, durante su primer,
segundo o tercer año desde el nacimiento a una guardería es porque no hay
más remedio, es decir, la madre o el padre no tienen posibilidad de
permanecer junto a sus hij@s, o no hay abuelos "disponibles" que se puedan
hacer cargo de ell@s u otras razones. Lo digo, porque sino no tiene sentido
llevar, a esas edades, a un niño (y cuanto más pequeño con menos razón), a
la guardería. Puesto que es una necesidad, lo que hemos de intentar es
paliar en lo posible el impacto emocional que supone para el bebé esta
separación de su madre (más que de su padre por razones obvias). ¿Y porqué
es un impacto emocional para ell@s ir a la guradería? Los bebés y niños
tienen una percepción puramente emocional, de hecho es a partir de los 2
años -época preverbal- que inician ¡OJO, INICIAN!, su desarrollo de la
percepción racional, hasta los 12 / 14 años de edad, en que prevalecerá esta
percepción racional.
La percepción racional que prevalece en los adultos está basada en la razón,
la lógica, el contraste, el juicio y en el tiempo y espacio, y es
completamente opuesta a la percepción emocional que prevalece en los bebés y
niñ@s y está basada en los sentimientos, en lo que siento aquí y ahora (no
sabe de tiempo ni espacio), sin importar lo que sentí hace media hora o lo
que sentiré dentro de otra media hora.
Por lo tanto, tú ya le puedes explicar a un bebé o niño pequeño que tú te
has de ir a trabajar pero que él va a ir a un sitio muy chulo, con otros
niñ@s y juguetes. Cuando lo dejes en la guardería sus sentimientos serán de
total abandono, miedo o pánico. Porque él no sabe si lo dejas ahí, en ese
lugar desconocido y con otros niñ@s y adultos extraños, por una hora, un día
o no le irás a buscar nunca más.
Por eso es aconsejable, si es posible, acudir unos días antes de empezar la
guardería y diariamente, a pasar un rato allí, enseñándole el lugar,
conociendo a las encargadas de cuidarle, a otros niñ@s. Y al comenzar la
guardería estar también con ell@s un rato (no desaparecer de golpe) y
despedirse de ell@s (igualmente sin desaparecer de golpe). Es muy común oír
decir que lo mejor es dejarles y marcharse, que aunque lloren, ya se
acostumbrarán. Pero eso es no entender sus necesidades emocionales.
La otra cuestión es que hay que entender es que esta experiencia les genera
mucho sufrimiento, estrés y ansiedad, que se refleja en una alteración de su
comportamiento con un aumento muy significativo de su demanda afectiva.
Hemos de "escuchar" sus sentimientos, sus demandas, muchas veces expresadas
en llanto, cólera, exigencia de atención y satisfacerlas. El colecho y la
lactancia son dos grandes herramientas (ya sabéis, alimento afectivo).
Muchas madres comentan como incrementan la demanda de teta, incluso por las
noches.
Bueno, no me quiero alargar más y no dudéis en comentar sobre lo que no
veais claro o no estéis de acuerdo, con lo que he escrito. Gracias a foros
como éste todos podemos aprender mucho y es muy interesante intercambiar
experiencias propias y puntos de vista.
Un abrazo,
Enrique Blay

............................................
EXTRAIDO DE : Criar y amar
http://criaryamar.com/component/option,com_smf/Itemid,28/topic,1507.0

Entrevista a Laura Gutman

Los intelectuales y el país de hoy
Según la psicopedagoga Laura Gutman, la violencia social nace en el abandono
LANACION.com | Cultura | Miércoles 23 de enero de 2008

Sobre el control de los efinteres



Extraido de:
http://www.zonapediatrica.com/mod-htmlpages-display-pid-944.html


El control de esfínteres no se aprende.
Se adquiere cuando el niño está maduro para ello.
Caminar, hablar, comer, son funciones que se adquieren, cuando los niños están lo suficientemente maduros. Son
adquisiciones paulatinas, lentas, que llevan mucho tiempo.
Aunque la estimulación puede influir en algunos niños, lo cierto es que todos intentarán caminar alrededor del año, comer alrededor de los 6 meses, y controlar esfínteres entre los 2 ½ y 3 años. No hay ningún apuro, puesto que la edad para
comenzar a hacer todas estas cosas, no tiene relación alguna con el desempeño posterior en la vida adulta, y a nadie le
van a preguntar en la universidad, a qué edad aprendió a caminar. Los adultos deberíamos preguntarnos qué nos pasa
que estamos tan apurados por conseguir logros en nuestros hijos.
Al haber fijado como “normal” la edad de 2 años para el control de esfínteres, nos hemos creado un problema y sobre
todo, se lo hemos creado a nuestros hijos.
Bien entrada la segunda mitad del segundo año de vida (o sea, después del año y medio) algunos bebés pueden empezar
a darse cuenta cuando tienen sucio el pañal e incluso a saber cuando “se están haciendo”. Este es un lento proceso que
puede llevar alrededor de 2 años más, desembocando en el control de esfínteres.
Es frecuente escuchar a las mamás excusando a sus hijos que se hicieron encima, diciendo “estaba tan entretenido jugando, que se olvidó”, o preguntando millones de veces antes de salir de cada lugar, si quieren hacer pis, o limitando la
ingesta de líquidos a la noche para que aguante sin mojar la cama. Cuando el control de esfínteres está adquirido, estas escenas son infrecuentes. A los adultos y a los niños mayores no nos ocurren estas cosas.
Esperar que llegue el verano
Aprovechar el verano para quitar los pañales es una conveniencia de los adultos. Así aprovechamos con el niño de un año
y medio, con el de 2, con el de 2 y medio indistintamente. Perseguimos entonces a los niños incansablemente
preguntándoles si tienen ganas de hacer pis, les tocamos las ropas, los sentamos en el inodoro sin ganas, e invertimos
preciosas horas en comunicarnos en este nueva escala de valores donde lo más importante, lo que pone feliz o triste a
mamá, es “si me hice o no me hice”.
Quizás el mito del verano nos haya sido heredado de la época de los pañales de tela, pero hoy en día, con los
descartables, con lavarropas automáticos, no hay motivo externo alguno para apurar los procesos evolutivos de nuestros
hijos. Solamente nuestros propios apuros internos.
Algunos podrán controlar temporalmente esfínteres, cuando todos estamos de vacaciones, y tienen a mamá todo el día
consigo, pero al comenzar las clases, las exigencias, las separaciones, vuelven a “retroceder”, dejando en claro que aún
no pueden ocuparse de controlar esfínteres en situaciones donde están frágiles emocionalmente.
Qué nos pasa a nosotros?
Los adultos no hablamos entre nosotros de pises y cacas. La etapa de adquisición del control de esfínteres de nuestros
hijos, nos enfrenta con muchas cosas que quizás nos cuesta ver: el placer de los niños al poder decidir casi por primera
vez, si retienen su pis o su caca, y hacerlos donde y cuando los desean; la delimitación de una zona de autonomía, de la
cual quedamos excluidos.
Es un espacio de poder, donde son ellos quienes deciden y les causa placer estrenar esta capacidad de hacerlo por sí
mismos. Nos cambia radicalmente de lugar: aquí no podemos ordenar, ni forzar, ni apurar las cosas. Cada uno hace
cuando quiere.
Nos incomodan ciertos placeres de nuestros hijos... la succión, la masturbación (mi hijo no!!!, Jamás!!!!!) las conductas
autoeróticas, y nos incomodan tanto que arremetemos contra ellos, en lugar de volver sobre nosotros mismos a ver qué
nos pasa.
De Dia y de Noche
El control nocturno merece un capítulo aparte. Aunque un niño controle esfínteres durante el día, pueden pasar aún
muchos meses más hasta poder hacerlo por la noche. Usualmente se dice que luego de varias noches con el pañal seco,
el bebé está listo para dormir sin él.
A la hora de pensar en esto, es importante tener en cuenta que:
-El niño debe estar de acuerdo y saber exactamente qué está ocurriendo, qué se espera de él (“Como hace varias noches
que no mojás el pañal, te gustaría probar dormir sin él? Te pondré un plástico debajo de la sábana para que no te
preocupes si te haces pis, y probaremos. Si no querés, probamos más adelante”)
-Como todo proceso, el control de esfínteres no es algo lineal, sino que habrá muchos avances y retrocesos. Esto es parte
de lo esperable, y lo más importante es que nuestros hijos sepan que los acompañamos en este proceso y lo esperaremos todo lo que haga falta.
-En cualquier orden de la vida, el reforzamiento positivo es beneficioso (“qué bien lo hiciste, estoy orgullosa de vos”, “casi llegamos al baño esta vez, la próxima será mejor aún”). Bajo ningún concepto es aceptable que retemos al niño, que lo
humillemos, que lo ridiculicemos o comparemos con otros amigos o hermanos que ya han logrado el control de esfínteres. Recordemos que no hay nada que él pueda hacer para controlar. No depende de que se acuerde, de que esté
atento, ni de nada de eso. Se debe estar MADURO para eso, y humillarlos o pretender acelerar el proceso es tan ridículo
e infructuoso como gritarle a una oruga pretendiendo que se convierta en mariposa.
Doble mensajes
Una pregunta muy frecuente en las mamás que consultan, es que temen darle un doble mensaje a su hijo si le vuelven a poner el pañal una vez que se lo han quitado.
SIEMPRE se puede volver atrás.
Los papás consultan atemorizados porque su hijo se puso “regresivo”. No se puede hablar de regresión en un niño de 2 ó 3 años, porque no se puede regresionar a un lugar del que nunca se ha salido.
Otra preocupación muy común es la de los mensajes contradictorios. Personalmente creo que damos tantos mensajes
contradictorios a nuestros hijos todo el tiempo, que en el peor de los casos, este sería uno más. Pero no lo es. El único
mensaje debiera ser “Te acompaño, y si ayer pudiste estar sin pañal y hoy lo necesitas, te lo pondré”. Los chicos tienen
cosas mucho más interesantes que hacer a esta edad, antes que estar todo el día preocupados en sus pises y cacas.
Es común que lleguen al consultorio chicos con un diagnóstico de “enuresis secundaria”(que quiere decir que se hacen pis
o caca luego de haber adquirido el control de esfínteres), cuando en realidad , indagando, invariablemente son chicos a
quienes se les ha “sacado el pañal” demasiado pronto, y nunca han adquirido verdaderamente el control de esfínteres.
En estos casos, sin importar la edad de quien consulta, la solución pasa por volver a usar el pañal, por el tiempo que sea
necesario, sin vivirlo como algo humillante, como un retroceso o como un castigo, sino simplemente entendiendo que
esta función debe terminar de adquirirse, y como adultos, acompañaremos todo el tiempo que haga falta.
Algo comenzará a cambiar cuando dejemos de decir “le saqué la teta, le saqué el pañal, lo saqué de nuestra habitación” ,
y podamos tener la paciencia suficiente como para esperar a que sean ellos quienes nos indiquen el camino a seguir.
María Paula Cavanna
Lic. en Psicología
Zona Pediatrica Staff
Puerperio-Lactancia materna-Crianza

QUINCE MINUTOS



Las mamás que trabajamos, disponemos de contados minutos para estar con nuestros hijos. EL rato de verlos es entre cacerolas y sartenes, y el baño diario y el orden de la habitación.
QUINCE MINUTOS Las mamás que trabajamos, disponemos de contados minutos para estar con nuestros hijos. EL rato de verlos es entre cacerolas y sartenes, y el baño diario y el orden de la habitación.
Las que estamos todo el dia con los peques, sentimos que estamos TODO EL DIA con ellos, pero si desmenuzamos la cosa, vemos que ellos anduvieron detrás nuestro durante toda la mañana y nosotras diciéndoles "espera, ahora no,en un ratito." Luego llegó el momento de jugar, y sonó el teléfono y nos enganchamos media hora, y luego se hizo la hora de comer. Los hemos bañado, les quitamos los piojos y los hicimos dormir la siesta. Y llega la noche, y estamos hasta la coronilla de ellos.
Pero no hicimos contacto.
Los quince minutos consisten en esto:
Nos sentamos CON LA COLA EN EL SUELO (esto es FUNDAMENTAL) no vale estar en una silla más alta, ni en otra
parte. Es a su altura. Durante este rato, estamos con ellos, EXCLUSIVAMENTE. Esto es que no tendremos el pollo en el horno, ni atendemos el teléfono, ni les enseñamos cómo se juega al dominó. Estamos allí, para ellos, a disposición.
Si eligen hacer un trencito con el dominó, pues bien. Allá vamos. Esto va para los recién nacidos, y para el adolescente de 15 años. El tema es que cuando nos disponemos a hacerlo, no damos cuenta del escaso tiempo que pasamos con
nuestros hijos, de que creemos que estuvimos pero no estuvimos, y comprendemos cuán pacientes y tolerantes son, porque viven aceptando nuestras postergaciones. Claro que cuando se hartan de nosotros y nos lo hacen saber, los tildamos de "caprichosos" y listo.
Maravillas del poder adulto, que acalla todo aquello que le estorba.
PRIMER TEMA: La mitad más una de nosotras diremos que no tenemos tiempo.Y se los creo. Me incluyo. Pero si sacamos cuentas, pasamos mucho más tiempo aguantando berrinches, o discutiendo, o intentando que ordenen sus cuartos, que se bañen o que colaboren en la casa. Y todo esto es mucho más fácil de lograr cuando ellos ya han
tenido lo que necesitaban: a nosotras.
SEGUNDO TEMA: Es prácticamente imposible tolerar media hora allí. Simplemente intolerable. Se nos ocurren 400 cosas para hacer, para anotar, decimos "un segundito y vengo" y nos escapamos. Es muy fuerte estar frente a este espejo que son nuestros hijos, simplemente no haciendo nada. Hagan la prueba, ¡las invito!
La consulta de moda son los niños con ADHD (que traducido es algo así como déficit de atención e hiperquinesia). Pero resulta que investigando, son niños que tienen que hacerlo todo "a mil" porque nunca nos tienen en exclusiva para ellos. Nos hablan rápido, juegan poquito rato y no pueden fijar la atención. Y nosotros... ¿cuánto fijamos la atención en ellos?
A mi, como mamá, la primera vez que me senté con la cola en el piso, me pasó que terminé llorando. Me angustié muchísimo. Simplemente no podía estar allí, sin hacer nada. Necesitaba enseñarle algo a mi hija, o decirle cómo se
jugaba, o intervenir. Me costó -y me cuesta todavía- dejarme llevar, que ellos propongan las actividades, a su manera. Ser uno más, y no su mamá o su educadora.
Estemos disponibles.
Con los más grandecitos (ideal cuando hay celos por el hermanito) es lindo salir a desayunar solos, o a la plaza, a donde sea, solos.
Ocurren maravillas.
Tratemos a los niños como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Si nuestro compañero nos tratara así... si nos escuchara mientras se afeita o fríe milanesas... si no se detuviera a mirarnos a los ojos un rato largo... sentiríamos que
algo no anda bien. Pues algo no anda bien en la forma en que criamos a nuestros hijos.
Para relacionarnos, necesitamos hacer CONTACTO. A todos nos es más fácil aceptar que el otro haga lo que tiene
que hacer, si ya hemos tenido "nuestro ratito". Los niños son seres humanos, y tienen la misma capacidad de comprensión desde que nacen hasta que mueren (F. Doltó).
Lic. María Paula Cavanna
criaryamar.com

Hablar de sexualidad con tus hijos?


Seguramente alguna vez has escuchado preguntar a tu hijo: ¿de dónde vienen los bebés?; ¿mami, tu también tienes lo mismo que papá y yo? (refiriendose a sus genitales). Vaya que son preguntas dificiles para un padre que no esta preparado para contestarlas.

Quizás, como papá, te inquiete e incomode tanto este tipo de situaciones que, en lugar de responderle, sólo se te ocurre decirle: “ahora no es momento para hablar de eso”, “pregúntale a tu mamá/papá”, “estás muy pequeño/a para hablar de estos temas”.

Antes de reaccionar así, no olvides tener en cuenta que la sexualidad es parte de todos los seres humanos, desde su nacimiento hasta la muerte. Pero, ¿Sabes cuál es la diferencia entre sexo y sexualidad?

El sexo hace referencia a los caracteres sexuales masculinos o femeninos del cuerpo humano, que corresponden respectivamente al hombre y la mujer; propios de la masculinidad o femenidad, complementándose y enriqueciéndose mutuamente.

La dotación orgánica del cuerpo dispuesto para la reproducción es la condición de posibilidad para la fecundidad del amor sexuado, pero no puede explicar su naturaleza profunda, pues lo reduciría. La diferenciación corporal, en los seres humanos, se completa en la persona con diferentes rasgos psicológicos, afectivos y cognitivos. Ser varón o mujer no es ser macho o hembra: la sexualidad del hombre no atañe sólo al cuerpo, sino también al espíritu. La sexualidad humana modula también la psicología y la vida intelectual: los varones y las mujeres tenemos diferencias que afectan el modo de ser, pensar, comportarse, ver las cosas y existir en el mundo.

La sexualidad es un concepto mucho más amplio, pues abarca todas las dimensiones que nos constituyen como persona (biológica, psicológica, emocional y social) y no sólo alguna de ellas. No intentes evadir hablar del tema con tus hijos pues es de suma importancia para que tengan un buen desarrollo cognitivo, emocional, social y físico.

La educación sexual de los hijos suele iniciarse en la niñez temprana, entre los 3 y 4 años, cuando comienza a desarrollar el lenguaje y, sobretodo, a cuestionarte; es importante que no intentes adelantar su proceso personal de madurez…solito te pedirá saber lo que necesita para cada una de sus etapas de desarrollo, y tampoco trates de explicarle lo que no te ha preguntado, aprende a escucharlo. No es necesario que le expliques detalladamente las funciones sexuales; recuerda responderle siempre con sencillez y naturalidad, para que no tenga miedo de acercarse a ti, ni crezca con una impresión errónea del tema; asegurate de que no constituya sólo datos fisiológicos, sino transmitirle también las demás dimensiones de la sexualidad humana, que trasciende a la animal; por su capacidad de comunicación, amor y entrega personal a través del acto sexual, pues corresponde a una manera radicalmente distinta de poseer un sexo y hace al ser humano un ser “familiar” en su conformación más íntima. Esto se comprende si consideramos que a partir de la tendencia sexual se origina un proceso, no sólo biológico, de elección de una persona del otro sexo con la cual puedan participar juntos en un proyecto de vida, que puede llegar a ser la fundación de una familia y nuestra historia queda entretejida de relaciones que nos atan a nuestros antepasados, lazos permanentes de la familia, no sólo de índole genético sino afectivo y social.

Hoy en día es muy sencillo que tu hijo obtenga información relacionada con el tema; sin embargo, esta información que pueda conseguir a través de televisión, folletos, libros, revistas o Internet puede ser confusa o poco adecuada para su edad, en algunos casos, por lo que es fundamental la función que realice tanto el padre como la madre, ya que el ambiente familiar es el mejor lugar para que el niño inicie este importante aprendizaje. La escuela contribuye también al desarrollo y fortalecimiento de sus conociemientos al respecto. Escenario constituido por maestros y niños de la misma edad, que le ayudará a integrar el aprendizaje del hogar y la escuela.

Lo más importante de esta vivencia que compartirás con tu hijo, es que siempre estés al tanto y te ocupes que la información que recibe en ambos lugares no sea contradictoria, y asegurarte de que sienta la confianza para platicar y acercarse a ti para preguntarte las dudas que tenga.

Recuerda estos tips que te ayudarán a afrontar mucho mejor estos momentos tan importantes para toda tu familia:

1. No te avergüences al hablar del tema
2. Actúa con naturalidad
3. No demores las respuestas
4. No respondas lo que no se te haya preguntado
4. No inventes, ni mientas
5. Contesta con claridad
6. Usa lenguaje apropiado para la edad de tu hijo
7. No des detalles innecesarios

EXTRAIDO DE LA WEB: http://maltratoinfantil.puntoforo.com/index.php